CARLOS DUGUECH: Los dueños del infierno
“Ya no es cierto que una guerra nuclear sólo dejaría secuelas en los países beligerantes.” (…) “Ya no podemos imaginar que las naciones alejadas del conflicto puedan simplemente olvidarse de la guerra y heredar un medio ambiente libre de las consecuencias políticas de las grandes potencias. Parece mucho más probable que para la guerra nuclear no existan santuarios sobre la Tierra”, Carl Sagan (1934-1962) en el libro El frío y las tinieblas, el mundo después de una guerra nuclear (Varios autores científicos, Alianza Editorial, 1984).
Estas expresiones del destacado estadounidense Sagan están en el contexto de la “Conferencia sobre las Consecuencias Biológicas de un Conflicto Nuclear”, celebrada en Washington en octubre de 1983, y de la que participaron científicos de distintas partes del mundo, también de la entonces URSS.
No es cierto –ni siquiera por casualidad– que EEUU, Francia, Rusia, Reino Unido y China sean “socios” en dos espacios de poder: en el Consejo de Seguridad de la ONU, como únicos miembros permanentes y con derecho a un insólito poder de veto desde hace 70 años y en el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) abierto a la firma hace casi medio siglo (1968). El propio artículo 1º del tratado ya está marcando una discriminación a favor de los dueños del infierno respecto a los otros países del mundo y firmantes del TNP: “Cada estado poseedor de armas nucleares” (en 1968 esas cinco potencias ya lo eran y además, las únicas) “que sean Parte en el Tratado se compromete a no traspasar a nadie armas nucleares…”. Y para más, el 2º artículo ajusta la exclusividad de “los cinco” con un texto casi impúdico: “Cada Estado no poseedor de armas nucleares que sea Parte en el Tratado se compromete a no recibir de nadie ningún traspaso de armas nucleares…”. Ni hace falta decir que casi todo el TNP está estructurado por ellos (los Cinco) y sólo para que sigan con sus arsenales nucleares. Siendo ello así, no está mal que cada lustro –tal como se había resuelto luego de extender indefinidamente el TNP en 1995 (en ese año vencía)– se realicen revisiones.
La “Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear”, celebrada recientemente en Nueva York, tuvo un escandaloso fracaso.
En rigor, fue un “triunfo” de los fuertes que impidieron, pese a lo declarado en un principio por John Kerry, secretario de Estado de los EEUU, que hubiera un documento de declaración conjunta. Se dividieron las aguas. La mayoría casi excluyente de los países miembros del TNP se esforzaron en las deliberaciones que por cuatro semanas llevaron adelante en Nueva York desde comienzos de abril hasta el 23 de mayo: pretendían que se convocara para el 2016 a una conferencia que tratara específicamente la conformación de un “Medio Oriente libre de armas nucleares”. De nada sirvió el clamor mayoritario. Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido hicieron lo suyo para apoyar a Israel porque de aprobarse la propuesta Israel se hubiera visto obligado a desmantelar sus arsenales nucleares que, se supone con razonable fundamento, contienen de 80 a 200 cabezas nucleares.
Se trata, entonces, de una asimetría entre los países de la región (Medio Oriente) que se pretende sea como la definida por el Tratado de Tlatelolco (vigente desde 1969) que define una América Latina y el Caribe libre de armas nucleares. Impedir por vía de boicot (EEUU, Reino Unido y Canadá) que se establezca –nada menos que en el Medio Oriente– una zona libre de armas más poderosas aún que las que destruyeron Hiroshima y Nagasaki hace 70 años, es una bofetada a las esperanzas de la Humanidad.
Y, particularmente, desarticula aquellas esperanzadoras palabras de Obama cuando en Praga (5/04/2009) expresó ante una multitud: “Y como potencia nuclear –como la única potencia que ha utilizado un arma nuclear– los Estados Unidos tienen la responsabilidad moral de actuar. No podemos tener éxito en este esfuerzo si sólo podemos iniciarlo. Entonces hoy, afirmo claramente y con convicción el compromiso de América de buscar la paz y la seguridad de un mundo sin armas nucleares”. Entre otras manifestaciones, este discurso de Obama, a noventa días de asumir como presidente de EEUU, contribuyó a que se le concediera el Nobel de la Paz de ese año. Tras seis años el presidente de Estados Unidos recibió congratulaciones del mismísimo primer ministro israelí Benjamín Netanyahu a través del secretario de Estado Kerry, conforme cita desde Jerusalén la agencia EFE: “Estados Unidos ha mantenido su compromiso a Israel de impedir una resolución sobre Oriente Medio que individualizaría a Israel e ignoraría sus intereses de seguridad y las amenazas que sufre en una región cada vez más turbulenta”.
Israel no firmó el TNP y demostró tener –desde afuera– más poder que los países que sí firmaron el Tratado. Una paradoja de la política internacional. Una demostración de hipocresía diplomática ante el mundo, ya que Irán, habiéndolo firmado, aceptó las inspecciones del organismo específico de la ONU.
Columnista argentino.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de junio de 2015, 4:10 p. m. with the headline "CARLOS DUGUECH: Los dueños del infierno."