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Opinión

ALEJANDRO RÍOS: El rock y la libertad

Durante la más reciente ceremonia de ingreso de nuevos miembros al Hall de la Fama del Rock and Roll, la legendaria cantante Joan Jett, líder del grupo Blackhearts, volvió a recordar que el rock es una manifestación musical de la libertad.

El viernes de la semana pasada, mi esposa y yo estuvimos frente al esplendor de la libertad, en vivo, cuando la voz del presentador de un estupendo espectáculo anunció: “¡Damas y caballeros, los Rolling Stones!”, que dio entrada al épico Mick Jagger seduciendo al público con su singular lenguaje gestual, al compás de las notas de Jumping Jack Flash.

El memorable concierto de 19 canciones encadenadas durante poco más de dos horas, en un estadio de Orlando, fue para mí como montar una de esas montañas rusas de los cercanos parques de diversión.

Antes de acometer la segunda canción, Its Only Rock and Roll (But I Like it), el malicioso Jagger se permitió un chiste con Disney y nos confío que había amanecido con Cenicienta en la habitación del hotel.

La presentación forma parte de la gira Zip Code (Código Postal) que The Rolling Stones emprenden por 15 ciudades de los Estados Unidos y Canadá hasta el 15 de julio. A diferencia de la anterior, “50 & Counting”, de los años 2012-2013, realizada en anfiteatros bajo techo, esta los trae a estadios a cielo abierto, un formato que dominan a la perfección.

Jagger ha dicho en una entrevista reciente que no piensa en el retiro, mientras Keith Richards, la otra mitad del corazón de la agrupación, sustenta la misma idea de modo distinto: “Quiero ver cuán lejos pueden llegar los Stones”.

El testimonio soberano de este empecinamiento ocurre sobre el escenario, aunque Jagger es el único de los dos septuagenarios que puede mantenerse corriendo como saltimbanqui por los 150 metros de tablado y otros tantos de pasarela, mientras canta.

Ni Lisa Fischer, voz femenina del coro que apoya a los Stones –nacida en el año 1958–, con la cual hace el siempre estremecedor dúo Gimme Shelter, ni el propio Ronnie Woods, quien acaba de cumplir 68, pueden competir, en energía, con quien es aún hoy, luego de medio siglo de carrera, una de las mejores voces del género.

Este mes el grupo acaba de reeditar uno de sus álbumes clásicos, Sticky Fingers, con novedades como la versión de Brown Sugar donde figura Eric Clapton. La cubierta, diseñada por Andy Warhol, está entre las más provocativas porque incluye el primer plano de un jean con un zipper funcional en la portañuela. En cada uno de los conciertos de esta nueva gira, los Stones incluyen, al menos, dos canciones del álbum no muy frecuentes en las listas de otras presentaciones de los últimos años. En Orlando, interpretaron la melancólica Moonlight Mile y la enervante Bitch, con más brío que en la grabación original, de 1971.

47,000 personas, entre nostálgicos de décadas pasadas, que ya tienen esta música en su ADN, y nuevas generaciones incitadas por sus ancestros, se dieron cita en el recientemente renovado Citrus Bowl de Orlando para disfrutar esta experiencia, única en su clase. Los argentinos, rockeros latinoamericanos por antonomasia, lograron posar dos banderas nacionales sobre el escenario, que en algún momento los Stones enarbolaron.

Debe de haber habido otros cubanos tan libres como nosotros en el estadio, siempre felices de que la pesadilla represiva haya quedado atrás. Por eso cuando Mick Jagger preguntó cuántos miamenses se encontraban en el público, nosotros nos identificamos con fuerza y orgullo para luego seguir bailando con el ritmo contagioso de Honky Tonk Women.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de junio de 2015, 0:45 p. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: El rock y la libertad."

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