Opinión

La religión, un medio del poder político

Muchas son las funciones que ha ejercido la religión en el transcurso de los siglos, pero hay una que es muy evidente: su utilización con fines políticos.

Muchos emperadores, faraones, zares y reyes para justificar sus distinguidas posiciones se consideraron ellos mismos dioses, eliminando así los límites entre la política y la religión.

El poder es algo muy ambicionado y mencionar a Dios o lo que se proclame en su nombre es incuestionable, por eso todas las religiones sin importar su denominación han estado enlazadas al poder y han sido maquinarias de dominación. La religión, las armas y el dinero han formado una alianza sólida a través de la historia. Desde que se organizaron las religiones, surgieron los sacerdotes, los cuales decían que eran intermediarios entre los hombres y los dioses, como ocurrió en el antiguo Egipto, y esto les concedió un gran poder político. En tiempos donde las crecientes del Nilo, las sequías, las épocas de lluvia y la sucesión de las estaciones no tenían explicación en términos naturales contar con la condescendencia de los dioses era decisivo.

La religión que más poder poder político, económico y militar ha tenido es la católica, pues siempre ha ostentado el poder religioso sujeto al Papa. Fue usufructuaria de feudos y todos, ricos y pobres tributaban a la iglesia bajo la amenaza de ir al infierno si se negaban.

El representante de cualquier religión sin duda gana estatus ante su comunidad, por ende, desde los chamanes del paleolítico, pasando por los sacerdotes del Nilo, hasta los pastores y el Papa tienen la ventaja de contar con monumentales riquezas que son anheladas por otras personas que ven en la inauguración de iglesias y congregaciones un negocio rentable. Las iglesias están libres de impuestos y de declaración de renta lo que ha hecho que la religión sea un negocio espectacular.

Incontables son las historias que existen en el seno de la religión, desde crear santos y reliquias en el medioevo hasta los pastores evangélicos de la actualidad con sus hipótesis de la prosperidad, en la que les dicen a los feligreses que si no diezman su dios no los bendecirá.

Se han derramado ríos de sangre en guerras religiosas, y es que cuando la religión y la política se transmutan en poder se usan mutuamente como instrumentos de conveniencia, instaurando dependencias que les hacen ser bilateralmente necesarios uno para el otro y beneficiarse recíprocamente. El poder político ayuda al religioso con leyes, donativos, exenciones fiscales, etc. Y el poder religioso legaliza los dictámenes del poder político, aunque a veces no sean ni remotamente afines con el mensaje evangélico.

La religión ha causado más guerras que cualquier otro motivo. El Egipto antiguo fue destruido por una guerra entre los simpatizantes de Amon- Ra con los de Aton-Ra, los dioses de aquella época, causando la miseria, las cruzadas son simplemente un título para denominar diversas guerras y batallas religiosas que se lucharon y se luchan entre musulmanes y cristianos debido a las disputas sobre el control del territorio de Jerusalén, el horror de la Inquisición, con la denominada quema de herejes, las rivalidades entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte, los conquistadores españoles imponiendo por la fuerza la religión cristiana donde los colonos blancos mataron a innumerables indígenas y aborígenes en América Latina, solo por mencionar algunos ejemplos. Detrás de todas estaba el elemento del poder.

Concuerdo con Thomas Paine: De todas las tiranías que afectan a la humanidad, la tiranía de la religión es la peor. Todas las otras especies de tiranías están limitadas al mundo en el que vivimos, pero ésta intenta saltar más allá de la tumba y busca perseguirnos en la eternidad.

Religión y política, dos entidades y un solo fin: poder.

Astróloga e instructora espiritual que ejerce en Miami. Contacto: 305-987-3817, astralrain29@gmail.com; Facebook: Rubi Astrologa; Instagram: alinarubiastrology; website: www.abundanciaenergia.com.

  Comentarios