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¿Podemos confiar en las elecciones de Estados Unidos? | Opinión

Personas hacen fila para votar durante las elecciones generales en el condado de Miami-Dade en el Ayuntamiento de Surfside, el martes 3 de noviembre de 2020.
Personas hacen fila para votar durante las elecciones generales en el condado de Miami-Dade en el Ayuntamiento de Surfside, el martes 3 de noviembre de 2020. dsantiago@miamiherald.com

Nuestro sistema de elecciones siempre ha sido confiable a través de la historia, aún con sus imperfecciones y las sombras recientes de fraude.

Algunos opinan que a partir de la implantación de procesos automatizados, avalados por la creciente tecnología cibernética, la votación en sí misma es menos confiable que antaño, cuando la misma era manual y el conteo físico de los votos era la norma.

Las computadoras, como todo artefacto tecnológico, obedece a los mandatos del hombre y actúa de acuerdo a la programación que le es introducida. El código de operación de las máquinas de votación es secreto y solo accesible por orden judicial. Se comenta que ese código puede alcanzar hasta unas 400,000 líneas de ejecución y estar escrito en más de cuatro lenguajes diferentes de programación.

En Estados Unidos por cada votación queda la evidencia en el papel, que puede ser contada físicamente cuando la situación lo requiera, especialmente cuando la diferencia en votos sea del 1% o menor, en cuyo caso se justifica el recuento. Desde luego, la experiencia ha demostrado que los errores encontrados en estos casos son tan mínimos, que no logran alterar, en la mayoría de las veces, el resultado de la votación original.

Tal vez, el factor inesperado que ha venido a incorporarse a las recientes elecciones es la presencia de la pandemia del coronavirus y su temido segundo brote en ciernes. Sucede que por temor de los votantes, millones de electores optaron por votar vía correo normal o en las elecciones anticipadas que se realizan en lugares seleccionados en todo el país.

Los votos anticipados son escaneados en el momento del acto, no así los votos por correo, que en esta oportunidad por el volumen de los mismos, todavía están siendo procesados por varios estados. La fecha límite para procesar estos votos difiere en cada estado, aunque la mayoría concuerda en que el matasellos visible en el sobre de correo debe mostrar una fecha que no exceda al 3 de noviembre.

La firma del elector que vota por correo usualmente se verifica comparándola con la firma que aparece registrada en la base de datos, algo que debe ser un proceso automatizado dado el alto volumen de formularios. En vista que las firmas personales pueden cambiar con el paso de los años, algunos estados envían por correo un documento conocido como “Declaración de Verificación de Firma”. Evidentemente, el tiempo de salida y regreso de cualquier comunicación entre ese estado y el votante, puede interferir con el plazo acordado por dicho estado para procesar los votos. Por eso es que vemos que la mayoría de las boletas sin firma, o con firmas no verificadas, podrían ser rechazadas.

La votación por correo, así como el voto anticipado, en esta elección jugaron un papel protagónico ya que la mayor parte de los sufragios se hizo de esa forma, lo que motivó que las filas de votantes físicos el 3 de noviembre fueron históricamente cortas para una elección presidencial.

Entonces surge la interrogante: si el voto por correo fue decisivo, ¿acaso no se multiplica la probabilidad de fraude? Desde luego, en un tipo de voto como este que aumentó tanto, todo también aumenta, incluso las omisiones, errores y fraudes. Sin embargo, aún así, las significativas diferencias en la votación no son consecuencia de ellos.

Sin duda alguna, la pandemia vino a jugar un papel fundamental en las elecciones. No se ha conocido un Presidente previo que haya tenido que enfrentar una pandemia y que haya resultado victorioso en su reelección. Sucede que la mayoría de electores suelen culpar al Presidente de turno por todos los males que los aquejan, como el desempleo, la renta, la falta de ingresos y la atención médica.

Pero en honor a la verdad, también hay algo que debemos mencionar. Tampoco ha existido un Presidente previo que en los meses que anteceden a su reelección asome la posibilidad de fraude, una actitud que genera desconfianza en el electorado frente al sistema de elecciones que por años ha funcionado en el país. Lo grave del asunto es que esta desconfianza podría perpetuarse para las elecciones futuras, algo que resulta muy peligroso para nuestra democracia.

La verticalidad del presidente Donald Trump frente a los regímenes comunistas rindió buenos frutos en la comunidad hispana, tanto es así que logró el triunfo en la Florida.

Ahora solo esperamos que no pierda ese legado insistiendo en demanda legales y otro tipo de argumentos para torpedear el resultado de unas elecciones que son evidentes.

Economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.

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