Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

El odio de Pedro Almodóvar

El director español Pedro Almódovar (izq.) y el ex ministro de Cultura francés, Jorge Semprun, participan en un evento en apoyo al pueblo cubano tras la detención de decenas de opositores por el régimen de Fidel Castro, el 29 de septiembre de 2003, en París.
El director español Pedro Almódovar (izq.) y el ex ministro de Cultura francés, Jorge Semprun, participan en un evento en apoyo al pueblo cubano tras la detención de decenas de opositores por el régimen de Fidel Castro, el 29 de septiembre de 2003, en París. AFP/GETTY IMAGES

Estoy leyendo una entrevista amplia de Pedro Almodóvar, cineasta que sigo y respeto desde sus primeros días, cuando era un niño maldito y desafiante. De pronto, sin que venga al caso, confiesa que “odia” al actual presidente de los Estados Unidos, bendita la democracia que permite esos exabruptos, sin mayores consecuencias.

Entonces reflexiono, motivado por la astracanada de Bernie Sanders en defensa del dictador cubano Fidel Castro, cuando creó su primera campaña de adoctrinamiento, pues luego vendrían muchas más, y me pregunto: ¿es este el mismo Almodóvar que visitó La Habana y que casi lo detienen en 1997, durante una fiesta gay clandestina ocurrida en El Periquitón, asaltada por la policía del régimen según reporta, de modo esquivo, la prensa ibérica de la época?

De hecho, las fuerzas represivas esperaron que el director español abandonara el sarao para cometer sus tropelías, como especula una película realizada en la isla.

Almodóvar está en su legítimo derecho de odiar y poder decirlo al mundo, dado que es una celebridad y tendrá eco inmediato en la prensa. Pero más allá de una distante referencia a Fidel Castro, durante los acontecimientos de la Primavera Negra, cuando fueron detenidos decenas de opositores en el año 2003, el cineasta, que estuvo al borde de la criminalidad por asistir a la mencionada fiesta, ha sido parco a la hora de enjuiciar más de 60 años de una dictadura que conoció en un par de visitas donde, incluso, se codeo con funcionarios de la cinematografía oficial.

Tal vez confiesa su oposición en privado, como otros artistas e intelectuales extranjeros que tienen deudas escabrosas con la dictadura.

Voy un poco más allá y supongamos que la palabra “odio” es muy fuerte para calificar a un tirano con el cual alguna vez se identificara, por cualquiera de sus fracasados proyectos.

Lo cierto es que, de aquellas incursiones a La Habana, sobre las cuales se hace referencia, con cierta nostalgia, en su filme Dolor y gloria, no emergió un discurso de solidaridad internacional con la comunidad LBGTQ cubana, abandonada a su suerte y controlada arbitrariamente, nada más y nada menos que, por una Castro, quien insiste en justificar en los medios de prensa los desmanes cometidos por su tío homófobo contra ese grupo social, desde que detentara el poder en 1959.

Ni decir que ni antes ni después una figura de la relevancia de Pedro Almodóvar, se haya ocupado de sus congéneres en la isla, los cineastas, cuando han sido despóticamente censurados por tratar de expresarse en libertad, como está ocurriendo ahora mismo donde el régimen ha decidido posponer, para no decir cancelar, la Muestra de Jóvenes realizadores por un documental que han prohibido, Sueños al pairo, de los realizadores José Luis Aparicio Ferrera y Fernando Fraguela Fosado, sobre el legendario compositor e intérprete Mike Porcel, defenestrado de su prominente vida artística entre los años 1980 y 1989, porque expresó el deseo de abandonar aquella sociedad insufrible.

Pero esto no suele ocurrir. A las celebridades liberales, progresistas, como se les califica ahora, les encanta aparecer en La Habana, tomarse la foto de rigor, sobre fondo destartalado, conversar con algún artista o intelectual asustadizo, que se saben vigilados, hacer promesas de rescate y redención y luego olvidarlo todo como la pesadilla que no les pertenece.

Allá ellos si van a Cuba, donde no respetan su cacareada privacidad y los graban en momentos íntimos y luego pueden resultar chantajeados con imágenes comprometedoras.

A los cubanos nos vendría bien un poco de odio público a la dictadura que ustedes no quieren en sus vidas, para volver a ser un país como cualquier otro, sin ese atropello ideológico indefendible.

Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA