Debemos seguir revelando datos reales de COVID en Florida, no nos intimidarán | Opinión
Hace muchos meses acepté que ser denunciante y crítica de la mala gestión del COVID-19 por parte del gobernador de la Florida Ron DeSantis probablemente me costaría mi libertad.
Nunca esperé que la policía armada entrara a mi casa para tomar mi equipo y apuntar con armas a mis hijos.
La experiencia que mi familia y yo experimentamos después de la redada de la semana pasada se sintió como un “Déjà vu” de una situación similar que pasé en mayo, pero esta vez hubo un giro violento, parecido a una acción de la Gestapo.
El presunto delito: un mensaje enviado a través de una cuenta de correo electrónico de acceso público a los empleados del Departamento de Salud de Florida (DOH por sus siglas en inglés) instándolos a presentarse y hablar sobre lo que estaba sucediendo en nuestro estado.
Cuando el equipo de DeSantis y los funcionarios del DOH ordenaron mi despido en mayo, poco después de haber considerado hacer una denuncia sobre el secretismo y manipulación de datos por parte de los administradores de DOH, el estado me puso en el centro de la atención pública.
DeSantis me atacó frente al vicepresidente Mike Pence, permitió que su secretario de prensa difundiera declaraciones difamatorias sobre mí y trató de socavar mi experiencia, educación y logros.
Di un paso adelante, impulsada por la obligación moral de decir la verdad y advertir a la gente que el gobernador estaba mintiendo sobre la seguridad de reabrir el estado.
Desde entonces, he buscado brindarles a los floridanos la información y los recursos necesarios para tomar decisiones informadas sobre la pandemia del COVID-19 durante este fuerte período anti-ciencias en la historia de Estados Unidos.
Me concentré en los datos.
Trabajé con la Comisionada de Agricultura de Florida, Nikki Fried, participé en varias conferencias de datos y ciencia y publiqué el primer artículo de investigación importante sobre COVID-19 en las escuelas de EEUU. Incluso fui mencionada en la lista de la revista Forbes de “40 personalidades importantes menores de 40 años”, y fui reconocida por el sitio web de ciencias Elemental como una de “Los 50 Expertos en quien confiar durante la pandemia”.
Mis contactos en todo el gobierno estatal me mantuvieron al tanto de los intentos de DeSantis de ocultar y manipular información mientras trabajaba en varios proyectos de COVID-19. Esos contactos trabajaron como altos funcionarios en casi todas las agencias estatales involucradas con la respuesta al COVID-19.
Mi acceso y experiencia me convirtieron en una espina clavada en el costado del gobernador, pero simplemente una molestia, no una amenaza. O eso pensé.
Cuando comencé a mirar hacia un futuro después del COVID, no tenía idea de que la policía asaltaría mi casa con armas apuntando a mis hijos como represalia por el éxito y la plataforma que había elaborado cuidadosamente durante los seis meses previos. Confiscaron mi equipo y mi teléfono celular en un intento de encontrar disidentes en la administración estatal y cerrar mi infraestructura de datos e informes.
Mi sitio web se cayó por menos de un día. Conseguí una computadora nueva, volví a trabajar con The Covid Monitor y le dije a la gente que no iba a dar marcha atrás.
Pero las heridas emocionales de la redada y el mensaje que envió a los posibles denunciantes me preocupan.
Mientras estaba sentada en la sala viendo a la policía pasar por toda mi casa y salir con equipos valorados en miles de dólares, pagados en su totalidad con donaciones hechas a mi cuenta de GoFundMe, comencé a prepararme mentalmente para lo que sabía que vendría después.
Primero, una campaña de difamación. Declaraciones dudosas de la administración DeSantis afirmando que no tenía idea de lo que estaba pasando. Una rueda de prensa desquiciada que atacó mi carácter y mi salud mental (en un foro sobre cómo deshacerse de los estigmas sobre la salud mental, nada menos).
Atacar a científicos y denunciantes es tan estadounidense como el pastel de manzana. Cualquier argumento que alegue lo contrario es ingenuo.
Pero la negativa de la gente a ser silenciada es igualmente una característica de los estadounidenses. A todos los posibles denunciantes que estén considerando presentarse, pero que podrían estar asustados por la redada en mi casa:
Nunca permitan que el miedo a las represalias atempere su deseo de ser una persona buena y honesta.
Continuaré diciendo la verdad a los que están en el poder, brindando información crítica sobre el coronavirus y los problemas ambientales, y nunca permitiré que un hombre tan desprovisto de empatía y humanidad silencie mi voz.
Las historias de lo que sucedió dentro de la Florida durante esta pandemia se harán más conocidas con el tiempo. Las personas que han sido despedidas o obligadas a renunciar darán un paso al frente. Las revelaciones sobre la obstrucción del estado durante la respuesta a la pandemia cambiarán nuestra democracia para siempre.
Hasta entonces, estaré aquí, enfocándome en los datos.
Rebekah Jones es la ex Gerente de Ciencias de la Información Geográfica del Departamento de Salud de Florida. Es la fundadora de Florida COVID Action.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de diciembre de 2020, 3:21 p. m..