Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

La humildad, una virtud noble y de gran poder

Ser humilde no es un título que nos confieren, porque la humildad no solo es un modo de vida, sino una de las virtudes más nobles del espíritu.

Los hombres que no obran con humildad carecen de la base esencial para la evolución. Las personas humildes ven la vida como una oportunidad de aprendizaje, reconociendo que nadie es perfecto y que todos podemos abrirnos a recibir nuevas ideas, consejos o críticas. La persona humilde nunca deja de aprender y no se considera por encima de nadie.

Todas las cualidades del mundo sin humildad simbolizan una figura vacía, un cuerpo sin alma. La palabra humildad proviene del vocablo latino “humilitas”, que a su vez tiene la raíz “humus” que quiere decir tierra en latín. En relación con este concepto, la palabra humildad tiene que ver con nuestra capacidad de aceptar nuestras limitaciones.

Cuando una persona es humilde reconoce el lugar que le corresponde, ya que sabe identificar sus propias restricciones, es realista y aunque sea el mejor del mundo, mantiene en el ámbito de lo razonable las ansias de reconocimiento. La humildad aparenta ser sedentaria y poco tenaz, sin embargo, es necesario resiliencia para disciplinar el ego y sus erradas creencias. El precio de la humildad no demanda cosas tangibles, la genuina excelencia de la vida está en las cosas simples.

La humildad es sinónimo de firmeza. Ser humilde no simboliza ser débil y ser soberbio no representa ser fuerte. En nuestros días la humildad no es fácil de practicar, sobre todo en las esferas corporativas y en una sociedad donde la juventud ha sido educada por una cultura de grandeza falsificada, donde el valor de una persona se mide muchas veces por sus conquistas profesionales. Sin desdeñar el triunfo profesional, que es muy bueno alcanzarlo, y seguramente nos costó mucho esfuerzo, lo que fomenta la humildad es sostener dichas conquistas en el lugar que les pertenece, siendo conscientes, además, de que eso no nos hace más que los otros colegas.

La humildad no cancela nuestros valores, de hecho, los acentúa al poner su valor y fuerza en la red exclusiva de interdependencia que ninguno de nosotros puede negar, aunque el ego a veces se le olvide. En ninguna circunstancia implica sentirnos menos o dejar que nos humillen, es considerarnos dignos de ser valorados como seres humanos y, además, saber valorar al resto por esa misma grandeza.

Saber escuchar, ser receptivos y sinceros son cualidades que definen a las personas humildes, esas que tanta confianza nos brindan y donde debemos buscar a los auténticos amigos.

Ser humilde no significa ser tontos, tampoco significa mecánicamente responder a las penurias de todos a medida que surgen arbitrariamente. La humildad, representa un sentido honorable del equilibrio. Este sentido es fundamental porque, sin humildad, dar puede transformarse cómodamente en un ejercicio de poder, mientras que recibir puede sentirse como si hubiera disminuido la dignidad propia.

La humildad nos invita a ayudar a los otros sin codicia y a contemplar los intereses de los demás más que los propios. Practicarla, es a veces ser invisible al dar, a modo de evitar el deseo de gratitud o recompensa.

Ser humilde tiene sus beneficios, es garantía de ecuanimidad, pues varios estudios han indicado que las personas con egos sosegados padecen menos ansiedad. Otros estudios vinculan el exceso de ego y el narcisismo con una habilidad limitada para controlar los propios impulsos.

“La humildad es el sólido fundamento de todas las virtudes” – Confucio.

Astróloga e instructora espiritual que ejerce en Miami. Contacto: 305-842-9117, astralrain29@gmail.com; Facebook: Rubi Astrologa; Instagram: alinarubiastrology; www.esoterismomagia.com.

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA