Clásicos cubanos se abren paso en los Grammys
La ceremonia número 62 de la entrega de los premios Grammys, por parte de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación, estuvo precedida de un escándalo, aún no resuelto, con uno de sus más altos ejecutivos.
El hecho, sin embargo, no trascendió al espectáculo que si se mantuvo algo enlutado por el fallecimiento de Kobe Bryant.
A diferencia de la Academia que concede los Oscars, donde suele haber plataforma segura para manifestaciones políticas por parte de los presentadores y de los ganadores, la de los músicos fue conducida por Alicia Keyes, como una paloma de hierro. Nadie se salió del guion.
La extensa ceremonia, acicalada por los números musicales con la que otras no cuentan, sirve, de alguna manera, para revelar por dónde transcurre el lenguaje universal de la música, sobre todo la popular.
Durante las horas del espectáculo que se transmiten por televisión se entregan las distinciones a los artistas más conocidos en al ámbito farandulero.
El poderoso e inevitable legado musical cubano, por supuesto, volvió a marcar el interés de los académicos.
En el campo de la levedad pop, la cubano americana Camila Cabello, fue presentada con sus credenciales habaneras cuando le dedicó una canción a su padre, de origen mexicano, quien estaba sentado en primera fila y no pudo contener las lágrimas.
Nominado en la categoría de la llamada World Music, algo así como “música internacional”, estuvo el disco Celia, hermoso y sentido homenaje a la Guarachera de Cuba, por parte de la estrella africana Angelique Kidjo, quien ya ha merecido otros premios Grammys en su carrera de éxitos.
El álbum incluye versiones únicas de Cúcala, La vida es un carnaval, Toro mata, Químbara, Elegua, Bemba colorá y Sahara, entre otros clásicos.
“De pequeña vi a Celia cantando en Benin y su energía y alegría me cambiaron la vida”, ha dicho Kidjo sobre su interés en el ícono cubano. “Era la primera vez que veía a una mujer artista poderosa en escena. Su voz percusiva y sus interpretaciones resonaron de un modo misterioso en mi persona. Muchos años después supe que ella interpretaba canciones yorubas que fueron sacadas de Benin hacía 400 años”.
La africana sale airosa de la grabación, sus arreglos se escuchan con agrado y resulta obvio que tienen la voluntad de rendir tributo al paradigma.
Es justo y valiente de su parte, equipararse políticamente a Celia en un universo donde no pocas celebridades se siguen fotografiando con imágenes de matones comunistas.
“Sentí que era una hermana perdida hace mucho tiempo en otro lado del mundo. Como yo, ella debió exiliarse de una dictadura y siempre se mantuvo orgullosa de sus raíces, de sus raíces africanas”.
Hablando de fuentes culturales y de Cuba, la excelsa cantante y compositora Aymée Nuviola, mereció un Grammy por su disco A Journey Through Cuban Music, grabado mayormente en la isla junto a figuras descollantes de la interpretación musical de diversas generaciones.
Nuviola demuestra la capacidad que tienen muchas de estas piezas, entre lo mejor del cancionero cubano, de adaptarse a los giros y fusiones más inesperados para captar la atención del oyente contemporáneo.
Esa actualización, que en ningún caso pierde el tumbao, la magia rítmica que las hacen clásicas se concatena con la gracia y el ingenio de la improvisación que caracterizan a la cantante.
Volver a grabar Chan Chan, Tres palabras, El bodeguero, Lágrimas negras, El manisero y Yo soy el punto cubano, entre otros, y salir airosa de tal desafío subraya talento y convicción. Es un nuevo capítulo del más grande regalo de la cultura cubana al mundo: su música.
Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.