El oxígeno de Obama y ‘El Cambio’, todavía una parte de la conciencia de Cuba hoy
Durante más de 50 años, he observado a políticos oportunistas explotar astutamente el dolor y el sufrimiento del votante cubanoamericano en el sur de Florida solo para ser elegido.
Algunos términos despectivos seguidos por políticas odiosas, calculadas y destructivas dirigidas a Cuba y sus ciudadanos para agravar la miseria, el hambre y el dolor en toda la isla, nos dicen, seguramente incitará que el pueblo se levante, rebele y derrumbe al gobierno cubano. La triste realidad es que este enfoque logró ganar muchos de nuestros votos, pero ha fallado en avanzar cambio positivo en Cuba.
El presidente Barack Obama es el primer presidente de Estados Unidos cuyo enfoque hacia Cuba amenazó cambiar la relación codependiente entre los intransigentes en Cuba y Estados Unidos. El 21 de marzo de 2016, Obama viajó a La Habana no solo para enterrar los últimos restos de la Guerra Fría, pero para cultivar las semillas del cambio dentro de Cuba. Frente a un público aturdido, en toda la isla y más allá, Obama desafió a la juventud cubana a “mirar hacia el futuro... que puedan elegir, moldear y construir”, una transición de la economía y gobierno cubano.
Luego, reforzó su resolución, miró directamente a Raúl Castro y dijo: “Los ciudadanos deberían ser libres de dialogar lo que piensan sin temor de organizarse, de criticar a su propio gobierno”, y desafió al gobernante cubano a “no temer las diferentes voces del pueblo cubano y su capacidad para encontrarse y reunirse”. Palabras como estas nunca antes habían sido dichas por un jefe de Estado extranjero en suelo cubano. El suyo fue un mensaje colocando al pueblo cubano como los protagonistas de su propio futuro.
Las palabras de Obama me inspiraron a regresar a Cuba por primera vez en el 2016, 56 años después de que mi familia y yo emigramos a Estados Unidos. Mi viaje a la tierra de mi nacimiento fue tan esclarecedor que volví nuevamente en el 2017 y 2019 para viajar a lo largo de la isla y conocer a tantos jóvenes emprendedores nuevos de Cuba como me fuera posible, mientras que respondían al desafío de Obama y respiraban su oxígeno. Encontré que una nueva frase dominaba la vida cubana en todos los lugares que visité. Todos anhelaban y esperaban “el cambio”.
El joven contador público Pedro, a quien conocí en La Habana en 2016, hizo crecer su naciente compañía tan rápido, que ya en 2018, había comprado dos casas de sus ganancias; una para mudarse y otra para ubicar su oficina. En 2019, estaba buscando comenzar una sucursal en Camagüey; tenía 35 empleados.
En el mismo viaje, conocí a otro joven empresario cubano llamado Maidel, que ganó en ahorros suficiente para también comprar dos casas cerca de Holguín, una a la que se mudó con su esposa y niña pequeña y la otra que alquila como “Bed and Breakfast”.
Osvaldo compró un rancho para criar ganado y caballos en Ciego de Ávila durante el 2016 y le vendía la carne directamente a los restaurantes privados en Camagüey. En 2017, le compró la tierra adyacente al gobierno para plantar verduras y criar faisanes destinados a los nuevos hoteles de cinco estrellas en La Habana.
Al igual que Pedro, Maidel y Osvaldo, también se crearon miles de nuevas empresas privadas en toda la isla de Cuba entre el 2016-2018; un triunfo neocapitalista en Cuba antes de que el presidente Donald Trump terminara impetuosamente la política de Obama.
Estos jóvenes neocapitalistas anhelan que se elimine el látigo de Trump para poder continuar sus historias de éxito y sus negocios privados. Añadamos a esto, el advenimiento del internet, las redes sociales, el servicio de telefonía celular en Cuba, más la nueva Constitución cubana que garantiza el derecho a poseer negocios y propiedades privadas, y no es ningún secreto que el gobierno cubano, hoy en día, está muy consciente que están perdiendo la juventud cubana a causa de las palabras de oxígeno de Obama y las esperanzas del cambio.
Como resultado, han indicado su voluntad de negociar los próximos pasos para la política de acercamiento de Obama, incluso si eso significa que los temas que estuvieron fuera de la mesa de negociaciones en el 2016 ya no sean tabúes. Esta es la oportunidad que hemos estado esperando como cubanoamericanos para influir un cambio generacional en Cuba.
Desafortunadamente, Trump está ciego y sordo. Joe Biden está dedicado a “el cambio” en Cuba.
El 3 de noviembre, los cubanoamericanos tenemos una opción distinta: podemos elegir a Joe Biden, que trabajará incansablemente para empoderar al pueblo cubano y promover la causa de los derechos humanos y cambio positivo en Cuba, o nosotros podemos seguir permitiendo que Donald Trump continúe aprovechándose de nuestra comunidad, para su propio beneficio.
Mario Cartaya es un arquitecto cubanoamericano, dueño de su propia compañía de arquitectos en Fort Lauderdale, Florida, desde 1979. Graduado con altos honores de la Universidad de la Florida. Emigró de Cuba con sus padres en 1960.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de junio de 2020, 2:06 p. m..