Opinión

El miedo lo devora casi todo

La actriz cubana Yolandita Ruíz (primera de la derecha) junto al elenco de ‘El juego de Electra’ durante su visita a Miami en el 2012.
La actriz cubana Yolandita Ruíz (primera de la derecha) junto al elenco de ‘El juego de Electra’ durante su visita a Miami en el 2012. El Nuevo Herald

Alguien que parece ser de la Televisión Serrana trató de desmentirme en los medios sociales. Que no dijera más que esa notable casa productora en la Sierra Maestra estuviera alguna vez amenazada de cierre cuando el régimen consideró que estaban siendo muy críticos con la realidad del campesinado en sus documentales.

Le respondí que no se hiciera cómplice de las causas que iban en contra de su propia libertad de creación, y que la noticia la había recibido personalmente, aquí en Miami, de un gran realizador de la Televisión Serrana, quien, por otra parte, me agradecía que divulgara lo mejor que ellos producían.

Le aclaré al interlocutor que no revelaría el nombre de aquella persona, como tal vez él quisiera, porque quería que mi amigo no fuera castigado y siguiera deleitándonos con sus extraordinarios audiovisuales.

Es perturbador constatar que el miedo puede hacer que un artista reniegue de su propia esencia.

Por estos días, el director Ricardo Figueredo ha recibido un merecido tributo en las sesiones que el Instituto de Artivismo Hanna Arendt (INSTAR), en La Habana Vieja, dedica a los cineastas cubanos que hayan sido ninguneados o abiertamente censurados, como es el caso de Figueredo, en una serie titulada Cine Independiente-Cine Pendiente.

Claro que el silencio de sus congéneres con respecto al evento, al filo de lo que la dictadura considera contrarrevolución, exhibe una de las esquinas del miedo dentro de la intelectualidad cubana.

Por esos mismos días, cuando el régimen anunciaba la llegada inminente del nuevo período especial “coyuntural”, un crítico de cine en la isla prefería escribir sobre el encuentro de chefs en Varadero a donde había sido invitado a degustar los platos más sabrosos.

Acaba de fallecer en un hospital de España la actriz Yolanda Ruiz, quien fuera una figura descollante de la televisión cubana revolucionaria, hasta que se hartó y durante los años noventa fue a buscar la felicidad en otra parte.

No hay noticias de que se haya opuesto públicamente a la dictadura. Solo quería ser libre, así de sencillo, y se fue, pero la canalla castrista no la perdonó y los medios oficiales no le han dedicado ni una línea a propósito de su deceso.

El justo tributo se le ha rendido en la insospechada geografía de los medios sociales, donde amigos de todas las orillas la recuerdan como una excelente actriz y muy buena persona. Con raras excepciones, en Cuba, las menciones a Yolandita se estrechan ante el cerco que tiende el miedo.

No se trata del olvido que origina el tiempo y la ausencia en las nuevas generaciones, quienes cuentan con sus propios paradigmas artísticos, sino de la taimada determinación de un sistema especializado en desacreditar o borrar del panorama cultural a los que no comulgan con su ideología malsana.

Miguel Díaz-Canel se reunió recientemente con los comisarios culturales para dar continuidad a las órdenes emanadas del pasado congreso de la Uneac (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) y allí volvió a insistir en la cerrazón y represión que caracteriza al castrismo cuando se refirió a la “necesidad de sistematizar y promover los principios de la política cultural de la revolución, y que las instituciones deben funcionar como verdaderos representantes de los creadores a los cuales se deben”.

Quienes no entren por el aro estrecho quedan “fuera del juego”, como alguna vez escribió aquel poeta maldito.

El cineasta Carlos Lechuga que no hace una película desde la censurada Santa y Andrés, ahora escribe unos textos preclaros, tal vez los más osados de intramuros. Hace poco preguntó en uno de los mismos:

“¿Cuántos años faltan para que Cuba sea un país normal? ¿Cuánto tiempo necesitará este pueblo para sanarse? ¿Cuántos “Períodos Especiales” nos quedan?

“El cartero de mi barrio me dijo una vez: Yo solo quiero ver el final de esta película. Ver cómo acaba la cosa. Quién va preso. Quién muere y quién se escapa con el dinero. Como en los westerns”.

Twitter: @alejandroriostv.

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