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En Cuba, “Vendrá un cambio,” ¿pero cuando? | Opinion

Al terminar el 2020, las personas de alrededor del mundo han tenido que ajustarse a vivir bajo la sombra de la pandemia del COVID-19 mientras que contestan al llamado de movimientos sociales como Black Lives Matter y el Mouvement des gilets jaunes. Pero, en Cuba, los eventos relacionados con el Movimiento de San Isidro (o MSI) nos demuestran que, en cuanto a la dictadura cubana, parece que cuanto más cambian las cosas, más siguen siendo las mismas.

El 18 de noviembre, un grupo de nueve artistas, escritores, periodistas independientes y científicos, todos jóvenes y miembros del Movimiento San Isidro, comenzaron una huelga de hambre en la sede del Movimiento en La Habana. Hicieron un llamado a la liberación del rapero Denis Solís, quién fue detenido arbitrariamente, sujeto a un juicio sumario basado en acusaciones falsas y sentenciado a ocho meses en prisión.

Al desarrollarse la huelga de hambre, la comunidad internacional alzó su voz en favor del caso de Solís y de la causa del Movimiento San Isidro. Líderes mundiales como el Secretario de Estado Mike Pompeo, el Ministro de Relaciones Exteriores checo Tomáš Petříček y la embajadora por los Derechos Humanos de la cancillería de los Paises Bajos Bahia Tahzib-Lie, al igual que ONGs como el PEN Internacional, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, el Centro para Cuba Libre, y decenas de organizaciones de la sociedad civil publicaron declaraciones condenando los actos de represión en contra de los artistas.

Otros artistas, escritores y periodistas independientes que viven en Cuba también apoyaron a Solís y al Movimiento San Isidro, arriesgándose a sí mismos y a sus familias por defender la libertad de expresión, la libertad de reunión y otros derechos humanos fundamentales. El 27 de noviembre, aproximadamente 150 artistas cubanos firmaron una declaración en apoyo al Movimiento San Isidro y fueron al Ministerio de Cultura del país, donde exigieron reunirse con el Ministro de Cultura Alpidio Alonso Grau.

Pero la respuesta del régimen cubano a los reclamos del Movimiento San Isidro y de sus miembros no ha sido sorprendente. Fuerzas del gobierno cubano irrumpieron en la sede del Movimiento y, a la fuerza, sacaron y detuvieron a los miembros que se encontraban en huelga de hambre. La actitud de la dictadura cubana hacia el Movimiento San Isidro quizás tuvo su máxima expresión en las palabras de Mariela Castro, Directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) e hija del líder del Partido Comunista y ex jefe de estado Raúl Castro. La Sra. Castro declaró que “La imagen de este agrupamiento es degradante a los mejores valores de pueblo cubano y a la decencia ciudadana; es transgresor de todas las herencias culturales del país; representa lo peor de la nación por su decadencia, chabacanería y vulgaridad”.

Esta situación ocurre mientras que Cuba, irónicamente, mira hacia el 2021, el 62 aniversario de la llegada al poder de la dictadura castrista, con un escaño en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. La reacción del gobierno al deseo de los artistas cubanos de ejercer sus libertades fundamentales es un reflejo del discurso de Fidel Castro de 1961, comúnmente conocido como “Palabras a los intelectuales,” en el cual declaró “Dentro de la Revolución, todo. Contra la Revolución, nada”. A pesar de varios cambios políticos cosméticos que se han llevado a cabo en los últimos anos, incluyendo el acenso de Miguel Díaz-Canel como el nuevo jefe de estado (el primero sin el apellido Castro en varias décadas) en 2018 y una nueva Constitución promulgada en 2019, el cambio no ha representado un incremento de los derechos políticos y culturales del pueblo cubano.

Los actos represivos como aquellos realizados en contra del Movimiento San Isidro ocurren bajo el marco del Decreto-Ley 370 de 2018 y del Decreto-Ley 349 de 2019, por los cual la dictadura cubana ha incrementado su represión contra toda libertad intelectual y de expresión.

Abundan casos similares de violaciones a los derechos humanos, incluyendo los casos del periodista Roberto de Jesús Quiñones, que fue finalmente liberado en septiembre de este año tras cumplir una injusta condena de un año de prisión; del escritor y colaborador del Washington Post Abraham Jiménez Enoa, quien reside en Cuba y ha recibido amenazas de la policía cubana por sus reportajes; y el reciente acto de repudio llevado a cabo por las turbas del régimen cubano contra la artista Tania Bruguera por expresarse en contra de la dictadura.

La dictadura cubana se muestra renuente a permitir el cambio al continuar sus tácticas represivas y al fomentar la intolerancia hacia las libertades básicas y los derechos humanos que reclama el pueblo cubano. Pero parece que el pueblo cubano está cambiando. Protestas y huelgas de hambre como las que organizó el Movimiento San Isidro dejaron de ser incidentes privados, pequeños y aislados. Están obteniendo más y más apoyo dentro de la población cubana y solidaridad del mundo entero. Hoy Cuba se encuentra en una coyuntura, entre los efectos de las décadas bajo una dictadura represiva y fallida, y los prospectos para una democracia liberal. Al acercarnos al año nuevo, las palabras del cantante Sam Cooke sirven como un himno de esperanza: “Ha pasado mucho tiempo, mucho tiempo por venir. Pero sé que vendrá un cambio, oh si, lo hará”.

Daniel I. Pedreira es un candidato a Doctor en Ciencias Políticas en la Universidad Internacional de la Florida y el autor de “Un instrumento de paz: La vida del embajador Guillermo Belt Ramírez.”

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