El coronavirus y el peligro de una recesión mundial
El reciente reconocimiento de una pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS), así como la emergencia nacional decretada por el presidente Donald Trump, han aumentado las expectativas de una recesión global.
Previamente, la mayoría de economistas habían coincidido en que una reducción de ingresos, unido a un incremento de gastos, nos colocaba en la ruta de una crisis económica. Desde luego, si a esto le añadimos el ingrediente actual del coronavirus, se complica el panorama.
Nuestro sistema funciona de una forma tal que los fabricantes dispersos nacional e internacionalmente, despachan su producción a mayoristas o centros de acopio que luego se encargan de colocarlos para su venta al público en lugares conocidos como mercados. Por supuesto, el fabricante, el distribuidor y el mayorista obtienen su margen de ganancia en la operación. Como en la práctica es muy difícil que el consumidor final acuda directamente al fabricante, estos canales de suministros deben permanecer.
El problema principal es que el camino normal de los suministros se ha interrumpido. Sucede que siendo China la fábrica del mundo, lógicamente es el consumidor más notable de materias primas. Pero debido a la aparición del coronavirus, China ha limitado al mínimo su compra de insumos, incluso rechazando los pedidos hechos con anterioridad e invocando para ello una cláusula de “fuerza mayor”, en los casos donde existía un contrato.
Desde luego, al bajar la producción por los cierres parciales o totales de las fábricas, disminuye la exportación china, que de paso, la mayoría son de capital norteamericano. A su vez, los suplidores de materia prima, por no tener espacio físico donde almacenar sus productos no demandados, también disminuyen su producción. Y evidentemente, la cantidad de empleados decrece porque no encuentran donde colocarse.
De igual forma, el consumo de combustible decae debido a la menor actividad en los transportes terrestres, marítimos y aéreos. Esa menor demanda de hidrocarburos logra que el precio del combustible disminuya y afecte a la bolsa, principalmente a los fondos de cobertura.
Muchos países, incluyendo los de América Latina, muestran un visible deterioro en sus monedas, lo que en la práctica equivale a una devaluación hecha con el propósito de aumentar sus exportaciones gracias a la mayor fortaleza que ahora muestra el dólar en relación a sus signos monetarios. Sin embargo, esos países ahora con una moneda más debilitada, tienen que hacer frente a sus compras internacionales. O sea, además de sus exportaciones, también sus importaciones disminuirán.
En lo que va del año, el cobre y el níquel han perdido 8% de su valor, el hierro 10% y el zinc y el aluminio más de 5%.
Ocurre que la característica más conocida de una crisis económica es lo contrario a la inflación, o sea la deflación. En ella, todos los indicadores económicos van a la baja, es decir, disminuyen la oferta, la demanda, los precios, el empleo, el ahorro, la inversión, en fin, todo es decreciente.
Por supuesto, muchos se preguntarán, si China no puede seguir cumpliendo su papel de fabricante, ¿acaso EEUU puede asumir ese papel? Los costos de la economía estadounidense son tan altos que esa idea parece inviable, a menos que se logre disminuir el costo de la mano de obra nacional. En ese punto hemos insistido a través de los años proponiendo la integración de los inmigrantes al proceso de producción, haciéndoles llegar sus ingresos bajo la figura de bonos canjeables hasta que regularicen su estatus legal, tras una estancia de cinco años de trabajo en las empresas nacionales.
Por otra parte, la bolsa está a la baja y aunque 75% de sus operaciones, incluyendo NASDAQ, son realizadas por robots en el proceso conocido como “Trading Algoritmico”, el cuál es capaz de comprar o vender en segundos, aún así la baja continúa. Esta tecnología denominada Smart Router Order (SOR), hace las operaciones de bolsa en la forma más inteligente posible, incluso a la baja, son capaces de ganar. Resulta que los inversionistas normalmente compran y luego venden. En un mercado a la baja es al revés, se vende primero y después se compra.
Hay economistas afirmando que debido a que el coronavirus amenaza con paralizar el crecimiento global, estaríamos cerca de una recesión. Por ejemplo, se dice que China crecerá solo 1% en el primer trimestre, cuando se esperaba 6.3%. Sin embargo, también hay economistas que predicen que los precios de productos básicos se recuperarán muy pronto.
Para ayudar a la problemática, el presidente Trump aprobó con urgencia $8,300 millones para compensar a los gobiernos locales. De igual forma, está prometiendo una ayuda federal de $50,000 millones. Aquí es cuando surge una inquietante pregunta. ¿cuál es peor, la pasada crisis económica del 2008, o la presente?
Resulta que en la pasada se otorgaron dos paquetes de estímulo para rescatar la economía; el primero de $700,000 millones concedido por el Presidente George W. Bush, y el otro de $787,000 millones, concedido por el Presidente Barack Obama.
Si la actual crisis es mayor, e incluso es global, somos de la opinión que se deben proponer rescates mayores y no solo de $50,000 millones. Y evidentemente, con carácter de urgencia, se deben comprar grandes cantidades de bonos en la bolsa para calmar la incertidumbre del mercado de capitales.
Economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.