El Sí y el No de ‘Cecilia Valdés’ en Madrid
Madrid. - Es un hito histórico el estreno en el Teatro de la Zarzuela en Madrid de la zarzuela Cecilia Valdés, de Gonzalo Roig, con el libreto de Agustín Rodríguez y José Sánchez Arcilla. Primera vez para una zarzuela extranjera en la historia del palacio de este género musical que se impuso a mediados del siglo XIX en España y también en Cuba, que era aún colonia de la península.
Y es un comienzo digno con una gran zarzuela cubana basada en la novela Cecilia Valdés o la Loma del Ángel, de Cirilo Villaverde, publicada en su última y completa versión en 1882 en Nueva York.
La conexión es además con Miami. El domingo 26 de enero me conmovió hasta el llanto oír cantar a dos luminarias de esa ciudad, la soprano Elizabeth Caballero y el tenor Martín Nusspaumer. Ella nació en Cuba y vino de niña por el éxodo del Mariel, él es uruguayo, y ambos alumnos del maestro de maestros de la voz, Manny Pérez, que también nos acompañó en la audiencia. Los cantantes desempeñaron estupendamente los papeles protagónicos de Cecilia Valdés y de Leonardo Gamboa. Impresionó lo maravilloso del acoplamiento de sus voces, y la pasión espectacular de Elizabeth en las escenas de Cecilia frente a Leonardo, y donde se acentuó el tema que es eterno: el del burlador de la mujer.
Pérez comentó que había que agradecer al director del Teatro de la Zarzuela, Daniel Bianco, por traer esta obra. Y también lo agradeció Carlos Wagner, a quien se le encargó la dirección. Con una escenografía que resume los dos ámbitos de la obra, las haciendas con las cañas de azúcar, base de la economía cubana en el siglo XIX, y la ciudad de La Habana en la zona de la Iglesia del Santo Ángel Custodio.
La música de Roig, interpretada admirablemente por el director Óliver Díaz, combina los ritmos de la isla con las romanzas de la ópera italiana, cercanos al estilo de Puccini.
El elenco muy extenso, en el que sobresale la soprano cubana Linda Mirabal como Dolores Santa Cruz, un personaje de negra liberta que obtuvo grandes ovaciones del público que llenaba la sala, destaca los contrastes entre señores y esclavos, o descendientes de esclavos, haciendo central los temas de los prejuicios de raza y el machismo.
Se usa la versión de Miguel de Grandy, del Teatro Payret de La Habana en 1961, pero la de Wagner ha sido ambientada en los años 50, a través del vestuario y de la estilización de los bailes. A un conocedor de la historia cubana le parece chocante que se pueda actualizar todo lo que en la obra se refiere a la diferencia entre los señores blancos y sus esclavos negros y mestizos, especialmente cuando los cantos son claros referentes a gente recien llegada del África, como lo es el personaje de Pedro, o del hecho que el dueño de la hacienda de los esclavos sea un español, Don Cándido Gamboa, y culpable de la ignominia contra la madre de Cecilia, a quien le arranca la hija de ambos.
Es como si antes del gobierno fidelista de 1959 aún hubiera una especie de esclavitud de los negros, cuando el presidente y dictador Fulgencio Batista era él mismo un mestizo. Y ahora la cúpula del gobierno cubano, que ha sido por 60 años eminentemente blanco, hubiera acabado con los prejuicios raciales. Desgraciadamente, subsisten hasta el día de hoy, y el machismo aún más.
¿Quizás habría el deseo de hacer hincapié que la Cuba mestiza estaba tan discriminada por los cubanos de clase alta en los 50 del siglo XX como en el siglo XIX? Y es cierto, hay la leyenda de que Batista no era recibido en los clubes blancos de la clase alta. El gobierno posterior de los Castro tuvo un cambio, los mestizos sí entraron en esos clubes, pero el poder total pasó a los blancos.
Esta incongruencia histórica a amigos españoles les pareció legítima, porque como explica Wagner en el programa le pareció a él oportuno “trasladar la obra a una época más cercana al público de hoy”, aunque la abolición de la esclavitud haya ocurrido en 1880. Es como las funciones de las óperas en Europa, por ejemplo, una famosa de la Rusalka, de Dvorak, que originalmente es de magia, y vi en 2015 en la Opera de París con atuendos y escenas modernos.
En este caso, es de agradecer la coreografía excepcional de los bailes, con adaptaciones de pasos de Changó, adoraciones a Obatalá en la fiesta de la Merced, y la contradanza modernizada, obra de la coreógrafa Nuria Castejón. Aunque haya un sí y un no, se celebra que al fin se reconozca estupendamente en España una brillante zarzuela muy cubana. Ya era hora.
La emisión en directo de Cecilia Valdés a través de Facebook, YouTube y la página web del Teatro de la Zarzuela será el viernes 7 de febrero a las 20:00 horas.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de febrero de 2020, 6:00 a. m..