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En el 20 aniversario de la restauración de los Everglades, aceleremos el paso | Opinión

The Everglades Foundation

Si en la historia reciente hubo algún momento que predijo nuestra división actual, ese momento fue hace 20 años.

La reñida elección presidencial entre George W. Bush y Al Gore aún no se había resuelto, y dependía de los 25 votos del Colegio Electoral que la Florida tenía en aquel momento. Por primera vez en nuestra historia, la presidencia iba a ser decidida por un Tribunal Supremo muy dividido.

Sin embargo, a solo tres millas de distancia, en la Oficina Oval, el presidente Bill Clinton y el gobernador de la Florida, Jeb Bush, se reunieron con demócratas y republicanos y se dieron la mano tras la firma del Plan Integral para la Restauración de los Everglades, el mayor proyecto de restauración ambiental de la historia.

Alcanzar el consenso siempre es difícil, y el “CERP”, como se conoce el plan de restauración, fue el resultado de años de negociaciones complejas y cuidadosas.

El Congreso autorizó una revisión integral en 1992 para modificar el proyecto del Centro y el Sur de la Florida, el plan de control de inundaciones de 1948, que estaba envenenando los Everglades de Norteamérica, privándolos de agua, y amenazando el futuro del Sur de la Florida.

No había tiempo que perder. La vieja infraestructura de 1948 había sido diseñada por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos para 2 millones de personas, pero en en 2000, la población era de 6 millones y seguía creciendo. Entretanto, el precioso ecosistema de los Everglades corría un grave peligro y desaparecía rápidamente.

Más del 70% del histórico flujo de agua en dirección sur hacia los Everglades se había perdido y la mitad de los Everglades originales había desaparecido a causa de la agricultura y la urbanización. La población de aves zancudas había disminuido un 90%. Todo el ecosistema del Sur de la Florida estaba en peligro, desde el río Kissimmee hasta los Cayos de la Florida.

En la restauración de los Everglades participó un grupo numeroso y diverso, en el que cada uno de sus integrantes tenía un interés vital en alguna sección del plan que se trazaba. Después de años de difíciles negociaciones entre científicos e ingenieros, ambientalistas, agricultores, urbanizadores, propietarios de viviendas, el gobierno del estado y gobiernos locales y tribales, por fin se logró un consenso.

La asociación que emergió entre el gobierno de la Florida y el gobierno federal no tenía precedentes. El plan en sí mismo era tan extenso —y tan costoso— que pocos creían en realidad que se aprobaría. En su primera década, la restauración de los Everglades avanzó con numerosas interrupciones, y muchos pusieron en duda que el CERP lograra su misión.

En los últimos 10 años, hemos logrado un progreso considerable, demostrando que la restauración de los Everglades funciona y que la inversión vale la pena. Varios proyectos grandes del CERP ya se han iniciado o están a punto de terminarse, y la calidad del agua en los Everglades está mejorando.

No obstante, el agua que se necesita desesperadamente y que se debería almacenar y purificar se desvía cada año hacia las dos costas de la Florida, donde causa brotes de la tóxica alga verde-azulada. Los Everglades también están muy secos debido a los fuegos forestales que se producen en la temporada seca, y la Bahía de la Florida, al final del “Río de Hierba” (como fue bautizado por los indígenas los Everglades), sufre con frecuencia una falta de agua dulce.

El gobernador Ron DeSantis y la Legislatura de la Florida han dado prioridad a los Everglades, aumentando rápidamente la asignación del estado a los fondos para la restauración.

Ya es hora de que Washington iguale el compromiso de Tallahassee y de la Florida, con un fondo de $2.9 millones para la restauración de los Everglades en los próximos cuatro años, con lo que podríamos compensar el tiempo perdido en proyectos retrasados como el Reservorio Sur de los Everglades, que el estado comenzó este año.

El gobierno federal debe reconocer que restaurar los Everglades no es solamente un objetivo ambiental. Modernizar la anticuada infraestructura del agua que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos construyó y también tiene un impacto sobre la economía y la seguridad pública.

Como el suministro de agua para casi 9 millones de personas, los Everglades son vitales para la existencia del Sur de la Florida, por no mencionar su crecimiento. Además de garantizar el futuro suministro de agua de la región, restaurar el enorme ecosistema crea una necesitada resistencia frente al cambio climático en el Sur de la Florida; protege el hábitat de casi 2,000 especies de plantas y animales; fortalece nuestros sectores de bienes raíces, pesca recreativa, navegación de recreo y turismo; y crea 20,000 empleos en la región.

Cierto, hará falta un acto singular de voluntad política para que Washington se una a Tallahassee en la búsqueda de los objetivos que fijamos hace 20 años, pero el CERP ocurrió sobre todo porque personas de todos los segmentos de la sociedad, y con todo tipo de intereses rivales, se unieron y se comprometieron a alcanzar un objetivo superior.

Los Everglades de Norteamérica son un lugar especial, un tesoro nacional que es patrimonio de cada uno de nosotros. Fue nuestro amor colectivo por los Everglades lo que impulsó los miles de compromisos que contiene el CERP, y el que hizo que el Congreso lo aprobara con solo un voto en contra.

Lo hemos hecho antes. Debemos hacerlo de nuevo.

Eric Eikenberg es director ejecutivo (CEO) del Everglades Foundation.

Eric Eikenberg es director ejecutivo (CEO) del Everglades Foundation.
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