Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

¿Existen los Reyes Magos?

Darles regalos a los niños en esta época y también a los mayores, ¿por qué no?, se ha convertido en una forma de mercadeo, y lo curioso son los programas de noticias donde se informa sobre los miles de personas yendo a cambiar sus regalos de las Pascuas en las tiendas.

Pero mientras el mundo se mueve en forma de feria, intercambiando el dinero y las prendas, nada es diferente de lo que ha sido siempre. Es lo tradicional, porque los rituales marcan los días y las estaciones. Ya sabemos que son mitos que nos definen dentro de una cultura determinada, la nuestra, la judeo - cristiana.

La leyenda de los Reyes Magos nos hace apreciar como hemos celebrado nuestra vida año tras año, sin darnos cuenta, casi de que está pasando hasta llegar al final. Es triste, pero tantos amigos se van yendo poco a poco y algunos demasiado rápido, que no es muy distinto de lo que sucede en el famoso cuento de The Lottery (La lotería), de Shirley Jackson, uno de los primeros que leíamos en las clases de inglés de la Universidad, y uno de los más famosos de la literatura americana publicado el 26 de junio de 1948 en The New Yorker.

Ahí la fiesta no es para matar al cordero, o comer el pavo, o el pernil de puerco, o el cochinillo, o para recibir regalos, es para sacrificar a una persona de un pueblo contemporáneo en Estados Unidos, con el objeto de mantener la salud del grupo.

Es una ironía capital, para destacar una estructura social al estilo de

los antiguos primitivos, y supuestamente contraria a la que practicamos en nuestra sociedad actual. Ahora nos engañamos a nosotros mismos con costumbres que representen lo bueno y lo ideal, y no lo que es capaz de hacer un pueblo como el de ese cuento.

Aunque, sin embargo, pasaremos luego a la historia como la nación que no protestó en estos años porque niños hijos de inmigrantes sin papeles se enfermaran y murieran o fueran asaltados en campamentos inhumanos; o que aceptáramos la idea de que hay una crisis en la frontera, cuando somos nosotros los que la hemos creado, no dejando que se reúnan los que buscan asilo con sus familias en Estados Unidos, como se hacía antes; y que no hayamos votado leyes que aliviaran el estatus legal de gente que tiene trabajo, porque los hemos necesitado como empleados. Y esos son algunos de los muchos actos contra la generosidad que comete un pueblo que se dedica a regalar y devolver regalos en estos días pascuales. La ironía en esta época es que, a pesar de todo esto, queremos seguir fiesteando.

Los tres Reyes del Oriente, aunque no sean históricos, sino bíblicos y aunque hayan ido adquiriendo detalles con tradiciones añadidas, son símbolos de algo más profundo, que es el de olvidar todas las angustias y los egoísmos. Cada sociedad se enmarca entre parámetros, y se asienta sobre estructuras que permitan definir el tiempo transcurrido con acontecimientos que se repitan. Son el rescate del tiempo perdido. Cada año marcamos su principio y su final, sabiendo que el tiempo que medimos no es el verdadero tiempo. Es un tiempo imaginado.

Nuestros mitos religiosos son necesarios para poder sobrevivir la nostalgia, el dolor, la viudez, la orfandad, las guerras, las tristezas. Tenemos que aferrarnos a la tradición de nuestra propia cultura, de

nuestra hechura étnica inventada por el pueblo, no por los científicos, sino por los imaginarios populares.

Lo curioso es que podemos recordar la edad cuando descubrimos que los Reyes eran nuestros padres. Pero esto no nos defraudó. Fue la aceptación de que estábamos creciendo y enfrentando otra realidad, la de los adultos. Una realidad que se reflejó en el artículo editorial que se escribió en 1897, en The New York Sun, cuando una niña de ocho años, Virginia O’ Hanlon, hija de un inmigrante irlandés, le preguntó al periódico que si de verdad existía Santa Claus.

La respuesta es el editorial más reproducido en el mundo, en diversas lenguas. Y hasta hay una película de 1991 para la TV sobre el tema, “Yes Virginia, There Is A Santa Claus,” con Edward Asner y Charles Bronson, en que se presenta al periodista (Bronson) meditando como contestar esa pregunta, sin perder esa famosa credibilidad que deben tener todos los medios periodísticos.

Y la respuesta fue la verdad, que existe Santa Claus [como existen los Reyes Magos], porque la imaginación y la generosidad son valores excelsos de la humanidad.

Por tanto, seamos generosos, no matemos a los que lloran a nuestras puertas. Regalemos algo, vigilemos nuestro afán, creemos un mundo más justo.

No tengamos miedo.

olconnor@bellsouth.net

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de enero de 2020, 0:00 a. m..

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA