Para lograr la salida de Maduro se requieren medidas más contundentes
Los últimos acontecimientos en Venezuela significan un reto para la oposición nacional y para aquellos países que individualmente o en coaliciones regionales, rechazan a un régimen signado por sus golpes de fuerzas a las instituciones del Estado y a la Constitución Nacional, mientras practica una política injerencista y expansión de sus propuestas ideológicas.
La reciente maniobra de Nicolás Maduro es una especie de confirmación que su salida del poder demandará acciones más contundentes de parte de sus opositores. El golpe de Estado al Parlamento ha sido rechazado con hidalguía, pero se precisan mayores gestos que evidentemente implican grandes riesgos para quienes los protagonicen.
Lo mejor para el país y el hemisferio hubiera sido una política más agresiva de parte de los aliados extranjeros de los demócratas nacionales, mucho más que sanciones económicas, y una acción de masas permanente en los pueblos y ciudades de Venezuela contra el régimen. Algo parecido al paro nacional del 2002-2003, huelga general, una paralización de actividades económicas y laborales que no conocía precedentes en el continente.
Aliados como el Grupo de Lima, Estados Unidos y la Unión Europea deben tomar conciencia de que el régimen castrochavista es un enemigo capaz de recurrir a cualquier medio para seguir gobernando, además, de seguir intimidando a sus opositores. Los aliados del régimen son pocos pero todos tienen una indiscutible proyección internacional: Rusia, China, Cuba e Irán, este último es particularmente peligroso después de la ejecución de su especialista en terrorismo y subversión Qasem Soleimani
Hay numerosas denuncias de que Irán y asociados suyos como Hezbollah tienen bases de operaciones en Venezuela. También, que altos funcionarios del régimen de Caracas están directamente vinculados a subversores iraníes. Recordemos que a principios de la década pasada el diplomático venezolano Thor Harvorssen denunció la estrecha asociación de Hugo Chávez con Teherán.
No es de dudar que la patria de Bolívar sea usada como trampolín, tengamos presentes que Fidel Castro, mentor de Chávez y Maduro dijo en el 2001 en la capital iraní: “Una unión entre Cuba y el mundo árabe en breve puede poner de rodillas a Estados Unidos”.
A todas estas hay que sumar que Venezuela es el santuario del ELN y de los disidentes de las FARC, grupos subversivos dispuestos a hacer el trabajo sucio de sus protectores. Colombia es otro país que está en el punto de mira del castrochavismo. La desestabilización de Colombia a fondo, sería un gran reto para las democracias hemisféricas.
Si el régimen no recibe fuertes golpes como consecuencia de sus actos, va a acentuar la represión contra la oposición. La precaria libertad de prensa disminuirá, la criminalización de la oposición se ampliara y la corrupción cobrará niveles que se escapan a nuestra imaginación. El país lleva dos décadas en caída libre, no obstante, la frustración, miseria y criminalidad marcará cotas insospechadas, si personajes como Maduro y Diosdado Cabello (número dos del chavismo) se convencen de que cuentan con absoluta impunidad dentro y fuera del país.
La Asamblea Nacional tiene que funcionar como si fuera un poder Ejecutivo real. Cierto que no contará con fuerzas para hacer cumplir sus decisiones, pero es evidente que cuenta con un sólido y amplio respaldo nacional que le confiere la legitimidad necesaria para actuar en consecuencia con los compromisos contraídos.
Actuar como gobierno, desconocer las decisiones del usurpador y las actuaciones de los otros poderes del Estado, convertiría al gobierno del presidente interino Juan Guaidó en referente obligado para los que rechazan a su gobierno, incluida la facción disidente de la Asamblea con su otro presidente y directiva.
Venezuela está sufriendo situaciones únicas. Dos gobiernos y dos parlamentos, paradójicamente hay un solo ejército que responde a Maduro, de producirse una mitosis similar en las Fuerzas Armadas no caben dudas de que una guerra civil sería prácticamente inevitable.
Cierto que algunos no están satisfechos con el desempeño de Guaido, no obstante como dijera el interfecto: “No es el Parlamento lo que está en juego, es el país”, y en base a ese riesgo para la nación es que deberían actuar todos los venezolanos y sus aliado internacionales.
Pedro Corzo es un periodista de Radio Martí.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de enero de 2020, 0:37 p. m..