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El peligroso pataleo final de Donald Trump | Opinión

El vergonzoso espectáculo de Donald Trump negándose a aceptar su derrota no es en el fondo una batalla contra la clara victoria de Joe Biden, es contra la propia democracia de Estados Unidos.

En sus delirios autoritarios la democracia es solo la herramienta que le ha servido para hacerse con el poder, no para soltarlo. En sus delirios, la única salida ahora es rematar el desmantelamiento de los pilares democráticos, que ya venía derribando, en anticipo a la coronación imperial que creía asegurada.

En ese empeño está. Más enajenado que nunca, golpeando la Constitución, tramando una herencia minada para Biden, e interpretando el que todos —menos él— sabemos que es su último acto en escena. Fiel a su guión hasta el final: amoral, dictatorial y peligroso.

Impulsado por los que siempre han sido motores de su vida: la venganza y el dinero.

Y necesita muchos cientos de millones de dólares para pagar su montaña de deudas personales, y muchos más para saldar las de sus empresas. Al igual que para maquinar el siguiente capítulo del “Trump show”, quizá comprando una cadena de TV o algo similar que le permita seguir perturbando a la sociedad.

Sin la presidencia pierde su principal arma publicitaria. Necesita buscar otra con la que mantener la fábula de que es un hombre fuerte y de éxito. De momento, usa la resistencia a entregar las llaves de la Casa Blanca como táctica publicitaria para comprar tiempo y recaudar dinero. Mientras inventa nuevas formas de embaucar a sus creyentes e intimidar al Partido Republicano.

Embaucados o no, intimidados o no, el hecho es que durante cuatro años han sido colaboracionistas de la deriva a la que Trump ha conducido al país.

Releía estos días la advertencia del historiador James Bryce en su libro “The American Commonwealth” sobre el peligro de que la democracia americana cayese víctima de “un tirano”, pero no de “un tirano contra las masas, sino de un tirano CON las masas”.

La buena noticia es que las masas y los republicanos todavía tienen tiempo de despertar de la hipnosis y sacar coraje moral para detener la actual deriva de quien irremediablemente se encamina —en el mejor de los casos— al museo de la irrelevancia; y en el peor, y más seguro, al basurero de la historia.

Si nada ni nadie le frena, Trump está más que dispuesto a arrastrar al país con él, al mejor estilo de Nerón. Y no me refiero solo a sus inventos de fraudes inexistentes para deslegitimar la elección y provocar una crisis constitucional. El mayor riesgo es su demostrada intención de debilitar la seguridad nacional antes de irse.

¿Qué hay detrás de la purga de la cúpula del Pentágono? Decapitar el centro neurálgico del poder de Estados Unidos solo beneficia a los enemigos: Vladimir Putin, Kim Jong Un y Xi Jinping, entre otros. Deben estar borrachos de tanta celebración.

¿Acaso trama una operación militar de desestabilización en algún punto del planeta?

¿Acaso pretende que los lacayos que ha colocado desclasifiquen inteligencia sobre Rusia?

¿O pretende desplegar soldados en las calles y declarar un estado de excepción?

¿O retirar súbitamente las tropas de Afganistán, para poner algo en su curriculum que no sea “impeachment”, “fracaso” y “perdedor”?

No lo va a lograr. Los altos mandos de seguridad nacional están en estado de alarma. Pero Trump puede hacer un daño inmenso en los próximos dos meses. Inmenso e imperdonable.

Si el sabotaje de Trump a la democracia estuviera ocurriendo en cualquier otro país le llamaríamos intento de golpe de Estado. Aquí no estamos mentalmente preparados ni siquiera para contemplar ese horizonte de pesadilla. Ni otro igual de pernicioso: que monte una especie de gobierno “en el exilio” en Palm Beach, para seguir desestabilizando al país.

Sus sueños de dictador, como en la película de Chaplin “El gran Dictador”, son solo eso, sueños. La realidad es que ha triunfado la democracia; ha triunfado la verdad frente a la mentira; la unidad frente a la división; la justicia frente al racismo; el regreso de EEUU a la esfera internacional, frente al aislacionismo; y ante todo el espíritu de conciliación frente al de odio y discordia.

Todo eso es lo que significa la presidencia de Joe Biden, que asumirá el 20 de enero. Enhorabuena Estados Unidos y enhorabuena al mundo.

Periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

Esta historia fue publicada originalmente el 12 de noviembre de 2020, 7:28 p. m..

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