Jornada épica a Machu Picchu
Durante mi adolescencia en La Habana del Este, hoy Ciudad Camilo Cienfuegos, tuvimos de vecinos a una educada y agradable familia de peruanos, que imagino hayan ido a parar a Cuba por simpatía con la llamada revolución en sus comienzos. Tengo entendido, sin embargo, que luego hicieron mutis por el foro, como tantos otros extranjeros con esas posibilidades.
En el melting pot de Miami, por supuesto, aprendí de la gastronomía peruana, sin duda la más distinguida de las Américas, junto a la mexicana. Ya Vargas Llosa, Ricardo Palma y Vallejo, entre otros, me habían acercado a la cultura peruana.
Luego de explorar algunas de las cumbres arqueológicas de los mayas y los aztecas, pensé que era el momento apropiado para visitar la ciudad encantada de Machu Picchu.
Dada la complejidad del acceso al sitio, lo mejor era incorporarse a una gira y fue así como encontré la compañía online Gate 1, que se caracteriza por sus precios moderados, sin faltar a una excelente logística para el viajero.
El grupo resultante de 27 personas tuvo la fortuna de contar con un guía extraordinario, Ronald Collado, nacido en la ciudad imperial inca de Cusco, donde reside actualmente con su familia.
Este joven se sabía todas las respuestas y nos hacía partícipes de su conocimiento sin pedantería, con orgullo, como si fuéramos parte de su parentela.
Confieso que Lima no me impresionó en términos urbanísticos, en general, aunque el centro colonial y otros puntos arqueológicos de la ciudad, como el Huaca Pucllana, en el exclusivo barrio de Miraflores, ofrecen hermosos elementos de distinción e insospechada sorpresa.
En la plaza central visitamos el Museo Convento de San Francisco, del siglo XVII, famoso por su decoración de azulejos, maderas machimbradas y cuadros religiosos de grandes dimensiones.
Las catacumbas y la biblioteca con más de 25,000 volúmenes, entre los cuales figuran no pocos incunables, contribuyen al deslumbramiento que causa el lugar.
Cada cual siente una experiencia distinta con la altura de la ciudad de Cusco sobre el nivel del mar, 11,152 pies, el primer punto antes de llegar a Machu Picchu, curiosamente, algo más bajo a 7,972 pies.
Gracias al recomendable medicamento Diamox, en ocasiones solo nos faltó algo la respiración, como si hubiéramos hecho un extraordinario esfuerzo físico, aunque la recuperación no tardaba en llegar.
De Urubamba, ciudad del Valle Sagrado, viajamos en tren durante hora y media al lugar donde un ómnibus te acerca a la falda de Machu Picchu.
De los tres caminos posibles, nuestro guía eligió el más tenaz, como subiendo escalones al cielo. La jornada resulta fatigante pero breve y al llegar a una suerte de terraza elevada, se revela sin previo aviso, entre montañas andinas coronadas por nubes, la insólita ciudad de Machu Picchu.
Todas las demás estaciones de la gira, como la magnífica Catedral de Cusco con sus pinturas, el Cristo negro y la cruz traída por Pizarro, quedan disminuidas ante la grandeza del empecinamiento humano, de crear belleza arquitectónica, ingeniera y científica en los lugares más recónditos e impensados.
En la perfecta urbanización de enormes rocas cortadas a la medida, montadas sin aglutinantes, para muros y paredes, se erigen en Machu Picchu cerca de 150 edificaciones entre casas, templos y todo tipo de monumentos a la disposición del conocimiento y la sabiduría.
Ni la intromisión turística es capaz de alterar la energía quieta, reflexiva, que emana de la zona como detenida en el tiempo, con llamas aletargadas pastando en sus verdes planicies y terrazas, que se reflejan en los rostros de visitantes extasiados.
Los conquistadores españoles no pudieron ensañarse con Machu Picchu, por estar oculta en la altura debido a lo cual se conservó durante siglos, además de que fuera abandonada 80 años después de haberse fundado en 1450.
Siguiendo pistas de residentes locales, fue el arqueólogo de la Universidad de Yale, Hiram Bingham, quien redescubrió internacionalmente la ciudad en 1911.
Hoy, Machu Picchu es Patrimonio Universal de la Humanidad y está considerada una de las nuevas siete maravillas del mundo.
Twitter: @alejandroriostv.