Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

¿Podrán los demócratas de Florida salir del hoyo en el que han caído? | Opinión

Mucho antes de que el Ejército Rojo saqueara Berlín y Adolf Hitler se suicidara, la improbable alianza de comunistas y capitalistas que ganó la Segunda Guerra Mundial en Europa se estaba desintegrando a medida que la fuerza centrífuga de sus contradicciones internas crecía en proporción directa a la disminución del peligro común que generó la existencia de la coalición.

Un destino similar puede aguardar a la igualmente improbable alianza de progresistas, liberales tradicionales, conservadores anti-Trump e independientes que ayudaron a Joe Biden derrotar a Donald Trump.

Esto es particularmente cierto en la Florida, donde la coalición Biden inesperadamente y vergonzosamente no logró la victoria en comparacion con la vecina Georgia, que era un bastión estatal republicano pero que cambió de bando gracias a los votantes urbanos negros y blancos suburbanos liderados por Stacey Abrams y una gran cantidad de organizadores activistas.

Esta nueva humillación ha reanimado la crisis de identidad bienal en el Partido Demócrata de la Florida acostumbrado a la derrota y al autoanálisis impotente.

La actual presidenta del partido, Terrie Rizzo, ha anunciado que no buscará la reelección en una contienda en donde no tiene chance de ganar, y hay una lista cada vez mayor de candidatos para reemplazarla, incluido el favorito del establishment cubanoamericano, el ex alcalde de Miami, Manny Díaz, la ex legisladora de Gainesville, Cynthia Chestnut, y Nikki Barnes, activista del partido de base del condado rural de Wakulla.

En comparación con los demócratas inquietos y angustiados, los republicanos de Florida están muy tranquilos. Contentos viendo los toros desde la barrera, disfrutan de una funesta unanimidad en cuanto a la meta deseada y a los medios óptimos para lograrla.

El objetivo es el poder a toda costa, y los medios para lograrlo son exacerbando y explotando el miedo: el miedo a los socialistas reales e imaginarios, miedo a los votantes que no son blancos, miedo a los inmigrantes de cualquier color, miedo a las élites que los desprecian, miedo a los manifestantes que los denuncian, miedos a los extranjeros que compiten con ellos, mido a todos aquellos que ven con malos ojos el gobierno minoritario institucionalizado, y miedo del futuro en general, lo que explica el reaccionario mantra “Make America Great Again” (Hacer de América un país grandioso otra vez).

En resumen, a los republicanos les gusta el status quo. Y banderas. A los republicanos realmente les gustan las banderas de todo tipo, que las ondean con vertiginoso abandono en mítines y desfiles.

El Partido Demócrata, por otro lado, es como la escena del bar la película “Star Wars”, una colección variada de polémicos intereses especiales. Los grupos de defensa hispanos se pelean con los grupos de apoyo asiático-estadounidenses que se pelean con los grupos de defensa negros que se pelean con los grupos de defensa de las mujeres que se pelean con los grupos de defensa de los derechos de los homosexuales en pos de nombramientos en el Gabinete de gobierno de la administración entrante de Biden.

Los círculos de fanáticos de la identidad y partidarios acérrimos del “Green New Deal”, Medicare para todos, la condonación de préstamos estudiantiles, la licencia parental pagada obligatoria, los derechos al aborto, la teoría crítica de la raza y más, se superponen en un diagrama de Venn de desconcertante complejidad llamado interseccionalidad, al menos nominal deferencia al precio que cuesta tener un asiento en la mesa de liderazgo demócrata.

Y hablando de liderazgo, a nivel nacional, el senador Bernie Sanders y la congresista Alexandra Ocasio-Cortez habitan las fronteras del marxismo, mientras que el senador Joe Manchin y la representante Abigail Spanberger a veces pueden confundirse con republicanos moderados.

En la Florida, la representante estatal Anna Eskamani es el avatar del progresismo, pero su fervor contrasta marcadamente con las voces más mesuradas y moderadas de los líderes del partido como la ex congresista Gwen Graham y la comisionada de Agricultura Nikki Fried. Las tres mujeres son posibles candidatas a gobernadora en 2022.

Es demasiado pronto para predecir el resultado de esta última metamorfosis del Partido Demócrata de la Florida, si producirá una coalición de Biden mejorada y ampliada liderada por una figura del establishment capaz, o será un partido de base más ideológicamente puro y organizativamente disciplinado liderado por defensores de la izquierda.

Pero los demócratas necesitan descubrir rápidamente quiénes serán sus abanderados a las posiciones importantes del estado.

Tratar de derrotar al gobernador Ron DeSantis y al senador Marco Rubio en 2022, demostrar su malversación y cobardía moral durante la presidencia de Trump será una disputa muy difícil, particularmente teniendo al mismo Trump residenciado en Mar-a-Lago, bronceado, descansado y listo para la batalla política.

Mac Stipanovich fue jefe de gabinete del ex gobernador de Florida, Bob Martínez, y un estratega republicano por mucho tiempo que actualmente está registrado sin afiliación partidaria.

Mac Stipanovich fue jefe de gabinete del ex gobernador de Florida, Bob Martínez, y un estratega republicano por mucho tiempo que actualmente está registrado sin afiliación partidaria.
Mac Stipanovich fue jefe de gabinete del ex gobernador de Florida, Bob Martínez, y un estratega republicano por mucho tiempo que actualmente está registrado sin afiliación partidaria.

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de diciembre de 2020, 8:06 p. m..

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA