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Pase lo que pase en las elecciones, el sol saldrá al día siguiente | Opinión

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Será un nuevo amanecer en Estados Unidos, otra vez.

Nos estaremos preguntando esta semana dos cosas: ¿Qué pasará? ¿Y qué pasará después de “eso que se aproxima”? Muchos de nosotros sentimos que nos precipitamos hacia la elección nacional más importante de nuestras vidas, una decisión que será un juzgamiento de lo que representamos como nación.

Alrededor de este hecho extraordinario, también estamos enfrentando la tensión y la ansiedad generada por una pandemia mundial que parece no tener la intención de disminuir. La economía de la que dependemos para la supervivencia y tener oportunidades se enfrenta al implacable y creciente impacto de la contracción de los espacios públicos, y esto deja a muchos trabajadores esenciales preguntándose cómo van a llegar a fin de mes. Nuestras pequeñas empresas están igualmente bajo presión mientras navegan las inciertas condiciones para su reapertura.

Las cosas que apreciamos como estadounidenses, la esperanza y el optimismo que nos impulsa, están amenazadas por una presión catastrófica. Aún así, luchamos por los objetivos compartidos de restaurar la salud pública y reconstruir la economía. Estas ideas no son contradictorias; de hecho, van de la mano, pero en medio de una epidemia de infecciones, todos nos preguntamos cuánto más podremos soportar.

Cuando las generaciones previas de estadounidenses se despertaban después del día de las elecciones, usualmente lo que estaba en juego era tan importante como lo que está en juego hoy en día. Muchas veces, nuestros antepasados emitieron sus votos cuando todo estaba sobre la mesa. De hecho, es un fenómeno relativamente nuevo el que todos nos aseguremos el derecho a participar.

Tenemos vivo el recuerdo de una época en la que muchos estadounidenses fueron privados de su derecho básico a votar. Solo hace apenas unas décadas, los afroamericanos lucharon y ganaron una verdadera voz en nuestra democracia.

Pero a pesar de esos logros, el experimento democrático en Estados Unidos está lejos de ser completado. Hoy nos preocupan las largas filas en los centros de votación y si nuestras papeletas llegarán a tiempo y serán contadas con certeza. Si bien agonizamos que de alguna manera estamos fallando a la promesa de Estados Unidos, también debemos reflexionar sobre como ningún derecho existe sin esfuerzo. Nuestros derechos son continuamente presionados y llevados a la realidad. Cuando se trata de ejercer la auto-representación en las urnas, de elegir un gobierno de y por el pueblo, nuestro trabajo todavía está incompleto. Todavía lo estamos poniendo a prueba.

Para nosotros los latinos, estas elecciones significan muchas cosas. Como somos una comunidad increíblemente diversa, venimos con muchas historias a este momento en Estados Unidos. Hemos ayudado a construir esta democracia, esta economía y nuestras maravillosas comunidades. No somos homogéneos, pero compartimos un compromiso común con la democracia, la libertad y la justicia.

En nuestras propias trayectorias, algunas recientes y otras lejanas, hemos conocido los terribles costos de las elecciones que se apartan de las normas democráticas. Conocemos bien cuando la política de una nación socava las reglas de la ley y el daño de socavar unas elecciones libres y justas. Muchos de nosotros, nuestros padres, abuelos y bisabuelos sacrificaron todo para participar en la historia de Estados Unidos. Ya sea que su familia tenga sus raíces en Cuba, Venezuela, México, El Salvador, Puerto Rico o en cualquier otro lugar de América Latina, comprendemos lo importante que son para la salud de una sociedad, la buena gobernanza, la transparencia y la rendición de cuentas. Nuestra comunidad ha sido testigo de lo que sucede cuando estos se corrompen, son ignorados e incluso ultrajados. Podemos diferir políticamente, pero no democráticamente.

La próxima semana vamos a pasar de preguntar “¿qué pasaría si?”, al “¿qué significa esto?”. Esto significa levantarse de la cama y mirarse al espejo, cruzar la verja y la calle y decidir que podemos llegar a un destino mejor. Necesitamos saber que hicimos todo lo que pudimos.

Pase lo que pase el 3 de noviembre, nos enfrentaremos a los desafíos que tenemos juntos. Los costos de la atención médica y la deuda estudiantil siguen cargando a muchas de nuestras familias con un impuesto oculto sobre la oportunidad. El cambio climático se está acelerando, con mucha fuerza contra los estados del Golfo y el Caribe. Millones de nosotros vamos a votar en estas elecciones mientras hacemos de tripas corazones por la economía.

Como sea que votes el 3 de noviembre, somos responsables de generar la valentía necesaria para vivir nuestra realidad. En nuestras comunidades, nuestras iglesias, centros de estudios y en nuestros negocios emergentes, no podemos esperar a ver si el Sueño Americano está vivo cuando nos acostemos el martes por la noche.

Tenemos que comprometernos a que, sin importar el precio, estamos preparados para unir y mantener a este país unido. Tenemos la fortaleza y compartimos esta responsabilidad.

El 3 de noviembre es la fecha de la alarma. Levántate, participa y vota.

El 4 de noviembre, tendremos otro amanecer en Estados Unidos.

Luis A. Miranda Jr. ha sido un líder de abogacía y política pública. Es el socio fundador de The MirRam Group, presidente fundador de la Federación Hispana y presidente de la junta directiva del Latino Victory Fund.

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