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Opinión

Siempre es Viernes Santo, tiempo de reafirmar nuestra creencia en la compasión de Jesús

Este Viernes Santo nos encuentra muy cambiados. Un ínfimo e incontrolable microorganismo ha logrado desestabilizar feamente nuestra economía, planes y sueños. Nuestras prepotencias altaneras, falsas seguridades y consumismo obsesivo se tambalean también asustados. ¿Habrá algo que aprender?

En las universidades el término “sociedad líquida” describe hace rato a la nuestra que ya no admite ni respeta sistema alguno de valores como normativo. “No quedan muelles firmes donde acercarnos para anclar las naves, donde afincarnos para definir algo como seguro, válido o confiable. Cada cual arma su propio sistema de valores o antivalores”.

El diagnóstico es realista. Venimos agotando por décadas las muy mermadas reservas espirituales que nos quedaban y la crisis nos sorprende desguarecidos. Nuestro inveterado afán por deshacernos de Dios para hacer lo que nos venga en gana se ha ido imponiendo. Solo que como en ocasiones anteriores, eliminado Dios, nuestra fibra moral personal y colectiva se resquebraja, colapsa.

El Cristo Crucificado que acompaña esta columna lo pintó hace décadas Salvador Dalí. Es el lienzo más preciado y controversial del Kelvingrove Museum de Glasgow. Una cruz inmensa con un formidable Cristo con la cabeza inclinada sobre un doble plano cósmico y terreno. Según Dalí, fue el fruto de un sueño único e inenarrable que tuvo y le permitió entender que el Universo y todo lo que acontece converge en Jesús Crucificado. Él es quien lo unifica y serena todo.

Aunque era hombre de fe, dudo que haya podido percatarse de la profundidad de lo que intentó plasmar en su lienzo. Cada vez que la Iglesia celebra el Santo Sacrificio del Altar –la Misa– Jesús pendiente entre cielo y tierra clama: “Perdónalos, Padre”. ¿Perdona qué? Por más que intentemos ignorarlo, en todos anida y se incuba el más letal de todos los virus: El pecado. Nuestro perenne y obstinado rechazo de Dios y su santa voluntad.

Un ejemplo entre incontables otros: Varias poderosas plataformas de material pornográfico decidieron otorgar acceso gratuito a su droga esta temporada de encierro obligado. ¡Oh inaudito altruismo! Resultado: Billones de horas adicionales de intoxicación masiva, adictiva en extremo, malsana. Se traducirán ineludiblemente en mayor descontrol sexual, violencia de género, matrimonios resquebrajados y demás miasmas.

Todo ello y demasiado más pesaba sobre las espaldas de Jesús aquel y este Viernes Santo. Celebramos su resurrección este domingo. ¿Resucitaremos Él? ¿Resucitaremos eternamente? Él nos aclaró limpiamente que todos no. Nos amó demasiado como para no alertarnos del peligro.

Pero toda esa gente admirable que agrias jornadas como estas y consistentemente trata de ayudar solidariamente a hambrientos, enfermos, presos y demás necesitados, Él nos aseguró que los recibirá en su Reino eterno. Hasta dónde yo sé, hasta los ateos despistados y sin mala voluntad van a entrar también siempre que arrimen el hombro. Repasa el evangelio de Mateo 25, 31-46.

Que no se desanime nadie; siempre hay plazas de voluntariado disponibles. Sigue siendo Viernes Santo y desde la Cruz Él sigue rogando: “Perdónalos, Padre”. Que su tierna y fiel compasión nos cobije a todos.

Agradezcámosle al Nuevo Herald el honrar nuevamente la fe de tantísimos de sus lectores para quienes Jesús Crucificado es y será siempre amado, único e indiscutido Señor y Redentor.

El autor es un sacerdote jesuita de Belen Jesuit Preparatory School.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de abril de 2020, 3:16 p. m..

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