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Opinión

La necesidad de unidad y madurez política en el caso de Venezuela

A supporter of opposition leader and self-proclaimed interim president of Venezuela Juan Guaido, holds a sign that reads in Spanish “Venezuela will be free! We will do it together.” during a National Congress session in a main square in Caracas, Venezuela, Tuesday, July 23, 2019. At the gathering, the congress approved Venezuela’s return to the Inter-American Treaty of Reciprocal Assistance, a U.S.-led defense pact that could provide political cover for greater international involvement in the nation’s crisis. (AP Photo/Ariana Cubillos)
A supporter of opposition leader and self-proclaimed interim president of Venezuela Juan Guaido, holds a sign that reads in Spanish “Venezuela will be free! We will do it together.” during a National Congress session in a main square in Caracas, Venezuela, Tuesday, July 23, 2019. At the gathering, the congress approved Venezuela’s return to the Inter-American Treaty of Reciprocal Assistance, a U.S.-led defense pact that could provide political cover for greater international involvement in the nation’s crisis. (AP Photo/Ariana Cubillos) AP

Las predicciones en política obedecen a modelos estadísticos basados en índices económicos, sociales o políticos que vencen el “estado del arte” de la gobernabilidad. Países capaces de procurar paz, prosperidad y estabilidad a sus ciudadanos. El ascenso, permanencia o caída (en el poder) depende de los aciertos o quiebres de la coalición dominante inter-alias, presión social y coaliciones internacionales. La gran virtud: capacidad [madurez política] de generar consensos y unidad.

El caso venezolano incorpora una variable inédita: la coalición dominante no calca en un modelo de poder determinado. Es caótica y ausente de un formato político convencional. Eso la hace fallida por lo que el cambio no obedece a rigurosidades típicas pero sí a un nivel mayor de exigencias. Ante las atipicidades lo peor es la diseminación.

Democracia vs. el estilo soviético

La Guerra Fría enfrentó dos polos. Un bloque de gobernanza democrático de influencia eurocentrista, judeocristiana, basados en el respeto a la vida, la fe, la libertad, la propiedad, esto es, un sentido teológico, social y político entre derechos y deberes para la convivencia. Subyace el ideal del contrato social en un marco constitucional y republicano sobre la triada del respeto a la ley, la justicia, y la independencia de los poderes.

En contrapartida el soviet. El poder superior, centralizado y omnipresente del Estado sobre el hombre. En el Estado democrático resaltan los valores de la sana competencia, libertad e igualdad de oportunidades. En el Estado centralizador, autoritario y populista, descansa la planificación y apropiación de los medios de producción, el hombre incluido.

Estados Unidos durante la Guerra Fría demostró mayores capacidades de gobernanza lo cual le procuró alianzas y estabilidad social.

La URSS perdió el dominio de las masas y la confianza a partir de su ineficiencia económica. La caída del Muro de Berlín responde a la insurgencia del mundo multipolar donde las naciones enaltecieron procesos de desprendimiento y rebeldía. El factor fundamental fue la unidad de propósitos e identidad de causa.

Odpor (resistencia) en Serbia para sacar a Slobodan Milosevic; la revolución cívico militar de Rumania (desobediencia civil) contra Nicolae Ceaușescu; Lituania y su revolución cantada (1989) más el Movimiento Lituano Sąjūdis (movimiento reformista), la desintegración de la vieja Yugoslavia y la independencia de Montenegro, Croacia, Serbia, Macedonia y Kosovo; Bulgaria y el lanzamiento de la economía de libre mercado no planificada propio de la nueva constitución de 1991, Polonia y su Solidaridad con Lech Walesa al frente o el Congreso Nacional Africano liderado por Nelson Mandela, fueron ejemplos incontenibles de cambio político, social y territorial.

El común denominador de la caída de la URSS y del muro de Berlín: 1) En lo institucional un nuevo orden político, económico, global y democratizador; 2) En lo colectivo: unidad, solidaridad y organización ciudadana.

Ninguno de estos momentos: históricos, trascendentes, transicionales y conductores de una reforma política profunda, vinieron precedidos de peticiones (cartas) de intervenciones internacionales entre grupos de resistencia.

Ni Walesa, ODPOR, Mandela o las revoluciones balcánicas o árabes (primaveras) se desmarcaron ni desenfocaron del objetivo: el cambio de régimen. Después negociaron en democracia. Escribir misivas disruptivas estaba (está) fuera de orden. Divide, desmotiva y debilita.

Venezuela, un caso particular

Lo padecido en Venezuela no tiene precedente.

Entre 1998 y 2013 —la era Chávez— vivimos experiencias antidemocráticas y confiscatorias que se nutrieron de un modelo de reparto y redistribución de la propiedad rapaz, en beneficio de una nueva élite revolucionaria. Por una década (2003-2013) hubo una ilusión de bonanza que lanzó a la calle políticas asistenciales, misiones, pan y circo, que redujeron los niveles de pobreza crítica —cierto— pero sin productividad.

Un barril de petróleo a $140 y $1.4 trillones produjeron un espejismo de beneficencia que catapultó el llamado “socialismo del siglo XXI”, que realmente fue el petro-populismo del siglo.

La borrachera petro-revolucionaria condujo a un “ratón socialista” (resaca) que perforó los últimos cabos de un Estado Republicano. Pasamos de un Estado autoritario, militarista y personalista (era Chávez) a un Estado ausente, miliciano, y colectivista, con múltiples cadenas de mando repartidas en clivajes territoriales, económicos e institucionales.

Unos controlan el oro, los derivados de petróleo o servidumbres de paso. Otros controlan los alimentos, la justicia, la identidad, milicias, Fuerzas Armadas o lo que queda del sistema electoral. Es una nación colonizada a pedazos y sablazos.

Esta atomización no excluye la adquisición (confiscación) de franquicias de oposición acompañadas de compra de conciencias que se prestan a participar en elecciones “Prêt-à-porter” (listas para llevar).

Ya lo alertaba Platón. Seriedad en la política (spoude) es obrar con el buen ejemplo a los jóvenes de la polis. Perder la República es pulsar su migración. Y con el mal ejemplo de algunos dirigentes se pierde su liderazgo pero también la unidad y el sentido de pertenencia/permanencia en la lucha.

Entonces los jóvenes hacen maletas. La inmadurez no es de ellos. Tampoco su culpa, porque predecir y padecer continuismo del status quo es el castigo cuando se adolece de unidad y madurez política. Y se vacía la ciudad.

Embajador plenipotenciario de Venezuela en Canadá nombrado por el presidente interino Juan Guaidó. Twitter: @ovierablanco.

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