Libertad vs. seguridad, una tensión particular en Estados Unidos
Las últimas semanas han sido excepcionales en Estados Unidos. Las imágenes de la captura y muerte de George Floyd exacerbaron el sentimiento de inseguridad y vulnerabilidad de la población afroamericana, a la vez que las protestas y la violencia resultantes también hicieron sentir vulnerable al resto de la población. Un grafiti escrito cerca de una Casa Blanca asediada por los manifestantes sintetiza este sentimiento de fragilidad que hasta los más privilegiados han descubierto: “Los ricos ya no pueden sentirse seguros”.
Otra imagen poderosa que aun hace parte del imaginario colectivo es la de las milicias armadas en el capitolio estatal de Lansing, Michigan, que en una demostración de fuerza exigen a las autoridades locales “cumplir con la Constitución” de Estados Unidos eliminando las restricciones a la movilidad y al desarrollo de la vida cotidiana. Mientras que las demostraciones de personas armadas contra las autoridades en los demás países del mundo normalmente buscan derrocar al orden establecido o a los gobernantes, para estos grupos armados el reclamo es de libertad y cumplimiento de la Constitución, que de acuerdo con su particular visión de la misma, les garantiza el acceso a las armas y una movilidad sin restricciones, independientemente de los riesgos que estas demandas puedan acarrear a sus comunidades.
Así, el concepto de derecho a la libertad, profundamente arraigado en la identidad estadounidense, se convierte en una causa airada de reclamo con trasfondos políticos en ciertos sectores de la sociedad. En aras de la libertad de expresión el presidente Trump reclama a Twitter el derecho a expresarse de cualquier forma. Por otra parte el derecho a la libertad individual y a la libre empresa se percibe como absoluto para muchos de sus habitantes y hace parte de su himno y de la narrativa de su origen como nación.
A nadie en Italia, España, China, Brasil o Rusia se le ha ocurrido salir armado a reclamar su libertad y la eliminación de restricciones a la movilidad, en un contexto de emergencia por razones de salud pública. Incluso, a estas alturas del siglo XXI, después de decenas de matanzas de inocentes, la ley en Estados Unidos reconoce el derecho a comprar y portar armas como una garantía constitucional asociada con la libertad del individuo, su derecho a la seguridad incluso frente al estado, y la protección de los derechos del ciudadano.
Además de la libertad, la seguridad es también un concepto acendrado en la psiquis colectiva de esta nación. En las conversaciones corrientes se hace referencia frecuente a la palabra seguro (“safe”) como un deseo o un elemento integral de la vida del habitante promedio. Con frecuencia se pregunta, a manera de saludo, de despedida o en la conversación casual si tuvimos un vuelo o viaje seguro, si los niños o los adultos están en condiciones seguras o si el ambiente es seguro. De hecho por muchos años ese sentimiento de seguridad e invulnerabilidad fue único y especial para este país. Después de la guerra civil en el siglo XIX, por muchos años la sociedad fue inmune a las inseguridades propias que surgían de la inestabilidad que tenía lugar en otras partes del mundo. Incluso, y a pesar de su participación en las guerras mundiales del siglo XX, la única acción de guerra en suelo estadounidense fue el ataque a la base de Pearl Harbor mientras que los civiles de decenas de países en diferentes continentes sufrieron lo indecible.
Solo hasta finales del siglo anterior y comienzos del presente se comenzaron a vivir episodios traumáticos de violencia que trascendieron a la sociedad estadounidense, como los casos de ataques masivos por parte de jóvenes desadaptados a estudiantes y profesores en centros educacionales o los eventos excepcionales de iglesias extremistas como la de Waco en Texas.
De hecho, solo hasta los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 el ciudadano promedio entendió que su tranquilidad podría verse radicalmente vulnerada por eventos y tensiones que se originaban en otros continentes. En los últimos años la percepción de seguridad que tenían los norteamericanos de sí mismos y de su capacidad tecnológica para enfrentar amenazas del exterior también se vio fuertemente afectada, quedando en evidencia una ausencia de liderazgo efectivo que ha hecho que millones de ciudadanos, acostumbrados a valorar la seguridad como un atributo de su nacionalidad, hoy se sientan muy vulnerables frente a amenazas internas y externas.
En este período especial la sociedad estadounidense se enfrenta a la tensión entre libertad y seguridad de una manera muy diferente a la forma como otras naciones perciben el mismo dilema. Es muy probable que esta tensión trascienda y se exprese de diferentes maneras en la contienda electoral que se avecina. Por una parte, la perspectiva de la seguridad para Joe Biden y los demócratas se asocia con el concepto de liderazgo “con principios”, responsable, enfatizando en la necesidad de proveer una seguridad económica a la clase media. Para esta visión la seguridad es un desafío común que requiere un diálogo local y una respuesta global, y la libertad económica es un bien que tiene limitaciones y debe observar criterios mínimos de justicia social y de distribución del ingreso.
La plataforma republicana vincula la seguridad con el nacionalismo y sugiere que la sociedad se debe proteger de los enemigos que la ponen en riesgo. La seguridad bajo esta óptica incluye una reducción de la inmigración y protección de las fronteras, respondiendo con hostilidad a quienes son percibidos como fuentes de vulnerabilidad internas o externas que deben ser debilitados como China o la OMS. La protección de la libertad está atada a la capacidad de combatir estos enemigos, a la libertad de empresa, a la preservación de su interpretación de la constitución y de los valores tradicionales de la familia, la libertad religiosa y el trabajo, permitiendo el crecimiento de la economía sin las limitaciones propias del multilateralismo y la regulación doméstica.
Aunque ninguno de los dos partidos hace referencia al dilema entre libertad y seguridad asociado con un contexto social y político cada vez más complejo en sus plataformas para las elecciones del 2020, es presumible que el efecto que la crisis del coronavirus y las tensiones raciales pesarán sobre las decisiones que tomen los votantes en noviembre.
Seguramente las afectadas finanzas familiares y el creciente sentimiento de vulnerabilidad van a pesar en la elección que se avecina. La narrativa republicana, más simplista y simple a la vez, luce más eficiente en un contexto electoral, en tanto que los demócratas, a pesar de los recientes pronunciamientos de Barack Obama, aún no consolidan un discurso incluyente que los votantes puedan incorporar fácilmente en sus conversaciones.
Lograr conciliar y comunicar eficientemente las diferentes posiciones sobre libertad y seguridad que tienen tanta ascendencia en la psiquis estadounidense será sin duda un reto para quien busque capturar los votantes del centro de estos complejos extremos.
Ex presidente de oriGIn - Especialista en Intangibles. @lfsamper