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Opinión

El mejor juicio político es una elección

El presidente Donald Trump llega a la Base Aérea Andrews en Maryland para abordar Air Force One y viajar a Texas, el jueves 17 de octubre de 2019.
El presidente Donald Trump llega a la Base Aérea Andrews en Maryland para abordar Air Force One y viajar a Texas, el jueves 17 de octubre de 2019. NYT

De nuevo nos envuelve otra vorágine de exigencias a un juicio político en contra del presidente Donald Trump.

Descartada ya la colusión con los rusos por el reporte del fiscal especial Robert Mueller, las razones que ahora motivan a ello son quid pro quo, abuso del poder, etc. Y aunque estas cambian a diario, todas derivan de una llamada telefónica del Presidente a su homólogo en Ucrania, Volodymyr Zelensky, en la cual le pide cooperación en el caso de corrupción que se seguía a Burisma, una empresa de gas ucraniana, y a Hunter Biden, miembro de la junta directiva de la compañía e hijo de Joe Biden.

Dicho caso fue abandonado precisamente a instancias del propio Biden cuando aún era vicepresidente. Y existe un video grabado en el 2016 donde alardea de ello, declarando que le dio seis horas a los ucranianos para despedir a Viktor Shokin, el fiscal que investigaba a su hijo, o les congelaba una ayuda prometida de más de $1,000 millones. Cuando cuestionan su poder para hacerlo, Biden contesta arrogante: “Llama al Presidente”.

Esto sí constituye un claro ejemplo de quid pro quo. Y para encontrar uno mejor habría que buscar en los archivos de la Fundación Clinton que debe tener el FBI.

Pero no la llamada de Trump, porque no contiene los elementos necesarios para una acusación de quid pro quo, ya que no hay indicio alguno en ella de intercambio de favores. En este caso, descongelar $400 millones en ayuda militar prometida a Ucrania a cambio de investigar a los Biden.

The New York Times, ícono de la izquierda, aporta a esta defensa. En un artículo reciente afirma que los ucranianos no supieron de la congelación de la ayuda hasta un mes después de la polémica llamada. Vale esta aclaración: en quid pro quo, el “pro” se traduce como “en lugar de”. Entonces, ¿cómo puede existir un quid en lugar de quo cuando una de las partes desconoce el quo?

El presidente de Ucrania, Zelensky, también ha confirmado lo anterior. Y un documento formal llamado Denuncia que un informante anónimo presentó nada aporta. Primero porque el Presidente hizo pública la llamada, y segundo porque solo recoge las conjeturas y reservas de esa persona, cuya información proviene de otra.

Pero los demócratas son creativos hasta el pecado. Cuando se argumentó que el informante anónimo obtuvo su información de otra persona, de inmediato, como magos, sacaron del proverbial sombrero al informante original. Y del testimonio del ex enviado especial a Ucrania, Kurt Volker, publicaron solo extractos de mensajes de texto entre diplomáticos, los cuales de por sí solos lucen dañinos; pero si leemos los mensajes completos, no existen implicaciones negativas para el Presidente.

El colmo de la desinformación demócrata hasta la fecha fue la transcripción de la llamada presentada por Adam Schiff —el mismo caballero que todavía no ha producido las pruebas que según él “estaban a la vista”, y constituían evidencia de la colusión con los rusos.

Schiff no leyó la versión original de la llamada, sino que escribió la suya propia ajustándola a la narrativa demócrata, leyéndola públicamente sin aclarar que era falsa. Una desinformación descarada. Y un acto indecoroso para cualquiera, pero más aún para la persona que ocupa el cargo de Jefe del Comité de Inteligencia de la Cámara.

Esta última vendetta demócrata puede cambiar el cuadro político para las elecciones del 2020. Joe Biden, a pesar del dañino video y crecientes investigaciones, nos asegura que no hizo nada malo. Hay que recordarle el famoso escándalo del collar de brillantes de la reina María Antonieta que contribuyera al estallido de la Revolución Francesa, y finalmente le costara a la desafortunada Reina de Francia su cabeza en la guillotina.

En medio del nuevo revuelo demócrata, la mejor defensa de Trump lo constituye la transcripción de la llamada, hecha pública por la Casa Blanca, y abierta al juicio de todos. Lo demás es mucho humo y poca sustancia. Y aunque el Presidente puede ser impugnado en la Cámara, jamás será condenado en el Senado. No por esta llamada.

Pero el mejor juicio político es una elección, y ello ocurrirá en 12 meses. ¿Por qué los demócratas arrastran de nuevo al país por otro torbellino político? La única respuesta posible es que no creen poder derrotar a Donald Trump en el 2020.

Escritora y activista de derechos humanos.

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