El Congreso debe proteger a inmigrantes y minorías afectadas por COVID-19
A medida que el coronavirus arrasa la nación, ha afectado a todos los sectores de nuestra sociedad. Como era de esperarse, sin embargo, el coronavirus está afectando y ha sido particularmente mortal para las comunidades de personas de color, los pobres, las personas sin hogar y otras poblaciones vulnerables y desposeídas.
Aquellos sin acceso a trabajos que les permitan trabajar desde casa, aquellos que carecen de acceso a atención médica preventiva y, por lo tanto, tienen condiciones de salud precarias, y aquellos cuyos trabajos y situaciones de vida los obligan a acercarse a los demás son todos más vulnerables al virus.
El Congreso debe tener en cuenta en cada ronda de negociación, que la legislación de ayuda por el COVID-19 debe garantizar una mayor asistencia a las poblaciones más afectadas.
El otro grupo que es increíblemente vulnerable a los efectos de COVID-19 son los indocumentados inmigrantes que viven y trabajan con nosotros y a nuestro alrededor. Son nuestros vecinos, miembros de nuestra iglesia, amigos, familiares, estudiantes, y cada uno está hecho a la imagen de Dios.
Desafortunadamente, con frecuencia nuestras leyes que tienen un efecto importante en estas personas no respetan su dignidad, y en medio de la pandemia del coronavirus, en donde está en juego la vida de todos nosotros, es esencial que lo hagamos bien.
Actualmente, algunos indocumentados temen por sus vidas si van al hospital a buscar atención médica para tratar el COVID-19. Algunos han sido deportados a pesar de que tienen el coronavirus y necesitan atención médica. Esto no solo pone sus vidas en peligro, sino que también pone en peligro a las personas en el país al que están siendo deportados, los que probablemente tienen muchos menos recursos para lidiar con la pandemia que Estados Unidos. Además, algunos temen buscar atención médica a través de los servicios públicos, incluso hacerse una prueba de COVID-19, porque esto podría comprometer su solicitud de inmigración a través de la nueva Regla de Cargos Públicos establecida por el gobierno actual.
Otros han sido detenidos en campos de detención cerca de la frontera que se llenan tres y cuatro veces más allá de su capacidad. Estas condiciones ya son inhumanas, pero rápidamente se volverán mortales una vez que el coronavirus llegue a estos lugares.
Finalmente, los beneficiarios de DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, por sus siglas en inglés) están de nuevo viviendo con miedo diario, ya que el presidente Trump ha indicado que intentará de nuevo poner fin al programa DACA, solo que esta vez está tratando de realizar el procedimiento adecuado para que la Corte Suprema finalmente acepte su deseo de rescindir el programa. Para los beneficiarios de DACA esto significa la pérdida de su trabajo, atención médica, capacidad para acceder a la red de seguridad social, capacidad para proporcionar a su familia, y los pone en riesgo inmediato de ser deportados.
Estas son todas las situaciones que el Congreso puede y debe abordar.
Los indocumentados son vitales para el funcionamiento y el florecimiento de nuestra sociedad. Realizan trabajos cruciales y a menudo difíciles de llenar, como limpiar nuestros hospitales y otros espacios públicos, y proporcionan alimentos para nosotros al trabajar en mataderos y recoger as frutas y verduras en los campos. En este momento, hay 28,000 recipientes de DACA que son trabajadores de la salud que arriesgan sus vidas para salvar las nuestras. Nuestras vidas son más seguras y cómodas debido a la dificultades que soportan los indocumentados y los riesgos que enfrentan.
Además, ellos forman parte de nuestra comunidades, educan niños que son ciudadanos estadounidenses, y rezan con nosotros en nuestra Iglesias. Estas son muchas de las razones por las que debemos ofrecerles protección, pero no es la principal. Debemos ofrecerles protecciones porque es la acción correcta que debemos hacer.
Miqueas 6:8 dice: “El Señor Dios nos ha dicho lo que es correcto y lo que exige: ‘Mira que justicia se hace, que la misericordia sea su primera preocupación, y humildemente obedecer a su Dios”.
El amor de Dios por los pobres, los débiles, los marginados y los vulnerables está claramente expresado en las Escrituras. Y no está dirigida solo a los cristianos en su vida personal. Es para todos nosotros —la sociedad está llamado a cuidar a los pobres y a los vulnerables. Las directivas de Dios no solamente son para los individuos en nuestra sociedad, sino también para los funcionarios del gobierno.
Debemos pedir a nuestros senadores que nos ayuden a proteger a los marginados y vulnerables. Es imperativo que la próxima ronda de legislación para abordar el coronavirus incluya protecciones para asegurar que los indocumentados entre nosotros sean tratados con justicia y misericordia. Le pregunto a nuestros senadores de Florida: ¿se unirán a nosotros para proteger los derechos de los vulnerables?
Ruego a todos los que lean estas palabras que se unan a mí para llamar a nuestros senadores para que lo hagan.
Kent Ingle es el presidente de Southeastern University, una institución enfocada en Cristo que está ubicada en Lakeland, Florida. Es miembro fundador de la Alianza de los Presidentes para la Educación e Inmigración (The Presidents’ Alliance on Higher Education and Immigration). Actualmente también forma parte del Consejo Mundial de Liderazgo para la Oración, una red social para organizaciones de fe y organizaciones sin fines de lucro, y en la junta de la Florida Chamber Foundation.