El tren conector Baylink, ¿otro cuento chino?
Podría decirse que el llamado conector de Baylink, que une el centro de la ciudad de Miami con South Miami Beach, está estancado debido a pasos en falso dados por la administración actual del condado.
No es lo estancado que está; si no la encrucijada en la que se encuentra.
Aquí están las buenas noticias.
En la última reunión de la comisión del condado, la junta examinó dos recomendaciones del alcalde. Una era gastar más de $160 millones para un nuevo sistema de señales sincronizadas, que están destinados a reducir la congestión del tráfico en el condado. El otro era negociar con un licitador o postor no solicitado (Genting a través de su filial de Hong Kong, Genting Malaysia Bhd, a través de su subsidiaria de propiedad absoluta, Resorts World Miami LLC) que diseñaría, construiría y operaría un monorraíl a través del MacArthur Causeway.
En cuanto a Baylink, ahora es el momento de echar atrás la farsa de que se trata de un conector de tren ligero a un costo de $770 millones que costaría a los pasajeros $5 por viaje, lo que es inasequible para los viajeros o residentes, dado que la distancia atravesada es de apenas tres millas.
Esto es lo que el alcalde debería haber recomendado en su lugar. Siguiendo con la resolución del Comité de Política Ejecutiva de Baylink, en el que Giménez sirvió (como yo), lo que debería estar en proceso es un sistema construido y operado por el estado de Florida conjuntamente con las dos ciudades y el condado. La resolución que lo pide fue aprobada hace más de cuatro años y sigue en vigor.
Usando la tecnología recomendada, que es monorraíl, el sistema costaría entre $150 millones y $160 millones. Eso podría hacerse con el dinero ahorrado del sistema de señalización ahora posiblemente obsoleto.
Alternativamente, si queremos tener una conexión perfecta entre el centro de Miami, Omni, Brickell y South Beach, podríamos extender el Metromover a un costo de $300 millones; los $140 millones adicionales podrían provenir de un special taxing district (como hicimos para las dos extensiones anteriores de Metromover).
Y aquí está la parte más importante. Ningún sistema de transporte público –especialmente uno que conecte los dos lados de una bahía justo al lado de donde se encuentra el puerto de cruceros más grande del mundo– debería ser construido u operado por una empresa extranjera con sede en Hong Kong, a cuyos ciudadanos se les está arrebatando la poca libertad que tenían.
Eso es muy grave, y nuestros dos senadores federales han dicho lo mismo.
Desde nuestra perspectiva local todo está mal. Nuestra fuerza de trabajo en el sector recreacional, 40,000 personas de los cuales trabajan en hoteles y restaurantes de Miami Beach, deben pagar cero o casi a cero por cruzar la bahía. El público asume los costos de capital, como lo hacemos en las carreteras. Y los costos de operación (que son mínimos) se pueden pagar cobrando a los visitantes y usuarios ocasionales una tarifa diferencial. Los turistas pagarían cualquier cantidad para montar lo que será un monorraíl parcialmente elevado a través de lo que ya es la bahía más atractiva del mundo.
Los usuarios ocasionales, como los aficionados a los conciertos y museos y los fanáticos de Miami Heat, con mucho gusto pagarán $10-$15 para evitar tener que estacionar en el centro de la ciudad.
En resumen, tenemos una ventana de oportunidad ante nosotros.
¡No lo arruinemos!
Xavier L. Suárez es Comisionado del Condado Miami-Dade.