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Opinión

DORA AMADOR: Morir en el Hospital Kendall

Prefiero, a pesar de lo lacerante que resultará contarlo, decir otra verdad peor sobre el Hospital Kendall, que la que fue noticia esta semana, porque se descubrió que es uno de los que más cobra por sus servicios en el país. Me refiero a la crueldad, la falta de ética médica y respeto a la dignidad humana que sufrí en esa institución cuando mi madre murió allí.

El 24 de marzo de 1991 una ambulancia llegó a la Sala de Emergencia del Hospital Kendall con mi madre, que sufrió de pronto un fuerte dolor en el pecho y el brazo izquierdo. Al otro día se decidió que había que operarla urgentemente. Le colocaron cuatro bypasses porque las arterias estaban muy tupidas. La operación fue un éxito. A las 24 horas estaba sentada en una butaca y parecía bien, lúcida. Al pasar el cirujano y mirar la pantalla comentó: “Mira eso, de 15 años ha quedado ese corazón”. Todos estábamos contentos.

Pero entre las 48 y 72 horas mima cogió pneumonía por una bacteria intrahospitalaria de nombre pseudomona.

Los médicos sabían que no sobreviviría. Pero le invadieron su cuerpo para mantenerla viva hasta que murió de septicemia el 29 de abril.

¿Por qué le prolongaron la vida artificialmente tanto tiempo? ¿Creían que se salvaría? Sabían que no. Pero mientras más días estuviera entubada en un cuarto de Unidad Intensiva consumiendo tanta medicina en sueros, visitas de médicos, etc. más ganaba el hospital. Cuando nos llegó la factura del Kendall eran más de $300,000. Medicare pagó, he ahí otro fraude.

Todo fue tan rápido, inesperado, horrible, que se me mezclan los acontecimientos. Un pulmón colapsó, le hicieron una incisión por detrás para sacarle flemas, al rato vi horrorizada cómo uno de sus senos se inflaba, porque el aire que entraba por el ventilador se salía del pulmón hecho trizas por la bacteria, e inflaba su seno. Para intentar eliminar la sepsis, el médico de los riñones ordenó darle diálisis.

Ya mima no era un cuerpo, sino partes de un cuerpo en una cama y cada especialista era la autoridad en una de las partes –cardiólogo, pulmonólogo, el de los riñones, etc.– sin tener en cuenta a la persona completa que yacía en aquella cama indefensa.

La inyectaron sin consultarme para dejarla rígida, cosa de que no se quitara el tubo que tenía metido por la garganta o accidentalmente se zafara un suero. Los ojos se los cerraban con algún tipo de pegamento. ¿Estaba consciente mi madre mientras estuvo paralizada de pies a cabeza?

Casi temblando hablé con su médico primario para que no permitiera que le dieran diálisis, deseaba con toda mi alma que mi madre no sufriera. Por la tarde fui de nuevo a su cuarto: su cama estaba vacía. Pregunté: la habían llevado a darse diálisis. Corrí como una loca buscando adónde la tenían. Abrí la puerta de aquel monstruoso lugar lleno de máquinas. Mima estaba conectada a nuevos aparatos. Había un viejito sentado, que me miró con tristeza, la vigilaba a ella y al procedimiento. Pregunté por qué estaban haciendo eso, si ya su médico primario había dicho que no. Me explicó que cumplía órdenes, que fuera a hablar con su jefe. Le pregunté desesperada: ¿Ella no siente nada, verdad? Me miró y dijo: “Cómo ha sufrido”. Salí desbaratada, no encontré al médico.

Cuando regresé a la sala estaba allí de pie, alto, soberbio, y con expresión cínica me dijo: “Yo soy el que manda en este departamento, y no le voy a suspender la diálisis. Si quieres, ven, desconéctala tú misma”. Lo miré, quien habitaba en mí no era yo, quizá era un cadáver. La impotencia mezclada con la ira me paralizaron, hasta que pude dejar de mirarle a los ojos sin decirle nada y salí. Llamé al médico, se suspendió la diálisis. Tuvimos que desconectarla para que muriera. Sucedió en pocas horas, recibiendo el amor de su familia a su lado.

Recomiendo que llenen sus Living Will o Testamento Vital lo antes posible aunque no estén enfermos. La ética cristiana condena el suicidio asistido tanto como alargar la vida artificialmente.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de junio de 2015, 1:52 p. m. with the headline "DORA AMADOR: Morir en el Hospital Kendall."

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