Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

El jazz es uno de los mejores ejemplos de democracia | Opinión

Paquito D’Rivera en la Feria Internacional del Libro de Miami, en noviembre del 2015.
Paquito D’Rivera en la Feria Internacional del Libro de Miami, en noviembre del 2015. pportal@elnuevoherald.com

Recién llegado a Nueva York muy al inicio de los ochentas, al final de una sesión de grabaciones en los estudios Nola de Manhattan, conversábamos con Mario Bauzá sobre el curso que iba tomando la industria del espectáculo en el mundo contemporáneo.

El director musical de la emblemática orquesta de Machito & his Afrocubans nos contaba como en la década de los cuarentas Dizzy Gillespie, Charlie Parker, Kenny Clark, Thelonious Monk y demás jóvenes y entusiastas miembros del floreciente movimiento Bebop, habían creado un novedoso estilo mayormente instrumental, totalmente distinto al Jazz tradicional que hasta entonces escuchaba la mayoría del público.

Cambiando casi completamente el rol de los cantantes, sustituyeron las letras románticas de sus canciones por las inflexiones angulares y disonantes del “Scat singing”, que hacían mayormente los mismos instrumentistas. Mario explicaba de forma muy convincente que al eliminar la voz y más tarde el baile, la música se transformó en un arte exquisitamente moderno y sofisticado, pero a su vez elitista y exclusivo.

Frecuentado por escritores, cineastas, poetas, artistas plásticos y pensadores de la época, el género fue alejándose cada vez más de los salones de baile, las celebraciones hogareñas y las radioemisoras más populares.

Han pasado casi 40 años de aquella esclarecedora charla newyorkina con el legendario músico cubanoamericano, a través de los cuales he escuchado a demasiados colegas quejándose de que el jazz ni lo pasan por radio ni TV, ni lo enseñan en las escuelas, y que los estudiantes (y a veces hasta sus maestros) creen que Louis Armstrong fue el primer hombre que caminó sobre la superficie de la luna.

En fin que como diría mi abuela, “mataron la culebra y le cogieron miedo a la cabeza”, y yo me pregunto porqué ya no quieren acordarse de que lo que sembramos nosotros mismos con nuestra arrogancia y elitismo fue alienarnos y convertirnos —y yo no veo nada malo en ello— en una actividad de minorías, como pudo ser el sinfonismo, el avant-garde, la ópera, el ballet, la pintura abstracta, el salto en paracaídas o el nado con tiburones.

Y qué decir de con cuanta saña criticaron a los que buscando ampliar su audiencia se metieron al jazz rock, el pop, el smooth-jazz y la electrizante “fussion”, a quienes amargamente acusaron de comercialismo y de vender su alma al diablo.

Hablar pestes de este país ha sido una práctica bastante generalizada en círculos musicales, artísticos e intelectuales de todo el mundo, pero hoy en día, que tenemos festivales de Jazz desde Uruguay, Puerto Rico y Canadá hasta toda Europa, China o Japón, y después de la innegable realidad que es hoy el San Francisco Jazz Collective, el programa de Jazz Masters del National Endowment for the Arts, y sobretodo el monumental y único en el mundo proyecto del Jazz at Lincoln Center, impulsado por la perseverancia y poder de convocatoria del inefable Wynton Marsalis y su formidable equipo de trabajo, los hechos y resultados desmienten por completo el concepto exagerado y pesimista que existe entre algunos músicos americanos de que “El jazz es demasiado bueno para Estados Unidos”.

Pero lo cierto es que el jazz puede que no sea muy popular entre las grandes masas, lo mismo en el Bronx que en Hialeah, Polonia o Kampuchea, pero sin embargo es uno de los más claros ejemplos de individualidad, independencia y sobretodo democracia, por lo que su apreciación debe ser estrictamente voluntaria, selectiva o vocacional, pero jamás impositiva u obligatoria.

Músico cubano de jazz ganador de múltiples premios Grammy y homenajes a su trayectoria musical.

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA