ROBERTO CASÍN: Medicina con escopeta
Si no fuese porque el asunto me revuelve la bilis, entre tanta canallada que se ve hoy en día, la noticia tal vez hubiese sido aburrida. Una más del montón habitual. La investigación fue difundida esta semana y alude a la astronómica suma que cobran a sus víctimas sin seguro, léase sus “clientes”, medio centenar de hospitales, los más crueles entre los crueles. Según el estudio, la proporción es sobradamente abusiva y en muchos casos llega a ser más de diez veces lo que les cuesta realmente a esos sanatorios el cuidado del paciente. El resto, los que menos se exceden, tragan como promedio más del triple de lo que desembolsan. Agua encima de lo mojado, teniendo en cuenta que la atención médica incluso en la más noble y considerada de esas instituciones hay que pagarla a precio de allá te va, con monedero opulento.
Veinte de los hospitales de marras están en Florida (lo del tigre con tantas rayas no es casual). Y el estudio asegura, para más detalle, que los incluidos en la lista no están en barrios caros ni en ciudades despampanantes, con un costo de vida superlativo, lo que según expertos en la materia—sabia deducción— justificaría los precios altos. Así de translúcido y suave como la vaselina. O sea, que las brutales leyes del mercado también condicionan que la medicina sea objeto de lucro, y que más allá de que los médicos vivan decorosamente de sus conocimientos, como Dios manda, haya inversionistas avispados, empresarios inmisericordes que de forma lícita y a todo trapo monopolicen la cuestión, y que la asistencia clínica y hospitalaria sea un negocio tan inescrupuloso como el de los megabancos, que con su descomedida usura ya nos tienen harto jodidos. Aunque no es lo mismo, subrayo, que haya quien saque provecho del que tiene mucho dinero como del que tiene poca salud.
La mitad de los hospitales en la lista negra operan bajo el timón de un conglomerado con nombre angelical Community Health Systems (Sistema de Salud Comunitaria). De acuerdo con Gerard Anderson, profesor de la Escuela Bloomberg de Salud Pública en la universidad John Hopkins, esos centros cobran más “porque nadie les dice que no lo pueden hacer”. Lo que nos remite al meollo del conflicto: la ausencia de regulaciones de parte del gobierno federal. A modo de excusa, Community Health Systems difundió una declaración diciendo que el año pasado proporcionó $3,300 millones en asistencia caritativa, descuentos y otros beneficios a pacientes. Qué generosos. Qué altruistas. Qué simpáticos. Resulta que después de todo habría que estarles agradecidos.
El cuento tiene constancia documentada. Algunos ejemplos: un hospital en Miami por dos noches de hospitalización y la cura de una herida de diez puntos en la cabeza le cargó al seguro de mi cuñada más de $46,000, $393 por la habitación—ni un hotel de lujo, cenas y sauna incluidas—, y para rematar el médico que le cosió el cráneo le pasó una cuenta aparte, a ella, de $367, y el que firmó el alta, de $143. Otro: según constató la revista Fortune, el renombrado centro contra el cáncer MD Anderson de Houston, Texas, cobró a un paciente con linfoma $283 por una radiografía de $20, y más de $15 mil por exámenes de sangre que cuestan escasos cientos.
Lo más desolador de todo es que en 2013 nuestras entidades gubernamentales (por supuesto, nutriéndose de los impuestos que pagamos) destinaron medio billón de dólares (un cinco con once ceros a la derecha) como subsidio a los hospitales del país. A pesar de esa sangría, el precio promedio de un día de hospital para nosotros es cinco veces mayor que en cualquier otra nación industrializada. No porque nuestra tecnología y atención médica sean mejores sino porque nos muelen con impunidad y alevosía. Feroz y bochornoso, así es el sistema de salud nacional. Y se lo debemos a los políticos que para beneficio propio siguen tirando por la ventana no solo la casa sino también el país.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de junio de 2015, 2:16 p. m. with the headline "ROBERTO CASÍN: Medicina con escopeta."