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Opinión

La nueva Inquisición: la memoria histórica bajo ataque

Hemos visto los intentos de algunas personas por deconstruir la historia con actos vandálicos en Estados Unidos, hemos visto desatado actos de violencia que se ha extendido a otros países.

En Londres, la estatua de Winston Churchill ha sido protegida contra los vándalos; en Copenhague, la Sirenita, esa dulce y serena guardiana de la ciudad, ha sido objeto del ataque de la sinrazón; y en Barcelona, la emblemática estatua de Cristóbal Colón frente al mar apuntando a la América promisoria, está hoy amenazada también por la furia demoledora de algunos grupos.

Mas naveguemos por los mares del tiempo…

Es incuestionable que el intrépido almirante, el aventurero y conquistador Cristóbal Colón realizó en 1492 una gesta sin precedentes: el primer viaje transatlántico de la humanidad para establecer una civilización, cuya trascendencia y significado cambiaron el rumbo de la historia. (Los vikingos llegaron primero a estas costas pero no establecieron sociedades en este lado del Atlántico).

Por supuesto América ya estaba ahí, pero no se llamaba América.

No se trata de borrar o ignorar los atropellos cometidos entonces, como tantos, tantísimos, que definen la historia humana. Pero es importante señalar que la esclavitud formaba parte del mundo desde la antigüedad, un mal que ya hemos superado, no así en África donde hoy pervive la esclavitud en algunas poblaciones, así como el continente aún se desangra por cruentas guerras civiles entre pueblos.

El hecho histórico permanece, porque sobre los hombros de nuestros antepasados se ha construido la civilización. Superar los errores del pasado es lo que constituye el progreso y lo que acaso nos distancia de las tribus primitivas. Aprendamos de todo ello. La ignorancia a veces lleva a querer borrar las aportaciones de otras épocas que han pavimentado el largo camino que nos trae hasta aquí. Por eso, aprendamos también de ello.

No es el maniqueísmo lo que debe predominar: los “buenos contra los malos”, porque además, en América unos pueblos esclavizaban a otros como hicieron los Aztecas con otros pueblos indígenas, o los Caribes en las Antillas. Inclusive, recientemente se ha comprobado que “Cristóbal Colón decía la verdad: los indios caribes eran caníbales”, según un nuevo estudio publicado en Scientific Reports.

Si de invasiones y atropellos se trata, tendríamos que “borrar” de un plumazo toda la historia.

Hoy estamos ante una nueva Inquisición, ante un neopuritanismo que no tiene ni pies ni mucho menos cabeza. En una democracia como la norteamericana, yo creo que esta violencia ciega de algunas personas obedece a la ignorancia y agendas desestabilizadoras.

Quienes han osado (porque los hay) comparar estos actos vandálicos con acontecimientos tan dramáticos como la caída del Muro de Berlín, pasan por arriba la historia y la atropellan. Porque un sistema como el comunismo fue la causa de mucha miseria y de mucha represión. Estados Unidos goza de una democracia plena, con sus defectos, pero donde desde hace 244 años impera el “Rule of Law” (el imperio de la ley), siendo el mejor sistema que hasta hoy haya conocido la humanidad.

Y algo muy relevante: no es consecuente juzgar a hombres de siglos pasados con los valores y la idiosincrasia de nuestros días. En Francia, el presidente Emmanuel Macron ha dicho con sabiduría y sensatez: “No borraremos nuestra historia. No desmontaremos nuestras estatuas”.

Por último, ¿hasta dónde llegaríamos si descuartizamos las obras de arte que han sido construidas en otras épocas, si destruimos Versalles porque es ejemplo de explotación y desigualdad, si destruimos las catedrales góticas por ser portadoras de una religión que fue responsable de injusticias, si dejáramos a París sin sus estatuas y destruyamos los bulevares hechos por un emperador?

Sería una barbarie, equiparable a los talibanes derribando Budas centenarios. Sería despojarnos de la belleza que ha inspirado obras inigualables, sería negarnos el derecho a soñar, a entender de dónde venimos y a ser, en realidad, un poco mejores.

Ex reportera del periódico El Nuevo Día de San Juan, Puerto Rico.

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