Opinión

El fin de las librerías de Miami

Eduardo Durán y su esposa, Norma Durán, posan en su librería Revistas y Periódicos ubicada en Westchester, Miami, el 22 de abril de 2019.
Eduardo Durán y su esposa, Norma Durán, posan en su librería Revistas y Periódicos ubicada en Westchester, Miami, el 22 de abril de 2019. pportal@miamiherald.com

En una memorable escena de la película You got mail, Meg Ryan, en el papel de la dueña de una pequeña librería de Manhattan que se ve obligada a cerrar el negocio familiar por la apertura de una supertienda en su vecindario, apaga las luces del local y con lágrimas en los ojos coloca en la puerta un letrero: closed.

El filme, estrenado en 1998, fue como la crónica de una muerte anunciada: la de las librerías.

Apenas unos años después, con el aumento en las ventas de libros en Amazon y la creciente popularidad de los Ebooks, la suerte de las librerías, tal como las conocíamos, quedó sellada.

Sin embargo, todavía hay quienes a pesar de esos ominosos signos siguen afirmando que las librerías no desaparecerán.

Es posible; pero yo no estoy tan seguro. Quizás no desaparezcan en la ciudad de Madrid, donde aún se pueden encontrar librerías con pisos de mármol, escaleras de caracol, paredes de madera oscura y lámparas antiguas, como las emblemáticas Miguel Miranda y la Desnivel, con más de un siglo de existencia.

O en la ciudad de Buenos Aires, donde cientos de librerías siguen abiertas, como El Ateneo Grand Splendid, la más grande de América Latina; o como la mítica Librería de Ávila, lugar de reunión de los grandes escritores argentinos Leopoldo Lugones, Jorge Luis Borges y Bioy Cáceres y en la que recuerdo, no solo haber comprado algunos libros sino también haber escuchado, en un viejo tocadiscos que estaba casi oculto en un rincón, uno de mis tangos favoritos: Rinconcito arrabalero.

Pero Miami no es Madrid ni Buenos Aires. Aquí la tecnología sí ha hecho estragos. Una prueba de ello es que Borders quebró y Barnes & Noble, después de ensayar algunos años con Nook, su nuevo lector electrónico, se balancea peligrosamente entre pobres rendimientos y el eventual cierre de algunas tiendas.

A las librerías de libros en español no les ha ido mejor. Primero cerró sus puertas la librería Universal, tan vinculada al exilio cubano y en la que podíamos encontrar, si teníamos tiempo para rebuscar en sus estantes, las obras completas de José Martí, una edición original de Maneras de Contar, de Lino Novás Calvo, o Los cuentos de Pepito, de José Sánchez Boudy.

Le siguió La Moderna Poesía, más orientada a la docencia y en la que muchos padres cubanos pudieron encontrar para sus hijos, con sus portadas originales, los libros de álgebra y trigonometría de Aurelio Baldor, así como antiguos mapas de la ciudad de La Habana.

La última en cerrar fue Altamira, moderna y sofisticada y que durante un tiempo logró llenar el vacío que había dejado el cierre de las anteriores.

Desafortunadamente no pudo sobrevivir. La interminable reparación de Miracle Mile y el desbocado aumento de los alquileres terminaron por ahogarla.

Es verdad que todavía quedan, contra toda esperanza, las librerías Impacto y Revistas y Periódicos, ambas especializadas en libros en español y que se han ido convirtiendo en una suerte de necesitado refugio para los amantes de la literatura. Pero, ¿hasta cuando?

Ojala que hasta siempre. Sería terrible ver a sus dueños, al igual que Meg Ryan en You got mail, colocar ese fatídico letrero: closed.

Escritor cubano. Correo: manuelcdiaz@comcast.net.

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