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Opinión

Walter Mercado, mucho más que astrólogo

Más allá del astrólogo famoso, Walter Mercado fue un buen ser humano, un benefactor de la humanidad, un estudioso de lo sobrenatural, un ser espiritual sabio.

En la intimidad era un hombre sencillo, con gran sentido del humor, brillante, simpático, buen amigo, amante de su familia.

Lo conocí en San Juan en la década del 70, cuando empezaba a definirse como astrólogo, después de haber sido bailarín, y actor de teatro y telenovelas. En sus ratos libres estudiaba las constelaciones en relación al comportamiento humano.

Con su cara linda, sus manos suaves, y su cabello largo rojizo atraía las miradas y el cariño de todo el que pasaba cerca. Con su trato afable y chispeante, de una generosidad especial, repartía sabiduría y optimismo. Más allá de lo que dictaban las estrellas, más allá del signo zodiacal, Walter había llegado a conocer a las personas, intuirlas, con solo mirarlas y calarlas. Era un don especial que había cultivado y desarrollado durante muchos años. Para todos siempre tenía palabras de esperanza y amor. “Mucha paz y mucho amor” era su lema, que repartía como saludo y despedida en todos sus programas de TV.

A las pocas semanas de conocerlo (acudía a la misma peluquería, el salón de Ileana Irvine y ya tenía su espacio en la cadena Telemundo) le pedí que escribiera el horóscopo diario para el periódico El Nuevo Día en San Juan, para el que yo trabajaba. Con una disciplina y rigor poco visto en estas lides, Walter enviaba su horóscopo diario, primero escrito a mano, luego a maquinilla, y más tarde por computadora. Poco a poco fue extendiendo su alcance astrológico a diarios latinoamericanos hasta crear una red de lectores y seguidores de sus predicciones y consejos. Que a su vez lo seguían semanalmente en televisión.

Cuando me incorporé al equipo de redacción de El Nuevo Herald en Miami, reanudé la comunicación con Walter y los horóscopos diarios, más las acertadas predicciones mundiales para el año nuevo.

La figura pública del astrólogo puertorriqueño, con todo el peso del maquillaje, las capas de seda bordadas, los collares, las sortijas, los arabescos de sus manos, y la voz engolada eran parte del mensaje. El medio formaba parte del mensaje. Así llegó a millones de hogares durante décadas, a través del tubo mágico del televisor. Así transmitía esperanza, sus augurios de buena fe a millones de Piscis, de Acuarios, de Virgos y Libras que lo sintonizaban semanalmente para escucharlo, para seguirlo, como se sigue a un maestro. Así convencía a Cáncer y a Sagitario de lo que debían hacer en tal circunstancia, y a Aries y a Leo de lo que no debían hacer. A los geminianos y a los escorpiones los prevenía de accidentes, mientras que a Tauro y a Capricornio les advertía de gestos innecesarios.

Con su sabiduría innata y su personalidad atrayente se ganó miles de seguidores en todo el mundo hispano.

Sus conocimientos no se limitaron a la astrología. Walter se fue a la India y estudió con sabios gurús, meditaba y rezaba con mucha devoción, y leía incansablemente. Siempre que nos encontrábamos me preguntaba qué estaba leyendo en esos días, y me contaba de sus últimas lecturas, y de los próximos libros que quería conseguir. Las visitas a las librerías estaban en su agenda próxima.

A Walter se le va a extrañar y recordar por mucho tiempo. Más allá de su extravagante persona pública, Walter Mercado encarnó con un estilo único un “sabio”, un “maestro” , un “amigo” que te “conocía” y deseaba lo mejor para ti.

Descansa en paz, amigo.

Gloria Leal es periodista y escritora cubana.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de noviembre de 2019, 4:19 p. m..

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