Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

Nerón en la Casa Blanca

El presidente Donald Trump camina hacia el helicóptero Marine One el jueves 3 de octubre de 2019, en la Casa Blanca.
El presidente Donald Trump camina hacia el helicóptero Marine One el jueves 3 de octubre de 2019, en la Casa Blanca. NYT

Donald Trump está desenfrenado. Con su conducta fuera de control está gritando que no le importa sacrificar todo y a todos, incluido el propio país, con tal de no perder la presidencia. Nos está diciendo que quiere ser como Nerón e incendiar Roma. Y debemos creerle.

A medida que el pozo de corrupción se destapa y el impeachment avanza, Trump intenta esconder su pánico jugando con fuego y gasolina. Inconsciente aparentemente de que lo que arde en la hoguera son la vanidad, orgullo y matonismo con los que ha funcionado toda su vida, creyéndose invencible.

Ajeno a que la suerte, por primera vez, se le ha volteado. A que su destino le ha encontrado.

Le abrasa la desesperación por no poder dar marcha atrás después de autoincriminarse en la extorsión a Ucrania. Tanto le abrasa que el miércoles, en un enloquecido acto de autoinmolación, pidió ante las cámaras de TV que también China investigue a los Biden. Es su clásica táctica del descaro, como si los delitos a plena luz se disiparan. (Con los chinos tiene un enorme quid pro quo. Días atrás les dijo: “Si China no hace lo que queremos, sepan que nosotros tenemos un tremendo poder”).

Le enciende la ira de no poder controlar el impeachment ni el ciclo de noticias, porque sus trucos de manipular la realidad, confundir y atacar no le están sirviendo demasiado.

Y, sobre todo, le quema el terror a que le abandonen sus aduladores, cómplices y protectores republicanos, cuando ya vean las llamas cerca. Cuando le vean debilitado. Por eso Trump proyecta la imagen de rey fuerte y vengativo (L’État, c’est moi), sabiendo que tarde o temprano llegará el día del “sálvese quien pueda” en el GOP.

Ese momento se aproxima cada vez más, ahora que todos los hombres del presidente (como en Watergate) —Mike Pence, Mike Pompeo, William Barr, Rudy Giuliani, entre otros— están implicados en Ucraniagate (y quien sabe en cuantos más “gates”) y deben elegir entre su futuro o el de Trump.

Ya empiezan a distanciarse de él.

Ahora resulta que Pence dice que él no sabía nada del “favor” político contra los Biden que Trump solicitó al presidente de Ucrania a cambio de $391 millones en ayuda militar. Y que cuando él (Pence) reiteró al ucraniano las condiciones de Trump fue solo una reunión “normal” ( ¡¿normal?! ). El vicepresidente Pence siempre va disfrazado de ángel inocente. Otros creen que está esperando el momento de empujar a Trump y quedarse él con la silla.

Ahora resulta que otro lugarteniente, Pompeo, admite que estaba escuchando la conversación de Trump con el líder ucraniano, después de negarlo. ¿No le alarmó siendo secretario de Estado que el presidente estuviera vendiendo la política exterior en beneficio personal? ¿No debería haber hecho lo que el heroico whistleblower (informante) y denunciarlo?

Hay que preguntarse si además de Pompeo no deberían muchos otros que han visto corrupción en la Casa Blanca haberla denunciado. Quizá se planteen hacerlo ahora para salvar su reputación. O quizá deban contratar un abogado.

En el caso de Pompeo, lejos de cumplir su juramento a la Constitución (al igual que su jefe), está además obstruyendo la investigación del impeachment que hace el Congreso, prohibiendo a diplomáticos del Departamento de Estado que testifiquen. Al menos dos le están desafiando.

Y por cierto, la obstrucción de testigos por parte de Pompeo y del propio Trump es, en sí misma, causa de impeachment. Al igual que el apoyar una insurrección armada, como a la que Trump está aludiendo estos días. (Más leña en su propia hoguera).

También ahora resulta que el tercer capo, Rudy, ha estado operando en la sombra en Ucrania, tratando de que fiscales y otros funcionarios se prestaran a fabricar investigaciones para manchar el nombre de Biden, a quien todas las encuestas le dan una victoria holgada en las elecciones de 2020.

Es importante recordar que el propio fiscal ucraniano al que trató de reclutar Giuliani, Yury Lutshenko, ha reiterado que “no existen evidencias” contra el hijo de Biden. Igualmente lo han reiterado otros funcionarios judiciales. Y es importante recordar que el propio presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, nunca ha abierto la investigación que le pidió Trump. ¿Cómo iba a hacerlo, si no existen pruebas?

Por último, ahora resulta que un cuarto lugarteniente, el secretario de Justicia, William Barr, era junto a Giuliani el contacto para montar la investigación contra Biden. Barr además se prestó a realizar un periplo mundial buscando trapos sucios contra el FBI y otras agencias para echar por tierra los hallazgos del Rusiagate. Hay que recordar que Barr es el jefe máximo del FBI.

¿En manos de quien está la justicia de Estados Unidos? Produce francamente repugnancia.

Con cada personaje, con cada nueva revelación, y por supuesto con cada interpretación del protagonista principal de este drama, uno no sabe si lo que está viendo es la serie de Los Soprano. Ni cuantos capítulos más nos quedará por ver.

Porque en la política, como en la vida, siempre llega un momento en el que todo da un giro inesperado y lo que parecía imposible se vuelve inevitable.

A Trump ya le ha llegado ese momento. Él lo sabe, o por lo menos lo intuye a pesar de su estado de perturbación. Prueba de ello es que antes de sucumbir está dispuesto a incendiar Estados Unidos.

Periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de octubre de 2019, 8:57 p. m..

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA