En el Día de la Igualdad de la Mujer, también debemos lograr justicia de género
El Día de la Igualdad de la Mujer es una celebración anual que conmemora la disputada ratificación de la 19a Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos de América. Este año se cumple el centenario del triunfo que le otorgó el derecho al voto a la mujer. La culminación de su ratificación llevó más de 70 años de lucha. Y las mujeres de color, para todos los efectos prácticos, no consiguieron el voto hasta el “Voting Rights Act” (Ley del Derecho al Voto) de 1965.
Por todo el país, aún podemos observar la supresión del voto, manifestándose en acciones como las leyes de identificación del votante (“voter ID”), el cierre de los colegios electorales en las comunidades de mayoría negra o morena, la purga de las listas de votantes o los obstáculos injustamente impuestos a los ciudadanos previamente encarcelados que regresan a la vida civil (“returning citizens”).
El centenario es una celebración de la victoria y un aprendizaje. Las mujeres sufragistas blancas excluyeron, activa y frecuentemente, de su movimiento a las mujeres negras y, aunque la 19a Enmienda, técnicamente, otorgó el derecho de voto a todas las mujeres, muchas mujeres negras tuvieron que afrontar retos monumentales originados por estrategias de privación del voto, como los impuestos regresivos de los “poll taxes” y las pruebas del alfabetismo. Adicionalmente, se denegaba el derecho a la ciudadanía a la población indígena, latina y asiática, lo cual las excluía del voto.
Este aniversario es el momento de reflexionar sobre el concepto de igualdad y su naturaleza esquiva en la cultura americana, en parte, derivado de la falta de disposición de compartir el poder por las mujeres blancas.
Podemos estar seguros que la Igualdad de la Mujer no se encuentra en la taza rosada con la inscripción “Girl Boss” (Mujer Jefa) o en la lista de CEOs femeninos, diseñada para probar paridad de género.
La Igualdad de la Mujer debe residir en el alma y en el subconsciente colectivo de nuestra sociedad. Igualdad no es una palabra para añadir en un seminario cibernético para darle credibilidad, sino en el espíritu en el que debemos habitar.
Las políticas son piezas increíblemente importantes del rompecabezas; las políticas dan credibilidad a la identidad, a la justificación legal de existencia y a las trayectorias concretas hacia las soluciones.
Nuestra pasión es luchar por el establecimiento de políticas que mejoren la vida de todas las mujeres y podemos asegurarles, que la “Comisión para las Mujeres del Condado Miami-Dade” batalla enérgicamente para que todas estas políticas transformen la vida de las mujeres, mejorando su estatus financiero, de salud y de seguridad.
Pero la raíz perniciosa del problema está muy próxima a cada uno de nosotros. Está en nuestras cocinas, cuando nuestras madres le dicen a sus hijas que paren de comer, mientras añaden una segunda ración a los hijos. Está en nuestras aulas, cuando el maestro pide un “chico fuerte” para acarrear la silla. Está en la entrevista, cuando los gerentes no pueden determinar con exactitud por qué pensaron que el pelo natural de la mujer negra parecía desordenado y decidieron no contratarla. Está en nuestra rápida aceptación de que “los chicos siempre serán chicos”, lo cual acaba desembocando en la negligencia legal hacia las víctimas de la violencia doméstica.
Está en la forma en la que valoramos el trabajo de la mujer frente al del hombre y el de la mujer blanca frente al de la mujer negra. Está en los responsables que toman las decisiones que pagan un 32% más a los hombres con títulos universitarios que a las mujeres con los mismos títulos. Está en los trabajadores de salud que, en conversaciones casuales, hacen comentarios tan frustrantes como “estas mujeres no aprenden a mantener las piernas cerradas”.
Está en buscar cualquier justificación para despedir a la empleada embarazada, mientras celebran el nacimiento del hijo de un empleado masculino. Está en el/la enfermero/a que, entrenando a los nuevos licenciados, y apuntando a la habitación donde una mujer negra grita con dolores agónicos, les avisa de que se cuiden de las pacientes que sufren anemia drepanocítica (“sickle cell patients”) porque “todas” mienten para tener acceso a las drogas. Está en los cientos de mujeres, la mayoría de ellas negras y morenas, que mueren cada año por causas relacionadas con el embarazo, que podrían haber sido detectadas y evitadas por cualquier equipo médico carente de prejuicios.
Podríamos tener 100 Enmiendas de Igualdad de Derechos (“Equal Rights Amendments”) que produjeran cambios estructurales de política, pero el problema con el Día de la Igualdad de la Mujer reside en que más que igualdad de género, necesitamos Justicia de Género, la cual comienza con nuestros propios prejuicios.
La igualdad se asemeja a un consejo de administración de una empresa Fortune 500, con cinco hombres y cinco mujeres. Justicia de Género equivale a que las mujeres vivan sin miedo a perder la vida o a ser asesinadas, independientemente de a quien amen o cómo se identifiquen, a que tengan autonomía sobre sus propios cuerpos y que puedan permitirse el tener una vida completa, sin importar su trabajo o su nivel educativo.
Por tanto ¡Feliz Día de la Justicia de Género! Que podamos celebrar todos nuestros éxitos y aprendamos de nuestros tropiezos, para allanar el camino que conduzca a una justicia profunda en nuestras políticas y en nuestras mentes.
Sharon Kendrick Johnson es la presidenta de la Comisión del Condado Miami-Dade para la Mujer. Monica Skoko Rodriguez es la directora ejecutiva de la Comisión del Condado Miami-Dade para la Mujer y presidenta de la Liga de Mujeres Votantes de Miami-Dade.