SERGIO MUÑOZ BATA: Mortífera obsesión
Estudiantes y profesores de las universidades de Texas luchan por que las guarderías donde pasan el día sus hijos, y las instalaciones de cuidado de la salud física y mental dentro de los campus universitarios sean exceptuados de la ley que permitiría la portación de armas en estos recintos. Desafortunadamente, ni la Asamblea Estatal ni el Gobernador parecen haber oído sus temores, súplicas y razonamientos pues no solo habrá pistoleros en las universidades sino en los centros comerciales, en las calles y en las casas particulares. Por todo el estado de Texas proliferan las leyes que permiten o están a punto de permitir, no solo la tenencia de armas sino la portación abierta o encubierta de pistolas.
Sorpresivamente, uno de los opositores más prominentes a la nueva ley es el Almirante William H. McRaven, quien fuera uno de los comandantes del grupo de asalto que mató a Osama bin Laden en Pakistán, y hoy es Canciller del sistema de universidades del estado. "Yo amo mis armas", dijo el almirante, "tengo todo tipo de armas de fuego. Pero simplemente no creo que portar armas en el campus va a hacernos más seguros”. Y añadió: “Si alguna vez te han disparado, como a mí me ha sucedido, entiendes mejor lo que puede hacer un arma”.
La comunidad académica teme también que una acalorada discusión en un salón de clase donde hay personas armadas pudiera no solo inhibir un debate académico abierto sino, lo que sería peor, generar una tragedia entre personas que no respetan opiniones a contrario.
A los texanos les gustan tanto las armas que ya hay aproximadamente 825,000 personas con permiso para portar armas de forma encubierta. Según dijo el representante estatal Jonathan Stickland, un republicano muy estimado por el Tea Party que suele hacer su trabajo legislativo en el Capitolio portando una pistola semiautomática calibre 40, “una sociedad armada es una sociedad segura. Por ello, cada vez que se ejerce cualquier tipo de control de armas, crece el riesgo de victimar a los ciudadanos”.
Hace casi un mes, en Waco, Texas, hubo una pelea entre cinco pandillas de motoristas, y otra entre la policía y los pandilleros. En los enfrentamientos murieron nueve personas y otras 18 resultaron heridas. Unos 170 motociclistas fueron acusados de formar parte de organizaciones criminales. En el expediente federal de algunas de las pandillas involucradas en la balacera se les identifica como traficantes de anfetaminas, cocaína y marihuana.
A los pandilleros se les encontraron más de 1.000 armas entre pistolas, navajas, cuchillos de asalto, cadenas con candados, cachiporras, un rifle AK- 47 y chalecos antibalas. Muchas de las armas estaban escondidas en compartimentos de las motocicletas, y en las cocinas y excusados de sus vehículos recreacionales.
Pero Texas no es el único estado donde se suceden estos hechos violentos ni donde la influencia de la comerciantes de la Asociación Nacional del Rifle es todopoderosa. Se calcula que los civiles estadounidenses poseen aproximadamente unos 300 millones de armas y que más de 11 millones portan armas encubiertas. “La mayoría de los amantes de las armas”, dice la investigadora Jennifer Carlson, “son hombres que no solo viven temerosos de los criminales sino que atesoran sus armas como reacción a su declinación socioeconómica. Viven una crisis de confianza en el sueño americano y esta es la razón por la cual cualquier intento de controlar la venta de armas desata inmensos contragolpes. Mientras más dudan de su habilidad para mantener a sus familias, mayor es su deseo de tenerlas para “defenderse” de un hipotético ataque. Cualquier restricción es vista como una afrenta personal a los hombres que encuentran en las pistolas su sentido del deber, de su pertinencia y hasta de su dignidad”.
A final de cuentas, quizá la mejor explicación de esta obsesión estadounidense con las armas de fuego la haya dado el candidato presidencial Barack Obama cuando en 2008 describió a los residentes de viejas zonas industriales en términos duros pero certeros. Son gente “amargada que se aferra a sus armas o a la religión o a la antipatía hacia las personas que no son como ellos; despotrican contra los inmigrantes y contra el comercio con otros países para explicitar sus frustraciones”.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de junio de 2015, 0:21 p. m. with the headline "SERGIO MUÑOZ BATA: Mortífera obsesión."