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Otra vez se equivocan los teóricos demócratas interpretando el voto cubano | Opinión

Una vez más, las afirmaciones y conclusiones de los teóricos asociados al Partido Demócrata en el sur de la Florida sobre “el cambio” en el voto cubanoamericano, resultan fallidas.

Constantemente, académicos y periodistas, junto a otros menos informados, descubren “señales” que indican que el exilio cubano ha cambiado o que las nuevas generaciones de cubanoamericanos se inclinan a toda una serie de posiciones políticas diferentes y antagónicas a las de sus padres y abuelos con respecto a la dictadura en Cuba y al Partido Demócrata de Estados Unidos.

Todas las opiniones son respetables, es un derecho inalienable, aunque usualmente esas opiniones estén saturadas de deseos no realizados.

Si esas opiniones no tuvieran consecuencias ulteriores, no habría necesidad ni interés en comentarlas siquiera. Pero esas opiniones sí las tienen, especialmente las de periodistas y académicos locales, porque son las que usan congresistas y funcionarios gubernamentales en Washington para elaborar la política hacia Cuba.

Los legisladores y altos funcionarios de la capital dan por hecho que si esas personas viven en Miami y son personas educadas e informadas, sus opiniones son valiosas y deben ser tomadas en cuenta. No pueden sospechar en Washington que esas opiniones quedan desmentidas, repetidamente, cada vez que pasan por la prueba indiscutible de las elecciones.

El primer mensaje equivocado que envían a Washington es que el exilio cubano es de ideas de extrema derecha. La arbitrariedad de la calificación es muy discutible, pero la intención del mensaje sí es clara: descalificar nuestras opiniones con respecto a la política que Estados Unidos debía seguir hacia la dictadura cubana.

El segundo mensaje es evitar que funcionarios del gobierno federal le presten atención u oído a las experiencias y conocimientos que sustentan nuestras posiciones y, eventualmente, coincidan con nosotros.

Ejemplos evidentes de lo anterior los encontramos en una pieza periodística reciente. Dice la periodista, refiriéndose a los aspectos que ayudaron al presidente Donald Trump a ganar la Florida: “Años de cortejar a los votantes con sus posiciones ‘duras’ hacia Cuba y Venezuela…”.

¿Qué significa “posiciones duras”? En lengua castellana implica medidas desproporcionadas y abusivas contra alguien, en este caso hacia las dictaduras de La Habana y Caracas. Acaso, ¿imponerle sanciones a Raúl Castro y su familia inmediata es desmesurado? ¿Prohibir los envíos de remesas usando a las empresas controladas por los militares que sostienen a la dictadura es abusivo? ¿Prohibir los viajes de placer a Cuba en barcos cruceros es injusto? ¿Permitir que los empresarios que sufrieron confiscaciones arbitrarias de sus propiedades demanden a la dictadura es desmesurado?

Pero, además, en su forma de redacción hay un mensaje muy equivocado y distorsionador al nombrar e identificar a esas dictaduras como “Cuba y Venezuela”. ¿Se puede ignorar que la dictadura castrista no es Cuba, ni la representa o que el régimen de Nicolás Maduro tampoco es, ni representa a Venezuela?

Más adelante el artículo dice: “Un mensaje destinado a infundir miedo sobre la supuesta llegada del socialismo a Estados Unidos, ayudaron al presidente a movilizar a los votantes cubanoamericanos y ganar el estado clave de Florida”.

Aquí la opinión está saturada de desconocimiento. La periodista parece ignorar que los votantes cubanoamericanos saben más sobre el socialismo que el Presidente y que todo el Partido Republicano completo. A los cubanoamericanos no hay que asustarlos con el socialismo porque aquí están las víctimas del socialismo, tanto de Cuba como de Venezuela y Nicaragua, además de otras nacionalidades que los tiene bajo amenaza, como a los colombianos y chilenos. El mensaje sobre el socialismo no asustó a prácticamente nadie en el sur de la Florida.

A continuación escribe sobre “el pobre desempeño del Partido Demócrata con los cubanos y, en general, con los hispanos en Florida”. Evidentemente, otro despiste analítico. El problema con el voto del sur floridano no es culpa del Partido Demócrata local, sino de la política hacia Cuba, Venezuela y Nicaragua que trazan desde Washington.

Tomemos, por ejemplo, las medidas de la administración demócrata anterior: Restablecimiento incondicional de las relaciones diplomáticas (llevó implícito el reconocimiento del régimen castrista como gobierno legítimo de Cuba, que es un acto atroz), liberación incondicional de espías castristas responsables del asesinato de cuatro cubanoamericanos inocentes, más una serie de otras concesiones que no tenemos espacio para evaluar, pero todas equivocadas. La demostración de que estaban equivocadas está en la respuesta de la dictadura. Raúl Castro, personalmente, les espetó: “No nos moveremos ni un milímetro”.

Y no sólo que el régimen no hizo ni una sola concesión en materia de respeto a los derechos humanos de los cubanos, sino que aumentó la represión. De liberación de presos políticos, nada. Armando Sosa Fortuny, con más de 40 años encarcelado, murió en prisión. De democratización, nada. De poner fin a su ocupación e intervención en los asuntos internos de Venezuela, nada.

En resumen, una política equivocada y fallida, pero con un aditamento adicional de negatividad para los que luchan y se enfrentan de diversas maneras a la dictadura al ver al presidente de Estados Unidos, el supuesto aliado en sus aspiraciones democráticas, abrazado y compartiendo con el dictador en paseos por la capital y en juegos de béisbol como buenos amigos. No importan las palabras que se digan cuando los hechos demuestran lo contrario.

¿Pueden los cubanoamericanos votar por un candidato que promete regresar a esas políticas fallidas y equivocadas? El resultado de la votación dio la respuesta. El Partido Demócrata local no tiene culpa alguna de los resultados. Los responsables son los periodistas y académicos locales que envían mensajes equivocados a Washington.

Luis Zúñiga es un ex prisionero político cubano, ex diplomático y analista político.

Luis Zúñiga es un ex prisionero político cubano, ex diplomático y analista político.
Luis Zúñiga es un ex prisionero político cubano, ex diplomático y analista político. Cortesía

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de diciembre de 2020, 5:32 p. m..

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