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Opinión

Las cualidades de Joe Biden que Donald Trump no puede comprar ni fingir

Salvo los amargados, la mayoría de las personas desean tener un vecino amable, decente, dispuesto a ayudar. Sobre todo alguien que no siembre cizaña en el barrio para enfrentar a unos contra otros, como hacen los crueles y cínicos.

La metáfora del “buen vecino” me pareció muy apropiada cuando se la escuché estos días a la historiadora y premio Pulitzer Doris Kearns Goodwin, explicando las cualidades esenciales que debe tener un presidente: “Debe ser como un buen vecino”, subrayó la autora de siete libros sobre los mandatarios estadounidenses.

Igualmente, otro respetado historiador, John Meacham, coincidía en que el carácter del candidato es clave a la hora de decidir por quién votar. Según el autor de “El Alma de América”, hay atributos que diferencian claramente a los líderes que un día serán inmortalizados en el olimpo político de los que acaban en el basurero de la historia:

“El arco moral del universo es largo, pero se inclina hacia la justicia. Lograr que ese arco se incline requiere que todos pongamos de nuestra parte. Y requiere un presidente de Estados Unidos con empatía, amabilidad y decencia, gran corazón y mente abierta”.

A lo largo de la Convención Demócrata quedó demostrado que Joe Biden es el buen vecino que posee esas virtudes, y algunas más: autenticidad, integridad, humildad, y fortaleza ante las tragedias. Amén de liderazgo y credibilidad, todas plasmadas en su electrizante discurso, el mejor de su trayectoria de servicio a la nación.

Biden hizo una homilía política contraponiendo el bien al mal, la esperanza a las tinieblas en que Donald Trump ha sumido al país: “Seré un aliado de la luz, no de la oscuridad”, afirmó Biden hablando desde el corazón, como ha hecho toda su vida. Algo que Trump, embaucador toda su vida, es incapaz de hacer.

Si alguien no lo cree, escuchenlo de su propia hermana, la ex jueza federal Maryanne Trump Barry, de 83 años, en un audio revelado este fin de semana por el Washington Post: “Donald es un mentiroso, no tiene principios, no se puede confiar en él …”.

En la grabación de varias horas Maryanne califica repetidamente a su hermano de farsante e incompetente. Tal revelación, añadida al arresto y acusación de fraude del estratega de campaña de Trump, Steve Bannon, (el último de siete condenados en la órbita de Trump) no son precisamente mensajes que inspiren confianza sobre las fábulas que el presidente intente vender en la Convención Republicana.

¿Alguien puede creer que tiene corazón cuando por ignorar al coronavirus durante meses han muerto más de 175,000 estadounidenses, a los que también ignora sin mencionarlos o consolar a las familias?

¿Alguien puede creer que Trump es un buen vecino cuando ya antes de llegar a la presidencia tenía más de 3,000 demandas en su nombre?

¿Alguien puede creer que Trump es decente cuando su meta cada día es sembrar cizaña, humillar a quien pueda y atacar a diestra y siniestra?

¿Alguien cree que es humilde y honesto cuando ha dicho más de 20,000 mentiras para glorificarse, sin importarle el daño a los demás y a la nación?

¿Alguien puede creer que tiene empatía y compasión cuando cruelmente se ha burlado de personas con defectos físicos o psíquicos, incluso imitando vilmente su discapacidad?

El contraste de las bajezas de Trump con la nobleza de Biden no puede ser mayor. Entre los muchos ejemplos de la legendaria compasión del ex vicepresidente vimos estos días al niño tartamudo Brayden Harrington al que Biden está ayudando a superar su problema, porque él mismo fue tartamudo y lo superó. Como ha superado tantas otras tragedias en su vida que le han fortalecido y aumentado su empatía.

El sentido de empatía, de proponer soluciones realistas a las crisis actuales —economía, sanidad y justicia social— y, sobre todo, de priorizar la unidad y la vuelta a la civilidad, centraron la plataforma de gobierno de Biden.

Su discurso fue tan arrebatador que enmudeció a los republicanos. En 20 minutos de alocución Biden pulverizó la maliciosa campaña caricaturizándole durante meses como un “viejo senil” y radical. Y sobre todo puso a temblar a Trump, tanto que a puro grito ordenó que se cambiaran los planes del show de “su” convención, envidioso del éxito de su rival.

¿Qué va a desplegar Trump esta semana, el avance del muro con el dinero robado por Bannon? ¿O el desastre de la gestión del COVID-19? ¿Los 175,000 muertos ? Los casi 50 millones de desempleados?

¿O van a montar una convención de sumisa adulación a Trump, como si esto fuera Corea del Norte? ¿Un show que excluya la realidad de las crisis que estamos padeciendo? ¿Una farsa que excluya también los cambios demográficos que han hecho un país multicolor y multicultural?

La convención demócrata ha sido un escaparate de gente real, problemas y soluciones reales. La primera de ellas unir a la sociedad. Gentes sencillas, colegas, familia y conocidos de toda una vida fueron bordando el perfil de Joe y de la hazaña que se propone y nos propone: restaurar el alma de América.

De eso trata esta elección. De restaurar la decencia y dignidad de la presidencia y de la nación que está destruyendo Trump, el profeta del odio.

Biden aspira a ser el antídoto: “El amor es más poderoso que el odio”, recalcó. “La esperanza más poderosa que el miedo. La luz más poderosa que la oscuridad”.

Periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de agosto de 2020, 4:11 p. m..

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