Debemos rechazar con fuerza la difusión de ideas antisemitas y racistas
A medida que se acercan las elecciones de noviembre de 2020, las teorías de conspiración que demonizan a los oponentes políticos se han afianzado en todo el país. Las recientes revelaciones de contenido antisemita y racista en el suplemento LIBRE, y otros casos de desinformación electoral con tonos antisemitas en la Florida, son solo los últimos ejemplos de este fenómeno.
La columna reciente en LIBRE, una publicación en español que pagó para que su producto se imprimiera e insertara en el Nuevo Herald, criticó a los judíos estadounidenses como izquierdistas que apoyan a los “ladrones e incendiarios” de Black Lives Matter (BLM); así como a antifa que “pretenden destruir América”. Dejando a un lado esta injuriosa caracterización errónea de BLM y antifa, esta táctica, que une a los judíos con una izquierda revolucionaria y antidemocrática, es un viejo tropo antisemita comprobado y promovido en Estados Unidos por antisemitas como Charles Lindbergh y Henry Ford desde la década de 1920.
Los judíos han sido descritos durante mucho tiempo como socialistas y bolcheviques que odian el capitalismo y buscan fomentar una revolución violenta para convertir a Estados Unidos en una distopía de izquierda. En la acalorada atmósfera del entorno político actual, donde el miedo al socialismo se está intensificando, imputar a los judíos esa acusación solo invita a la demonización de toda la población variopinta que suscribe esa religión.
La historia ha demostrado que los judíos son particularmente vulnerables a ser representados como los villanos en las teorías conspiratorias y durante campañas políticas. Aunque las campañas explícitamente antisemitas no han sido prominentes en el ciclo electoral del 2020, partidarios de ambos lados del espectro político han difundido estereotipos y tropos con prejuicios antisemitas.
Los ataques a George Soros, un multimillonario cuya fundación promueve instituciones democráticas y valores progresistas, son los más comunes y vitriólicos. Soros no es diferente de otros votantes y filántropos, incluidos los conservadores hermanos Koch, que optan por apoyar diferentes opiniones políticas.
Pero algunos medios de comunicación, expertos y políticos de derecha han descrito a Soros como un titiritero que usa su riqueza para avivar deliberadamente el malestar civil y socavar maliciosamente los valores estadounidenses. Debido a que Soros es judío, numerosos extremistas lo vinculan con antiguas teorías conspiratorias antisemitas que acusan a judíos ricos de estar involucrados en un complot para destruir la civilización occidental. Estas teorías de conspiración crean un terreno fértil para que los estereotipos antisemitas siembren raíces y se “normalicen”, particularmente cuando son adoptadas y difundidas por figuras reconocidas.
Los estadounidenses adinerados de derecha y de izquierda que además son de ascendencia judía, son atacados habitualmente por supuestamente intentar “comprar” las elecciones estadounidenses. Demonizar a los oponentes políticos de una manera conspirativa y antidemocrática es particularmente dañino para los judíos estadounidenses cuando se incorporan tropos antisemitas.
Mientras la derecha describe a los judíos como peligrosos radicales de izquierda, los activistas de la extrema izquierda han catalogado a los judíos como arquitectos de un capitalismo rapaz y de la supremacía blanca. Estos temas pueden volverse explícitamente antisemitas, como los discursos de Louis Farrakhan de la Nación del Islam y sus seguidores, que describen a los judíos como “chupasangres” que drenan la vitalidad de las comunidades marginadas e impiden el avance de otros grupos minoritarios.
Varios artistas y activistas de renombre han minimizado el antisemitismo de Farrakhan y lo han presentado como portavoz del empoderamiento de las minorías. En ADL, creemos firmemente en la urgente necesidad de luchar por la justicia racial y económica y de empoderar a los miembros de las comunidades marginadas, sin embargo también debemos estar alertas al peligro que significa elevar voces que utilizan libelos antisemitas.
Los intentos de aislar y desacreditar a Israel en el debate político también pueden avivar el antisemitismo. Hemos visto afirmaciones apuntando a un supuesto apoyo de los judíos estadounidenses apoyan a Israel por encima de los intereses nacionales de Estados Unidos, y que los judíos ricos, como el donante republicano Sheldon Adelson, usan el poder de sus donaciones para influir en la política exterior estadounidense para favorecer a Israel. Otros desde la derecha acusan a los judíos estadounidenses de izquierda de no ser lo suficientemente leales a Israel. Intencionalmente o no, estas acusaciones insinúan que los judíos estadounidenses son ciudadanos potencialmente desleales a nuestro país, un clásico tropo antisemita.
Quizás la teoría de la conspiración más extraña en este ciclo electoral pertenece a QAnon, una creencia generalizada que apunta a que los demócratas y los progresistas son pederastas y caníbales, y que son parte de un complot internacional para destruir a los Estados Unidos. Aunque el antisemitismo no es un principio central de la ideología de QAnon, algunos partidarios combinan esta conspiración para implicar a Israel, al Mossad, a personalidades judías como Jeffrey Epstein y a la familia de banqueros judíos Rothschild en complots que apuntan a las clásicas acusaciones antisemitas como el libelo de sangre (la creencia de que los judíos sacrifican niños para beber su sangre) y teorías globales de la conspiración judía como los falsos Protocolos de los Sabios de Sion.
Nos complace que el Nuevo Herald haya tomado medidas en cuanto a la distribución del suplemento LIBRE, y apreciamos sus informes transparentes sobre la serie de errores que llevaron a que los comentarios antisemitas y racistas aparecieran en su publicación sin ser detectados durante meses.
Todos debemos estar atentos y denunciar el antisemitismo donde quiera que aparezca. Las personas responsables deben negarse a utilizar tropos antisemitas. Lo más importante es que todos debemos tener el valor para criticar a nuestro propio “equipo” cuando nuestros aliados expresan ideas antisemitas o racistas. Si no asumimos esa responsabilidad, ¿cómo podemos esperar que otros lo hagan?
Sheri Zvi es directora regional de ADL Florida (Anti-Defamation League/Liga Antidifamación) y Dennis Kainen, ex presidente de la Junta Directiva de ADL Florida.