El embrujo de Cartagena, una ciudad mágica
Solamente a dos horas y media la vida cambia radicalmente en Cartagena de Indias, desde que bajas del avión a la pista sin pasarelas de acceso ni aire acondicionado y todos sonriendo en la aduana sin imposturas, en son de bienvenida.
A la salida nos esperaba Luis Fune, del Hotel Getsemaní Cartagena, como si fuera un primo, conversador y franco. Inmejorable primera impresión de gente que conoce la importancia de la avalancha turística en la antigua ciudad llena de historia y encanto.
El hotel de 24 habitaciones se hizo transformando dos casas coloniales, hace esquina y, al frente, tiene partes de la muralla que denota la ciudad, así como el majestuoso Castillo San Felipe de 1536, a poca distancia, y el Convento de la Popa, el lugar más alto de Cartagena, donde se rinde pleitesía a la virgen de la Candelaria.
La ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984, es un hervidero de personas inquietas y bulliciosas, el aroma de sus variadas comidas embriaga las calles estrechas donde los choferes hacen murumacas para conducir.
Getsemaní, justo al lado de la ciudad amurallada, fue en el pasado un barrio temerario, hoy es un sitio donde confluyen personas de todas las nacionalidades, junto a los cartageneros sentados en los quicios de sus hogares, despidiendo en la mañana a los niños para las escuelas o alistándose para ir a trabajar.
El turismo convive con la población, no es una puesta en escena y mucho menos un museo.
Temprano están los carretones con frutas cortadas y listas para ser consumidas. La mejor limonada que haya probado se dispensa en las esquinas y se hace con limones llamados robados, pequeños y ácidos.
Ni hablar de los jugos naturales siempre disponibles y refrescantes, guanábana, maracuyá, lulo, tomate de árbol y borojó, de supuestas propiedades afrodisíacas.
La banda sonora de Cartagena milagrosamente no está tan contaminada de reguetón. En cualquier sitio se rinde culto a la música cubana tradicional. Cuando les comentaba mi sorpresa me decían, “si claro, nos gusta mucho” y sentí que la asumían como propia.
El mar entra y sale en bahías y otros recovecos geográficos, es una presencia capital, la muralla a diferencia de lo que queda de la habanera, es ancha, como una suerte de parque por donde los transeúntes circulan como en un malecón elevado.
Famoso el sitio donde cada día ocurre una puesta de sol cinematográfica. Si no alcanzas mesas en el bar café del lugar, constantemente hay vendedores que llegan con neveras para proponer agua o cerveza deliciosamente fría y barata.
No dejo de pensar en La Habana atormentada por su escasez y encanallamiento clasista, al disfrutar tantas alternativas en Cartagena. De cómo en la isla somos ciudadanos de segunda cuando lidiamos con los privilegios de los extranjeros y en Colombia se cruzan los colores y los idiomas con notable naturalidad.
Le pregunto a Luis, nuestro amigo y guía, sobre el racismo y me dice que hubo un caso en un nightclub con una muchacha negra y la población reaccionó airada y los culpables pagaron su fechoría.
Cada vez que preguntábamos en la carpeta del hotel sobre un sitio para comer como los colombianos, las opciones eran amplias. El propio gerente, Alexander Geraldino, nos hizo una sugerencia que fue totalmente acertada y luego nos llevó caminando por el barrio para que viéramos otro hotel, igualmente hermoso, de la compañía llamado La Artillería. Así de cordiales y orgullosos de sus logros se manifiestan.
En la Iglesia de Santo Toribio se conserva la bala de cañón que en 1741 perdonó la vida de los fieles en misa y desde entonces se considera algo milagroso y muy cerca las cenizas de Gabriel García Márquez se conservan en austero busto.
La Cevichería es otro de los restaurantes que la visita de Anthony Bourdain hiciera popular en el mundo y a pocas cuadras está el museo que rinde tributo a San Pedro Claver, jesuita, que defendió a los negros esclavos.
Cartagena de Indias es la quinta mayor ciudad de Colombia. Unos le dicen el “Corralito de Piedra” a su zona amurallada, otros la consideran, con acierto, “La Ciudad Mágica”.
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