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Opinión

El ‘Caracazo’ fue trasplantado a Chile y Ecuador

Voluntarios ayudan a limpiar las calles después de la suspensión de las protestas en contra de la eliminación del subsidio al combustible, el 14 de octubre de 2019 en Quito, Ecuador.
Voluntarios ayudan a limpiar las calles después de la suspensión de las protestas en contra de la eliminación del subsidio al combustible, el 14 de octubre de 2019 en Quito, Ecuador. AP

Las protestas en Chile y Ecuador no son sino una copia de las manifestaciones ocurridas en Venezuela en 1989, las cuáles fueron convocadas simultánea y nacionalmente en todo el país por grupúsculos castristas.

A través de los años los revoltosos, en su mayoría jóvenes, se han dedicado en América Latina a crear minúsculos grupos de presión con objeto de intentar desestabilizar a los gobiernos legítimamente constituidos, a fin de justificar la supuesta noble misión de los partidos izquierdistas, que vendrían a ser los salvadores de las agobiadas clases media y baja.

Si bien es cierto que las universidades son el caldo de cultivo donde se cocinan los próximos líderes políticos, también es verdad que han venido siendo utilizadas por grupúsculos cuya finalidad es, precisamente, acabar con el sistema que le ha permitido protestar, algo que ellos no admiten cuando están en el poder.

En Venezuela, en las décadas de los 70 y 80, las manifestaciones estudiantiles en la universidades eran comunes. Generalmente marchaban unos 50 estudiantes con banderas y pancartas mientras que otros 50 se dedicaban a vociferar consignas con parlantes, a la vez que incendiaban llantas y vehículos. En una universidad con un aforo de unos 10,000 estudiantes, un grupúsculo de 100 es apenas un 1%. Sin embargo, metódicamente son organizados y hacen mucha “bulla” para aparentar ser multitud.

Sucede que la mayoría está inmersa en sus trabajos y estudios y simplemente hacen caso omiso de estos revoltosos, quienes en su incesante trajinar, siempre logran captar incautos, incluso, en ocasiones logran “engatusar” a muchos. En el caso de Chile, actualmente esos grupúsculos han logrado convencer a una multitud de sumarse a las protestas. Esa es la finalidad de los comunistas, crear tensión y malestar en la población a fin de propiciar una posible renuncia del gobernante de turno y de esa forma tener más chance de acceder, o al menos aproximarse, a los círculos de poder.

Tal vez muchos no se percaten que el caso venezolano conocido como el “Caracazo” o “Sacudón”, ocurrido el 27 de febrero de 1989, es exactamente el mismo que los experimentados por Chile y Ecuador. Ese día en Venezuela acontecieron saqueos masivos a los negocios en todo el país como protesta por el aumento en el precio de la gasolina. Curiosamente, apenas dos meses antes, Fidel Castro había estado en Venezuela con motivo de la toma de posesión del presidente Carlos Andrés Pérez.

Durante esos saqueos que le costaron la vida a más de 5,000 personas (aunque la cifra oficial es de 276), hubo grupúsculos de elementos que en todo el país y a la misma hora azuzaron a la comunidad con altavoces.

Hoy en día muchos piensan que los disturbios en Chile y Ecuador obedecen, igual que en Venezuela, a protestas legítimas por el aumento en el combustible. ¿Acaso un incremento en los precios del transporte público siempre va a ser causante de intensas manifestaciones públicas capaces de hacer tambalear a un gobierno? Pudiese ser ese el caso.

Pero también pudiese ser que el ejemplo venezolano haya sido “trasplantado” a esos países, precisamente por los genios del mal que habitan en Cuba.

El FMI concedió a Ecuador un empréstito de $4,200 millones pero le sugirió eliminar el subsidio al combustible, algo a lo cuál el presidente Lenín Moreno accedió. Esto trajo como consecuencia que aumentara el precio del galón de gasolina, de $1.85 a $2.30. Este aumento a su vez originó que en menos de dos horas en todo el país, estallaran al unísono manifestaciones. ¿Casualidad?

Con objeto de persuadir las protestas, Moreno derogó su decreto el pasado 13 de octubre, manteniendo así el mismo precio de la gasolina. Las protestas cesaron porque los indígenas, que son muy participativos, no quisieron seguir prestándose a la jugada de los grupúsculos.

Sin embargo, en Chile, aunque el presidente Sebastián Piñera anunció la suspensión del aumento de 30 pesos en el pasaje del metro, las protestas, que también estallaron simultáneamente en varias partes del país (¿otra casualidad?) aún permanecen enérgicas. Allí los grupúsculos presentan varios carteles donde se lee “No son 30 pesos, son 30 años”. En Chile esos grupos han logrado engañar a muchos y están pidiendo una especie de Asamblea Constituyente al estilo venezolano.

Evidentemente, esto no es algo espontáneo, ni en Ecuador, ni mucho menos en Chile, que es el país más exitoso de América Latina.

Por eso es que somos de la opinión que debemos hacer los mismo que esos grupúsculos, pero a la inversa. No podemos seguir ignorando las protestas de esos grupos minúsculos.

Debemos responderles con auténticos líderes, que dediquen su tiempo y esfuerzo en propagar las virtudes de la economía de mercado, a la vez que divulgan las mentiras que profesan los comunistas.

Economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de octubre de 2019, 4:11 p. m..

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