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Opinión

Ros-Lehtinen: Auschwitz y la amenaza del genocidio

Visitantes caminan por la puerta que tiene la infame frase “Arbeit macht frei” (El trabajo te liberará), en el memorial Sachsenhausen en honor a las víctimas del campo de concentración Auschwitz, en Oranienburg, Alemania, el lunes 27 de enero de 2020.
Visitantes caminan por la puerta que tiene la infame frase “Arbeit macht frei” (El trabajo te liberará), en el memorial Sachsenhausen en honor a las víctimas del campo de concentración Auschwitz, en Oranienburg, Alemania, el lunes 27 de enero de 2020. Getty Images

“Arbeit Macht Frei”. Así indica el rótulo alemán sobre la entrada del campo de concentración Auschwitz (con su componente Birkenau) el cual ha sido caracterizado como el campo de la muerte más infame de Europa, donde la liberación de 7,000 prisioneros, incluyendo 700 niños, hace 75 años fue conmemorada el pasado 27 de enero.

La irónica, cínica y colosal mentira es que esa frase se traduce como “el trabajo te liberará” o “el trabajo es libertad”. Las fuerzas nazi obligaron a los prisioneros a crear el letrero, mas, sin embargo, ni un solo prisionero fue puesto en libertad.

El campo de la muerte Auschwitz-Birkenau, localizado en el sur de Polonia, tenía cuatro cámaras de gas donde aproximadamente murieron 1.1 millones de personas, el 90% eran judíos. Recordamos esta atrocidad hace unos días cuando fue conmemorada la liberación de Auschwitz por parte de las fuerzas soviéticas.

El Holocausto resultó en el asesinato de más de 6 millones de judíos, de acuerdo con el Museo del Memorial del Holocausto de Estados Unidos. Si pensamos que esto no pudiera suceder otra vez, es porque no hemos notado el incremento mundial del antisemitismo.

La Liga en Contra de la Difamación ha monitoreado esta amenaza y según los resultados de una encuesta que realizó, más de mil millones de personas mantienen opiniones antisemitas; 35% de los encuestados provenientes de 102 países expresaron que nunca habían escuchado del Holocausto y 41% percibieron que los judíos son más leales a Israel que a su propio país.

En un evento reciente del Comité Americano Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC por sus siglas en inglés) tuve la oportunidad de hablar con los participantes sobre el aumento de los ataques a los judíos, la retórica anti-Israel, los violentos ataques islámicos, el odio hacia la comunidad judía en las redes sociales, y la verdadera amenaza que todo esto significa para todos, no solo los judíos.

Nunca debemos subestimar la capacidad ilimitada del ser humano de cometer actos de maldad, sean dirigido hacia los judíos o cualquier otro grupo. Eventos como la conmemoración de la liberación del campo de concentración Auschwitz-Birkenau son diseñados para combatir dos problemas: primero, la ignorancia; y segundo, el mal entendimiento y la tergiversación.

Dice un dicho que “los que ignoran el pasado están condenados a repetirlo”. La ignorancia sobre los hechos del Holocausto (y son hechos confirmados, a pesar de aquellos que lo niegan) debe ser eliminada a través de la educación.

Sin embargo, el segundo problema —el mal entendimiento y la tergiversación de la información— es mucho más complejo y matizado.

Este problema empieza con el pensamiento equivocado de que el Holocausto —el asesinato de millones de judíos— es fundamentalmente un asunto judío y solamente un asunto judío. Inevitablemente nos lleva a malinterpretar la frase “Nunca olvidaremos”, como si solo significa “los judíos nunca deben de olvidar”. Este enfoque no incluye la característica fundamental del Holocausto: un crimen inhumano cometido por seres humanos en contra de otros seres humanos, no simplemente un crimen cometido por seres humanos hacia los judíos. Este énfasis convierte el Holocausto en solo “un problema o asunto judío”. Lo cual es alarmantemente similar a la descripción del régimen nazi de su “problema judío” o “asunto judío”.

Este enfoque como si fuera solamente “un asunto judío” no toma en cuenta el punto principal que esto le puede pasar a cualquier persona o grupo. El ser humano tiene la capacidad de odio, la avaricia, el egoísmo, la búsqueda de poder, explotación y externalización de la culpabilidad. El problema radica en la advertencia que hizo Aleksandr Solzhenitsyn al decir que “la línea entre el bien y el mal atraviesa el corazón de todo hombre”. Los judíos habrán sido el objetivo a través de la historia para ventilar estas debilidades humanas pero la banalidad del mal no es solamente un problema judío.

Los hechos históricos a partir de la Segunda Guerra Mundial demuestran que las ejecuciones masivas se han enfocado en grupos no judíos.

El régimen de Pol Pot en Cambodia asesinó aproximadamente a 2 millones de personas de una población de tan solo 5 millones. Miles de musulmanes en los países bálticos fueron asesinados a manos de serbios no musulmanes. En Ruanda, en solo 100 días, los hutus mataron a casi un millón de tutsis.

Estos son solo algunos ejemplos desde la liberación de Auschwitz-Birkenau en 1945 que demuestran la falsedad y el peligro de interpretar el genocidio en masa en los campos de concentración nazi como solamente un “problema judío”.

John Donne afirma que la muerte de cada hombre nos disminuye porque nosotros somos parte de la humanidad. Aunque no seamos suficientemente humanos para internalizar este pensamiento, debemos al menos entender que Donne también quiso decir que la muerte de cada ser humano me disminuye porque yo podría ser el próximo asesinado.

Ileana Ros-Lehtinen pasó casi 30 años en el Congreso representando al Sur de la Florida. Ella escribe una columna mensual para el Nuevo Herald. Envíele sus comentarios a HeraldIleana@gmail.com.

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