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El dilema de los republicanos: trumpismo o recuperar su esencia conservadora | Opinión

Mientras las conversaciones a nivel nacional giran en torno al nuevo presidente electo, se aproxima un dilema trascendental para el Partido Republicano.

Durante siglo y medio, el GOP (Grand Old Party, como es conocido en inglés) ha sido el partido de Lincoln, aquel que luchó por su profunda convicción de que una nación dividida contra sí misma no logra permanecer en pie.

El mismo ha sido el partido de Reagan, aquel que encaminó al mundo hacia el fin de la amenaza soviética y promovió a Estados Unidos como el gran referente mundial, como una ciudad radiante sobre una colina.

Sin duda, el “trumpismo” ha marcado un contraste dramático con las posturas tradicionales e históricas del Partido Republicano. Durante sus cuatro años de mandato, el presidente se ha dedicado a dividirnos, insultando a sus adversarios políticos —tanto de izquierda como de derecha. Su mismo ex secretario de Defensa Jim Mattis, legendario general del U.S. Marine Corps, declaró públicamente que Donald Trump ha sido el único presidente que “ni siquiera ha intentado” unir al pueblo americano.

Hasta en el sur de la Florida, el trumpismo ha logrado profundizar fricciones entre miembros de diásporas, ¡con aspiraciones idénticas y destinos ligados! La ahora moribunda administración le ha dado la espalda a la alianza militar más poderosa de la historia de la humanidad, la OTAN, y en cambio ha establecido amistades con tiranos como Vladimir Putin y el comunista Kim Jong-un.

Soy demócrata, pero a pesar de las diferencias en cuanto a visión de país, he respaldado a candidatos republicanos, sobre todo a aquellos comprometidos con la causa de la libertad en América y el mundo.

Quizás por eso ha sido decepcionante presenciar, durante los últimos cuatro años, tantos republicanos patrocinando el asalto de este presidente a los valores democráticos, al estado de derecho, y ahora hasta al mismo proceso electoral.

Si algo deja claro estas elecciones es que los votantes han rechazado el liderazgo fallido de Donald Trump, mas no al Partido Republicano. De hecho, los republicanos recuperaron por lo menos cinco escaños en la Cámara de Representantes y mantendrán —como mínimo— 50 senadores. De esto se puede inferir que los votantes saben discernir, y que los destinos del presidente saliente y del partido no necesariamente están vinculados.

Como suele suceder con los movimientos populistas, el trumpismo continuará con o sin Trump, pero su deprimente rumbo ideológico —nativista y aislacionista— no tiene que ser el del Partido Republicano.

La decisión que enfrenta el liderazgo del GOP es la siguiente: adoptar y alimentar al trumpismo, continuando por el camino del populismo tóxico hacia un futuro incierto, quizás antidemocrático, o retomar las riendas del partido y restaurar valores que rijan y dirijan las posturas del partido.

Su decisión será determinante para el futuro de esta república. Sobran los ejemplos de movimientos populistas contemporáneos que han ido erosionando a la democracia, desde Hungría hasta Venezuela, desde Turquía hasta Filipinas.

Espero que los líderes republicanos, en especial quienes han sido grandes aliados de los pueblos libres del mundo, sabrán elegir el camino más sano para nuestra democracia —rechazando al trumpismo y regresando a su esencia conservadora.

Julián de Lavalle es politólogo de Georgetown y educador de Harvard. Antes de ingresar al sector privado, fue profesor de cívica en el sistema escolar de Miami-Dade.

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de diciembre de 2020, 5:44 p. m..

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