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Opinión

El castellano ‘inclusivo’ y sus absurdas propuestas

Tanto el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa como el popular escritor Arturo Pérez-Reverte, en sus comparecencias durante la Feria Internacional del Libro de Miami se mostraron indignados ante los comentarios sobre el “machismo” en el castellano y las propuestas de “todes” y otros absurdos para paliar ese “machismo”. La respuesta de Vargas Llosa fue la más aplaudida de su comparecencia.

Como suele suceder, los males suelen derivar de la ignorancia. Los que esos cambios propugnan parecen ignorar que si bien hay dos sexos, en gramática hay seis géneros. Además del masculino y femenino, existe el neutro, el común, el ambiguo y el epiceno.

Repasemos, el neutro es muy limitado en español, aunque en otros idiomas es muy abundante. En nuestro idioma se usa generalmente para cosas abstractas como lo bello, lo inefable, lo absurdo. El común es cuando una misma palabra sirve para masculino y femenino, como violinista, presidente (aunque ya aceptan presidenta), turista, asistente, joven, estudiante, miembro, etc. El sexo lo da entonces el artículo.

El ambiguo es cuando se puede usar tanto el artículo en masculino como en femenino, como el mar y la mar, el lente y la lente, y recientemente, la internet y el internet.

El epiceno se refiere más frecuentemente a los animales, cuando hay que especificar que se trata de la jirafa macho o la foca macho, no se dice jirafo ni foco. De igual manera que no se dice delfina ni tiburona.

En el caso de presidente, aunque define un cargo, es también participio activo que en innumerable casos mantiene su e para ambos sexos, la e no implica el masculino. ¿Por qué habría que feminizarlo con una a? ¿Acaso se dice residenta, estudianta, votanta, aspirante, valienta, inteligenta, constanta? ¿Tendríamos, por contrapartida, que adoptar presidento, estudianto, valiento? Lo mismo pasaba con juez, aunque ya la Academia acepta jueza, alcaldesa, etc.

Si aplicáramos ese razonamiento simplista que ignora la gramática y la tradición, en consecuencia habría que cambiar también las palabras que terminan en a cuando se refieren al sexo masculino. Tendríamos entonces, pianisto, turisto, brigadisto, poeto, ciclisto, deportisto y muchas más.

Cada idioma tiene sus reglas que suelen ser caprichosas y ya Erasmo de Rotterdam en 1511 advertía en su Elogio de la locura, que el estudio de esta disciplina podía llevar a la demencia.

Por ejemplo, en sueco los verbos no declinan en género ni número. Ni el ruso ni el chino usan artículos determinados o indeterminados. En chino tampoco hay plural. En el finés no hay masculino, femenino ni neutro. El portugués usa duas para el número dos en femenino, mientras que en castellano no hay femenino numeral cardinal hasta las doscientas. El alemán tiene numerosos sustantivos que usan artículo neutro, como en Das Madchen, la muchacha. También se dice LA sol y EL luna.

Es cierto que las lenguas evolucionan y hasta se deterioran y desaparecen con el tiempo, pero no por decreto. Incluso la Academia de la Lengua recoge el habla, y de acuerdo con el uso establece las reglas y las excepciones. La lengua se hace en la calle con el uso, tenga lógica o no, y el tratar de regular una tradición de milenios es muestra de una profunda ignorancia.

Daniel Fernández es un escritor y crítico musical.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de diciembre de 2019, 0:09 a. m..

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