Trump vs. Lincoln: una batalla perdida para el actual presidente
Uno de los consejos más sabios del presidente Abraham Lincoln dice que “la grandeza de un hombre se puede juzgar por lo que le hace enojarse”.
Lo cual sirve igualmente para juzgar la pequeñez. Y con tantos enanos mentales en estos tiempos, el termómetro lincolniano del enojo es francamente útil para identificarlos. Por ejemplo en el caso de los suspicaces, que cuando se sienten aludidos por la más mínima tontería empiezan a disparar insultos y acusaciones.
Le está sucediendo estos días con especial virulencia al actual inquilino de la Casa Blanca. Y aunque la ira es para Donald Trump el motor de su vida; y aunque estar sentado como está él sobre un volcán económico, con 80,000 muertos por el coronavirus y ante un abismo electoral, justificaría la frustración de cualquiera, en este caso la furia del presidente tiene que ver con algo distinto. Algo que a su frágil ego le asusta mucho más.
Teme oír la verdad. Sobre su ineptitud, su mendaz malevolencia y su borroso futuro. Y se la están vociferando quienes más pueden herirle políticamente.
Los enemigos postizos
Lo fácil para Trump siempre ha sido apuntar el fuego contra los enemigos postizos que va fabricando en su mente: Hillary, o la prensa, o los demócratas, etc. Lo difícil, y por lo que está encolerizado, es enfrentar el fuego de enemigos muy reales, muy eficaces y muy republicanos de toda la vida.
Y que además de republicanos de casta son prominentes a nivel nacional, con gran influencia y manejo de los medios de comunicación. Que no dependen de la disciplina partidista ni se deben a los votos trumpistas. Eso es precisamente lo que convierte en enemigos formidables a los fundadores de The Lincoln Project, una plataforma conservadora con una única misión: derrotar a Trump y al trumpismo en las elecciones de noviembre.
“El patriotismo y la supervivencia de nuestra nación, a la vista de los delitos, corrupción y la naturaleza corrosiva de Donald Trump, son un llamamiento que trasciende la política. Como americanos, tenemos la obligación de detener el daño que él y sus seguidores están causando al orden legal, a la Constitución y al carácter de la nación”, reza en parte el manifiesto de The Lincoln Project.
Los firmantes están encabezados por el abogado George Conway, célebre por méritos propios y últimamente también en el candelero por ser el esposo de la asesora y confidente de Trump, Kellyanne Conway.
El intercambio diario de improperios entre el renombrado jurista y el atribulado presidente, en especial vía Twitter, es más que memorable; desde hace meses se ha convertido en el deporte nacional para millones de tuiteros y observadores. Y al mismo tiempo en una fuente inagotable de fascinación, porque ¿alguien se imagina cómo deben ser las comidas en ese hogar, con el matrimonio Conway, sus cuatro hijos sentados a la mesa y el fantasma de Trump en el centro?
América ‘de luto’
Esta semana, la temperatura de insultos Trump-Conway se ha puesto al rojo vivo, tras un demoledor anuncio publicitario. Titulado “Mourning in América”, hace un juego de palabras evocando el mensaje de Ronald Reagan, “Morning in America”. Pero los significados son totalmente opuestos: la sombría América “de luto” (mourning) frente a la optimista en la que “amanece” (morning).
El comercial muestra imágenes de un país asolado, con factorías cerradas y miles de personas con mascarillas haciendo fila en los bancos de alimentos, y en el trasfondo una voz narra la calamitosa gestión de Trump:
“ … Miles han muerto a causa de un virus que Trump ignoró, millones han perdido el trabajo por una economía desastrosa… Bajo el liderazgo de Trump nuestro país está más débil, más enfermo y más pobre… Si tenemos otros cuatro años más como estos ¿seguirá existiendo América?”.
Con el anuncio –que apareció el lunes en Fox News– lograron quitarle el sueño al señor presidente, que a la 1 de la madrugada tuiteaba desaforado acusando a los miembros de The Lincoln Project de no ser republicanos auténticos, o sea de no arrodillarse ante él. El mejor epíteto que les propinó fue “perdedores”. Palabra que siempre ha obsesionado a Trump, como si fuera una premonición de su destino.
Luego se prodigó en insultos individuales, apodando a “Conway Moonface”, piropo que el abogado le devolvió con el de “Orange Face” (por el color anaranjado del bronceador que Trump usa a diario). Y a otros integrantes del equipo, como al estratega político y escritor Rick Wilson, tildándole de “loco”, probablemente molesto por el bestseller de Wilson, “Todo lo que Trump toca se destruye”.
Hay que admitir que “Mr. Clorox” es muy hábil poniendo apodos. Su mala suerte es que siempre benefician a los insultados. En este caso, “Mourning in America” se hizo viral, alcanzando a casi 20 millones de personas. La bonanza también fue económica: $2 millones en pequeñas contribuciones en menos de 48 horas.
Es solo un aperitivo de la campaña que tienen prevista para el otoño, de bombardear las televisiones de los estados claves para la elección, en particular Wisconsin, Michigan, Pennsylvania y Florida. “Le vamos a dar duro”, subrayó Wilson. Y Conway añadió, “Si este [comercial] no le ha gustado, realmente no le van a gustar nada los otros que tenemos para él”.
Ya que el proyecto se inspira en el noble presidente que luchó por la unidad del país y por el fin de la esclavitud, en marcado contraste con el divisivo y mendaz Trump, quizá la campaña publicitaria debiera pregonar otro de los principios lapidarios de Lincoln: “Ningún hombre tiene una memoria suficientemente buena para ser un mentiroso con éxito”.
Periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.