Las 20 mejores películas cubanas según el oficialismo
La Cinemateca de Cuba, que mantiene un silencio sepulcral sobre los acontecimientos que han llevado a censura y clausura de la Muestra Joven, a propósito del documental Sueños al pairo, de José Luis Aparicio y Fernando Fraguela, dio a conocer el mes pasado una encuesta de las 20 mejores películas cubanas estrenadas durante las seis décadas que conmemoran, ahora en marzo, la fundación del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), otra entidad del régimen que solo se expresa cuando de prohibir se trata.
Según la información, se tomó en cuenta la opinión de 100 participantes en total, de los cuales 53 son críticos y periodistas nacionales, 25 cineastas y 22 especialistas de otros países.
Ciertamente la lista depara muy pocas sorpresas y de las más recientes generaciones solo clasificaron Humberto Padrón con su entrañable Video de familia, del año 2001, y Ernesto Daranas por Conducta, que data del 2014.
Tal vez una de las curiosidades de la encuesta es la inclusión de Soy Cuba (1964), coproducción ruso-cubana dirigida por Mijaíl Kalatozov, abundante en virtudes estéticas pero muy chabacana y estereotipada en sus viñetas de la “revolución”.
Otra singularidad es la presencia de una película que no clasifica como largometraje, sino como medio, realizada por Fernando Pérez en 1994, pleno “período especial” cuando supuestamente la economía cubana tocó fondo luego de la desaparición del campo socialista.
Se trata de Madagascar, donde el enfrentamiento generacional le permite al director reflexionar sobre un país agobiado, francamente en bancarrota, y que poco se ha recuperado desde entonces.
En la lista sólo figuran dos cineastas exiliados, además del ya mencionado Humberto Padrón, aparece Orlando Rojas con su inquietante Papeles secundarios, aunque no figura la popular y no menos distinguida Una novia para David.
Ni Alberto Roldán, Fausto Canel, Roberto Fandiño, Sergio Giral o Juan Carlos Cremata asoman, siquiera, en otros géneros de la encuesta.
Es curioso cómo un director muy prolífico y simpatizante del régimen, como el lamentablemente fallecido Daniel Díaz Torres, no tenga un lugar en lista, al menos con La película de Ana.
Aunque ciertamente debió figurar con el filme que tal vez le causó esta suspicaz ausencia, la vilipendiada y censurada Alicia en el pueblo de Maravillas, sátira mordaz sobre el desenfreno castrista, que solo ha vuelto a ser cultivado, eventualmente, en la serie que uno de sus guionistas, Eduardo del Llano, dedicara a su acongojado personaje Nicanor O’Donnell.
Si consideraron un mediometraje en la encuesta, bien hubieran podido incluir la serie de O’Donnell, que desbroza por capítulos el absurdo y la inoperancia de la “construcción” del socialismo cubano.
Los que pusieron la lista de las películas a disposición de los 100 jurados, deben haberse cuidado mucho de no incluir los dos largometrajes de Carlos Lechuga, Melaza y la prohibida Santa y Andrés, que han superado con creces, tanto en realización como en contenido, filmes envejecidos, caricaturescos y hasta decadentes como El hombre de Maisinicú, Aventuras de Juan Quinquin, La primera carga al machete, Plaff, Cecilia y Un hombre de éxito.
Por supuesto que cualquiera de estas películas pudo haber sido sustituida por otra sátira de alto calibre contestatario, milagrosamente realizada por Alejandro Brugués en el año 2010: Juan de los muertos, donde un país de zombis, como lo es Cuba, se ve infectado por la epidemia real, paradójicamente semejante a la que vive hace seis décadas, mientras el héroe llamado Juan tendrá la tarea de librarla de todo mal.
El futuro, sin duda, dará cuenta de una encuesta más inclusiva y menos manipulada. El cine cubano de estos últimos años se lo merece.
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