Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

El milagro de Fátima sigue presente

De todas las apariciones marianas que la Iglesia Católica ha reconocido, las más conocidas son las de Fátima, en Portugal; la de Guadalupe, en México; y la de Lourdes, en Francia.

Desde el momento en que ocurrieron, esas tres ciudades se convirtieron en lugares de culto o peregrinación y sirvieron también de base a la filmación de varias películas: El mensaje de Fátima (John Brahm, Estados Unidos, 1952), Guadalupe (Santiago Parra, México, 2006) y La canción de Bernadette (Henry King, Estados Unidos, 1943).

Al parecer, el cine religioso vuelve a estar de moda. En 2018 se estrenó Fortuna, del director suizo Germinal Roaux y en 2019 The Painted Bird, del director checo, Václav Marhoul.

Y ahora, en el mes de abril, se estrena Fátima, dirigida por Marco Pontecorvo, un filme en el que no solo se recrea la aparición de la Virgen sino también los esfuerzos de la Iglesia y el gobierno por hacer que los niños que presenciaron el milagro lo negasen.

Acabo de ver uno de los trailers que la compañía Picturehouse ha dado a conocer y debo decir que el realismo de sus escenas y la belleza de sus paisajes me hicieron recordar la visita que mi esposa y yo realizamos al Santuario de Fátima hace unos años.

Al llegar, lo primero que nos sorprendió fue la inmensidad de su explanada. Quizás esa vastedad de asfalto haya sido la causa por la que no sentimos, al menos en los primeros momentos, la misma sensación de recogimiento espiritual que habíamos experimentado en otros lugares sagrados, como el Santuario de Lourdes, la tumba de San Francisco de Asís, o el Santo Sepulcro de Jerusalén.

Sin embargo, una vez que estuvimos dentro de la Basílica, una súbita sensación de paz se apoderó de nosotros. Fue una especie de catarsis de religiosidad que anuló la impresión negativa inicial. Sus 15 altares, dedicados a los misterios del Rosario, corren a ambos lados de la iglesia hasta el final de la misma.

Pero no es en estos altares donde los peregrinos se detienen a rezar, sino en las tumbas de Francisco, Lucia y Jacinto, los tres niños que presenciaron la aparición de la Virgen.

Recuerdo que cuando salimos de la Basílica estaba lloviendo y tuvimos que refugiarnos debajo de una de sus columnatas a esperar que escampara.

Entonces vimos, desde donde estábamos, que en la Capilla de las Apariciones había comenzado la misa. Así que sacamos las sombrillas y caminamos hasta allí. Y aunque no logramos entrar porque había muchas personas, pudimos ver el altar que se encuentra justo en el lugar donde Lucía dos Santos, de 10 años, y sus primos Jacinta y Francisco Martos, de 6 y 9 años, respectivamente, vieron a la Virgen por primera vez, el 13 de mayo de 1917.

Estos niños, conocidos como “los tres pastorcitos”, relataron que al sentir el reflejo de una luz que se aproximaba, habían visto a una señora vestida de blanco surgir de un encino. Para cuando ocurrió la sexta aparición, ya Lucía había recibido los tres mensajes de la Virgen, conocidos como los “Secretos de Fátima”.

Justo al terminar la misa, la lluvia cesó. El cielo seguía encapotado, pero al pasar junto a la escultura que reproduce el nacimiento de Jesús, el sol comenzó a salir entre las nubes. No teníamos tiempo para más. Salimos en silencio de la Plaza y emprendimos el camino de regreso a Lisboa.

Después de aquella visita no hemos vuelto al santuario. Creo que quizás no necesitemos hacerlo. Y es que gracias a la magia del cine, la Virgen de Fátima ha regresado a nuestras vidas.

Escritor cubano. Correo: manuelcdiaz@comcast.net.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de abril de 2020, 1:22 p. m..

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA