Las familias latinas no deben temer a los cuidados médicos de ‘hospice’
Los latinos siempre hemos sido gente muy unida. Desde que abrimos los ojos al nacer hasta que respiramos profundamente por última vez, nuestros seres queridos siempre nos rodean y llenan nuestras vidas con amor.
Hoy día, nuestra manera de ser ha sido completamente interrumpida por causa del coronavirus. Como doctora en medicina, he visto como estos tiempos de aislamiento han producido una gran soledad en mis pacientes. Los veo sufrir, enfermos e ingresados sin poder tener compañía de algún familiar. Al llamar a los familiares presiento el desespero que ellos sienten por causa de la distancia, y me atormenta que no puedo hacer algo para aliviar ese dolor.
En junio este sufrimiento se desarrolló a ser aún más personal. Estaba trabajando en el hospital de Duke en Carolina del Norte cuando mi papá me llamó desde Miami y me dice: “El doctor me informa que el abuelo está grave. Quiere saber si lo intuba o no”. Sentí un tremendo dolor en el estómago al oírlo, reconociendo que algo serio le estaba sucediendo a mi abuelo, mientras él permanecía solito en el hospital. Qué no haría para poder estar ahí con él, tomándole la mano. Como doctora en medicina también tenía la preocupación que, con el acto de intubar, mi abuelo tendría que estar aún más tiempo en el hospital y quizás hasta fallecería allí sin nuestra compañía. Nos preparamos inmediatamente para viajar en nuestro auto a Miami.
En el transcurso de mi viaje, me mantuve en contacto con mi familia. Gracias a Dios los doctores y enfermeros pudieron estabilizar a mi abuelo sin intubarlo. Pero me preocupaba mucho encontrar la forma para que le dieran el alta y que pudiera estar con nosotros nuevamente en su casa. Mi abuelo tenía 86 años y padecía de problemas de la memoria. No quería imaginarme el susto y la confusión que probablemente sentía al despertar en un ambiente desconocido dentro del hospital. Además de eso, tenía un cáncer bastante avanzado, y no parecía justo obligarlo a unos tratamientos que lo mantuvieran lejos de nosotros.
Después de tres larguísimos días, logramos llevar al abuelo a su casa con la ayuda del servicio del Hospice. Para los que no conocen Hospice, son cuidados médicos que se le proveen a las personas que están enfermas, con menos de seis meses de sobrevivencia. Estos cuidados pueden ser en la casa del paciente, con enfermeros especializados que pueden visitar al paciente varios días a la semana y algunas veces permanecer hasta 24 horas al día para los más enfermos.
El énfasis y finalidad con Hospice es mantener el paciente feliz, cómodo, sin dolor y sin falta de respiración. Aún más importante para mí es que Hospice también previene la necesidad de ir al hospital, en vez manteniendo al paciente en su casa, rodeado por sus seres queridos. Todos los ciudadanos de Estados Unidos cubiertos por Medicare tienen derechos a Hospice sin ningún costo. La mayoría de los seguros médicos privados también cubren estos servicios. A pesar de lo fácil que es inscribirse en estos servicios, muchos latinos no aprovechan de estos cuidados médicos. Varios estudios han considerado que esto es debido a la falta de conocimiento que el latino tiene de Hospice, o quizás tiene que ver con nuestra voluntad y actitud de luchar hasta el final, sin dar tregua y sin aceptar que a veces ya no vale la pena mantener tratamientos tan agresivos.
El día que mi abuelo llegó a su casa, no paraba de sonreír. Desde su camita sonreía y compartía con todos nosotros. Mi tía le preparó una sopa de pollo y disfrutamos de la manera que lo saboreaba y pedía más. Pudimos consentirlo hasta el máximo ese día. Tristemente falleció esa misma noche, pero a pesar del dolor que nos daba no tenerlo, siento una paz inmensa por haberlo tenido en la casa con la ayuda de Hospice.
No me quiero imaginar el trauma que varias familias han sentido durante esta época con seres queridos enfermos, muriéndose en el hospital sin un visitante. Por eso mismo decidí escribir y contarles acerca mi historia. Sé que como latinos, somos luchadores y la idea de Hospice es frecuentemente rechazada por que significa que reconocemos que alguien está grave y no va a recibir más tratamientos. Como doctora en medicina, deseo también explicar que a veces los tratamientos causan más dolor que ayuda.
Ahora en la época de coronavirus, los tratamientos también pueden aislar a los pacientes de sus familiares. Por eso mismo les suplico que hablen con sus seres queridos para poder entender cómo quieren pasar los próximos días, meses, y años de su vida. Si no quieren pasarlo dentro del hospital, eso puede ser una decisión aceptable.
No teman al Hospice, un servicio magnífico para los que lo necesitan, y sepan que allí siempre hay médicos y enfermeros a la mano para ayudarlos en estos momentos difíciles por los que atraviesa nuestro país.
Cindy Medina Pabón, MD. Correo: cindymed6@gmail.com.