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Opinión

La soledad y el abuso de los ancianos, un problema de todos

El problema de la soledad y el abuso de los ancianos es un problema que no recibe toda la atención que requiere.
El problema de la soledad y el abuso de los ancianos es un problema que no recibe toda la atención que requiere. Unsplash

¿Cómo describir el sentimiento de soledad en las personas mayores? Es difícil, pero existen varias maneras de hacerlo.

Una de ellas es utilizando un superficial y críptico juego de palabras, como alguna vez hizo el escritor José Saramago cuando, ya octogenario, describía la suya: “La soledad no es estar solo; la soledad es estar donde ni uno mismo está”.

Otra, menos literaria y oscura, puede hacerse desde un punto de vista académico, como el de la profesora Cristina Noriega, de la Universidad CEU de Madrid: “La soledad es un problema social que afecta a un porcentaje elevado de personas mayores e influye de una manera negativa en su bienestar psicológico”.

Un problema que con la vertiginosidad de la vida moderna se ha agudizado hasta llegar a situaciones inconcebibles. En Japón, por ejemplo, los ancianos roban para ir a la cárcel y así escapar de su soledad. Según datos de la Agencia Nacional de Policía, hay más de 5,000 ancianos presos, lo que representa el 20% del total de reclusos en el país.

La mayoría de los ancianos detenidos por robo viven solos y han confesado no tener familia. En un reportaje de la agencia de noticias Bloomberg, una señora de 80 años contó que “estaba sola todo el día”, y que en la cárcel disfrutaba más de la vida porque siempre había gente alrededor y se sentía acompañada.

Pero no es solo en Japón; el problema es mundial.

En el Reino Unido, según un informe del gobierno, unas 200,000 personas confesaron no haber hablado con nadie en todo un año. Así, para hacer frente a lo que ha sido catalogado como una epidemia, el gobierno creó un Ministerio de la Soledad para hacer frente a esa crisis.

En Estados Unidos, aunque hasta ahora los ancianos no roban para ir a la cárcel ni se ha creado un nuevo Ministerio, la situación no es mucho mejor. De acuerdo al Buró del Censo de Estados Unidos, un 28% de estadounidenses mayores de 65 años viven solos. Y lo que es peor: también se sienten solos.

En un reciente estudio de la Universidad de Michigan fueron entrevistados 2,000 personas entre los 50 y 80 años de edad. Un tercio de los ancianos dijeron sentirse solos al menos una parte del tiempo, mientras que un 30% dijo que socializaban con amigos, familiares o vecinos una vez a la semana.

Hay quienes creen que es la modernidad la que ha provocado un aumento en el desinterés familiar hacia los ancianos y no un cambio moral de la sociedad. Las obligaciones laborales de hoy día, más que una falta de compasión, son las que han hecho que los ancianos hayan sido apartados del centro de la vida y reciban menos atención por parte de sus familiares.

Cuando ese es el caso, terminan siendo recluidos en un hogar de ancianos o en uno de los llamados centros de vida asistida. Y aunque es cierto que en muchos de ellos son bien atendidos, en otros son descuidados y en algunos casos abusados.

Hace unos años, el Miami Herald publicó una serie investigativa titulada Neglected to Death, en la que se documentaban numerosos casos de ancianos maltratados en instituciones del sur de la Florida. Y más recientemente, otro sobre los esfuerzos de la industria de los AFL (Assisted Living Facilities) por eliminar la ley que obliga a sus operadores a reportar en el plazo de un día cualquier incidente que ocurra en sus instalaciones.

El problema de la soledad y el abuso de los ancianos es un problema que no recibe toda la atención que requiere. Es tan grave que hasta las ONU ha tomado cartas en el asunto y ha elaborado una documento titulado Principios de las Naciones Unidas en favor de las personas de la tercera edad y ha exhortado a todos los pueblos del mundo a tenerlos presentes.

Sin embargo, a pesar de sus buenas intenciones, es posible que una declaración de principios no sea suficiente. Tal vez lo que en verdad necesitamos es un milagro. Uno que traiga un poco más de compasión a nuestras vidas.

Escritor cubano. Correo: manuelcdiaz@comcast.net.

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