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Opinión

DORA AMADOR: La escandalosa escena laboral en EEUU

Es tan trágico, tan triste e injusto. Conozco personas que han trabajado por años en empresas siendo considerados buenos empleados, que cuando llega la hora de subir los salarios, su aumento es de $0.25 o menos. Eso es a los que están trabajando a tiempo completo –una bendición en estos tiempos–, es decir 40 horas a la semana. Su salario bruto, ya de por sí bajo, queda tasajeado por la creciente suma que tienen que pagar en impuestos, y por el seguro médico, un beneficio que se le prohíbe hoy a millones de trabajadores. La tendencia laboral dominada por los ejecutivos de las compañías que buscan “abaratar costos y aumentar ganancias”, es emplear a gente part-time para liberarse de pagar su cuota por el seguro médico, al que tendría derecho el empleado si fuera a tiempo completo. ¿Qué es esto? ¿En qué se ha transformado Estados Unidos? Me lo sigo preguntando, porque mientras más investigo más asco mezclado con ira y gran temor siento por un país al que quiero por ser mi segunda patria y a la que he visto ir cambiando hacia lo peor imaginable en cuestión de logros en el bien común de sus ciudadanos.

El tema de la desigualdad va cobrando mucho interés entre economistas, académicos y estudiosos del asunto por razones cada vez más visibles —para ellos—, pero totalmente ignoradas por la mayoría del pueblo, que es explotado sin que se dé cuenta, porque está mentalmente dominado por la poderosa industria de la publicidad, y la sofisticada táctica que usa una élite que no llega al 10% de la población, pero que posee el 75% de la riqueza de la nación.

Un estudio hecho público esta semana por el Harvard Business School revela que la brecha entre los CEO (presidentes ejecutivos) y los empleados de sus empresas es mucho más grande que lo que se tenía pensado: reciben más de 350 veces lo que gana el trabajador promedio. Para mayor escándalo, esta brecha es la mayor entre los 16 países que los investigadores de Harvard utilizaron para medir la desigualdad salarial.

Por ejemplo, el CEO promedio de Fortune 500 gana más de $12 millones al año, que es casi $5 millones más de lo que reciben anualmente los mejores CEO en Suiza y más del doble de los de Alemania. Suiza y Alemania ocupan el segundo y tercer lugar respectivamente, en cuanto a lo que ganan sus mejores ejecutivos, ocupando el primer lugar, por supuesto Estados Unidos, donde todo límite a la codicia y la ambición se ha perdido.

A un trabajador típico de un McDonald’s o un Starbucks le toma más de seis meses ganar lo que los CEO de esas compañías ganan en una sola hora. Según un reportaje publicado el martes en el diario británico The Guardian, la crisis del trabajo part time ha llegado a su límite humanamente hablando. En agosto había 3.4 millones de personas que tenían que trabajar part-time en dos o tres lugares distintos para poder sobrevivir. Empresas como McDonald’s, Burger King, Starbucks y Dunkin Donuts, utilizan ahora la miserable táctica de castigar al empleado que se niegue a trabajar los turnos que le manden, cortándole las horas en las próximas semanas; de esa forma “aprende” a obedecer sin chistar. Según The Guardian, las supermillonarias empresas utilizan esta táctica modelo de cortar horas y no emplear full time a nadie, pero no solo eso: dan a entender en su publicidad y otros medios de convencimiento tenaz oligárquico que sus empleados son estudiantes que buscan algún cash extra, pero no es verdad, la mayoría no son estudiantes y pasan de los 25 años.

Pongamos otro ejemplo: En J.C. Penney, el promedio de pago entre su CEO y los empleados fue de 1,795 a 1. Es ni más ni menos lo que ganó Ron Johnson, $53 millones al año, más $50 millones en inversiones, hasta que lo botaron en el 2013 por el desastroso trabajo que realizó.

Aunque ya había insistido en el aumento del salaro mínimo en diferentes oportunidades, fue oficialmente en el discurso del Estado de la Unión de enero del 2014, que el presidente Barack Obama pidió al Congreso aumentar el salario mínimo nacional de $7.25 a $10.10 por hora. Y en agosto pasado firmó una orden ejecutiva para informar a la nación cómo se había adelantado en este terreno. Los republicanos, que jamás se han opuesto a un presidente con tanta alevosía como a éste, ni bloqueado tantos proyectos como los que Obama ha propuesto, se niegan de nuevo rotundamente a aumentar el salario mínimo. No obstante el presidente dio luz verde a los estados, condados y ciudades para hacerlo si así lo deseaban. Y en efecto, ya 13 estados, y Washington, D.C. lo han hecho, algunas grandes empresas también.

El salario mínimo en la Florida es $7.93. El gobernador republicano multimillonario, Rick Scott, que tampoco permitió que se elevara el nivel de pobreza para expandir el Medicaid, se niega a aumentar el salario mínimo. Lo que sí aumenta por día es su mentirosa campaña de anuncios para ganar en las elecciones.

Palabracubana.org

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de octubre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "DORA AMADOR: La escandalosa escena laboral en EEUU."

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