El presidente burlador, ahora es el hazmerreír
Donald Trump ya es oficialmente el hazmerreír del mundo. Siempre lo ha sido, pero esta semana quedó plasmado en un vídeo de los líderes de Europa y Canadá burlándose de él.
El golpe a su ego debió ser tan fuerte que abandonó apresuradamente la conmemoración del 70 aniversario de la OTAN, aún sabiendo que regresaba a la pesadilla de su impeachment. Así es que ya es también oficial: Trump prefiere incluso el impeachment (juicio político) antes que las burlas, sobre todo si proceden de las élites a las que él nunca ha logrado pertenecer. Ese es el gran fracaso de su vida, su gran inseguridad; y lo que explica mucho, quizá todo, sobre su conducta y su política.
En Washington se siente protegido en la burbuja de fantasía que le crean sus cómplices en el Congreso y en canal por cable Fox, pero en Londres tuvo que confrontar en solitario la realidad de que el mundo no le toma en serio. Trump, que como el Príncipe de Maquiavelo, quiere que le teman o le amen, resulta que se ha encontrado con que ni lo uno ni lo otro, sólo le ridiculizan. (¿Recuerdan cuando también la Asamblea del pleno de la ONU estalló en una carcajada en 2018 tras decir Trump que él era el mejor presidente de la historia?)
En Gran Bretaña esta semana hasta el propio anfitrión del encuentro, el primer ministro Boris Johnson, evitó reunirse a solas con Trump por temor a que su impopularidad sea tan tóxica que le haga perder la elección del 12 de diciembre.
Boris, supuesto amigo de Trump, se lo advirtió de antemando: “Donald, ni te acerques”. Y Donald tuvo que tragarse esa amarga píldora. Fue la primera de un viaje amargo. Por el que ya seguramente está tramando venganza, incluida la posibilidad de sacar a Estados Unidos de la OTAN, según ha trascendido en la prensa sobre los preparativos internos de la OTAN ante esa eventualidad.
El que sí se reunió con Trump y le plantó cara fue Emmanuel Macron. Le abordó con tal firmeza que el presidente americano parecía un viejo acoquinado ante el joven y resoluto presidente francés. “Vamos a ser serios”, le aleccionó enfáticamente Macron, anulando la infantil y perversa pregunta de Trump, “¿quieres que te mande terroristas de ISIS?”.
De hecho toda la ceremonia del 70 aniversario de la OTAN estaba organizada de forma que Trump tuviera pocas oportunidades de insultar o provocar caos. Con ese objetivo acortaron los actos: solo tres horas de reunión entre los 29 líderes y solo una recepción en el Palacio de Buckingham.
Fue justamente en Buckingham donde las cámaras captaron la charla informal en la que el canadiense Justin Trudeau, junto a Macron, Johnson, el holandés Mark Rutte y la propia princesa británica Anne, ridiculizaban animadamente a Trump. El vídeo sigue dando la vuelta al mundo. Y, a juzgar por la avalancha de reacciones en las redes sociales, cientos de millones de personas lo han visto con lo que los alemanes llaman schadenfreude (regocijo ante la humillación de alguien detestado).
Pero más allá de la mofa planetaria, la reunión de esta semana en el marco de la OTAN tiene gran significado, tanto por lo ocurrido como por lo que “no” ha ocurrido. En esencia, la Alianza Militar entre Norteamérica y Europa, nacida en Washington en 1949 como contrapeso a Rusia, enfrenta hoy, irónicamente, como su principal amenaza al presidente de Estados Unidos.
Desde su llegada a la Casa Blanca Trump ha hecho hincapié en cuestionar la propia razón de ser de la OTAN, es decir contener a Rusia. El martes pasado volvió a descartar que el expansionismo de Moscú representara un peligro. Durante la misma conferencia de prensa, Macron —que ha asumido el papel de líder fuerte de Europa y contrapeso de Trump— advirtió que los “misiles rusos apuntan directamente a Europa” y que hay que abordar tanto ésa como otras prioridades, empezando por el terrorismo.
Lleva tiempo Macrón alertando sin pelos en la lengua de que el desprecio constante de Trump hacia la OTAN equivale a una “parálisis cerebral” de la visión estratégica de la organización militar. En especial, el presidente francés ha apuntado al “fiasco de Siria” como señal de alarma.
El “fiasco de Siria” se refiere a la decisión de Trump de permitir a su amigo Recep Tayyip Erdogan de Turquía que invadiera territorio sirio sin consultar al resto de los 27 socios de la OTAN. Lo cual supone un doble revés para la organización militar, dado que los europeos son los receptores en su suelo tanto de los refugiados sirios como de los terroristas.
¿Quizá ese sea uno de los propósitos de Trump? Digo “uno”, porque el otro propósito obviamente es favorecer a Vladimir Putin con una eventual debilitación de la OTAN.
Puede que de la convulsionada cumbre de Londres no haya salido una estrategia concreta adaptada a las actuales amenazas para la defensa común a ambos lados del Atlántico Norte, pero de lo que no ha quedado duda es de que la tornas se han volteado y Trump ya no marca la agenda.
Antes de lanzar su campaña presidencial Trump lanzó un tuit diciendo: “Necesitamos a un presidente que no sea el hazmerreír del mundo”. Exacto.
Rosa Townsend es periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.